Disección de un caballo, grabado del Cours d´Hippiatrique, ou traité complet de la médicine des chevaux, Philippe-Étienne Lafosse, París 1.772

miércoles, 30 de junio de 2010

Civilización. I





Ali Kosh es un yacimiento arqueológico del Neolítico localizado en el sur de Irán, en los Montes Zagros, a unos 150 m de altitud, en la provincia de Juzistán, fronteriza con Irak. La palabra "Zagros" posiblemente deriva del antiguo griego "zagreo", "tormentoso". Hacia 7.950 a.n.e., se inicia la ocupación de la zona en una agrupación de casas pequeñas, rectangulares, de varias habitaciones y hechas de tapial. Desarrollan una economía básica sustentada en el consumo de ovejas, cabras, caza y recolección de plantas silvestres. Entre 6.900-6.300 a.n.e., con casas más amplias, se constata el enterramiento de los difuntos bajo el suelo de las casas, en ocasiones con algunos adornos como ajuar. También se encuentran algunos cráneos deformados por el uso de vendajes en vida, posiblemente como señal del status diferente de los portadores. La economía muestra una base agrícola más intensa apoyada en la pesca. De 6.150 a 5.790 a.n.e., las casas son de piedra y se establece una necrópolis en el entorno de la población. El instrumental se compone de industria lítica laminar de sílex (pero escasa obsidiana), recipientes de piedra pulimentada, molinos de mano, morteros y trabajos de cestería (en ocasiones forradas con brea). En este periodo aparece la cerámica que se utiliza para la creación de vasos decorados y figurillas humanas y animales. Se confirma cierta presencia de materias importadas de otras zonas (cobre, turquesa, etc.) colocando esta cultura al nivel de otras coetáneas en Oriente Próximo. La economía introduce el traslado de los rebaños en verano a las zonas de pasto en las montañas.

Otra cultura, Jarmo, en el actual Kurdistán Iraquí, cuyos primeros restos pertenecen al 6.500 a.n.e., comenzó siendo un pequeño poblado que a base de sucesivas reconstrucciones sobre el mismo lugar se fue elevando artificialmente. Se datan unos 16 niveles de ocupación, con alrededor de 20 casas pareadas de bases de rocas rectangulares, paredes de tapial y techo de juncos. En Jarmo se comprueba el alto desarrollo de la agricultura: trigo, cebada, guisantes, lentejas, etc., a pesar de ser una área no regable; y de la ganadería: cabras, ovejas, perros. La industria lítica era muy floreciente; trataban la obsidiana. También se han encontrado estatuillas zoomorfas. Los enterramientos se hacían fuera del poblado.

Hajji Firuz Tepe se trata de un asentamiento del Neolítico ubicado también en los Montes Zagros (Irán). Es, a la vista de muchos historiadores, uno de los primeros lugares donde consta se elaboró vino procedente de la uva (vitis vinífera) por primera vez en la historia de la humanidad. Se sabe por la determinación de ácido tartárico en analíticas realizadas en las trazas encontradas en recipientes de alfarería.

Vemos pues que en las estribaciones de estos montes se desarrollaron unas culturas agrícolas y un floreciente comercio durante varios milenios, hacia el 4.000 a.n.e., elementos de estas áreas se infiltraron en la baja Mesopotamia por razones todavía desconocidas. Con la invasión del 4.000 a.n.e., la baja Mesopotamia pasó por varios siglos de desorden y decadencia, pero los invasores terminaron por asimilar la cultura de la región que habían conquistado y se esforzaron por alcanzar el nivel de vida anterior. Surgió así una nueva civilización, conocida como Sumer. Los sumerios dominaron la Baja Mesopotamia durante todo el cuarto milenio y se vieron obligados a defenderla de las incursiones de los pueblos vecinos, que la hostigaban como ellos la habían hostigado durante el milenio anterior.

Los propios sumerios se dieron el nombre de los “cabezas negras” (sag-gig-ga) - (quizás cabellos negros, ó teñidos con betún) - pero la Antropología no ha podido establecer su etnia, acerca de su origen geográfico (ellos se consideraban originarios de Melukhkha, la tierra negra) se han argumentado prácticamente los cuatro puntos cardinales, además de la propia autóctona, últimamente la teoría más aceptada es que eran autóctonos y estuvieron presentes en Mesopotamia desde el Paleolítico superior o el Neolítico y su civilización es el resultado de la mezcla de elementos autóctonos y foráneos. La palabra del acadio “Shumer” puede representar este nombre en el dialecto, pero se desconoce por qué los Acadios llamaron Shumeru a las tierras del sur. Algunas palabras como la bíblica Shinar, la egipcia Sngr, o la Hitita Šanhar(a) pueden haber sido variantes de Shumer. El elemento étnico sumerio fue numéricamente superior en la zona sureña (Sumer), mientras que más al norte (Akkad), lo fue el elemento semítico, tribus nómadas que habían emigrado desde zonas esteparias de occidente y el desierto arábigo, que de modo continuo durante muchos siglos se habían infiltrado en Mesopotamia, atraídos por las regiones ya colonizadas.

A los sumerios se les atribuyen dos avances tecnológicos que hicieron posible combinar la ligereza con una fuerte resistencia en todos los objetos de arcilla: la armazón y la cocción. Los arquitectos modernos han descubierto que se puede hacer hormigón armado, un material de construcción sumamente fuerte, echando cemento en moldes con un entramado interior de varillas de hierro; pero hace mucho que los sumerios fueron capaces de dar a sus ladrillos una gran fortaleza mezclando la arcilla húmeda con trozos de carrizo o paja. También sabían que a los objetos de arcilla se les podía dar resistencia y durabilidad cociéndolos en el horno. Fue gracias a estos avances tecnológicos que se hizo posible la construcción de los primeros edificios y arcadas del mundo, así como la elaboración de la primera cerámica duradera.

La invención del horno -un lugar donde conseguir unas temperaturas intensas pero controladas, sin correr el riesgo de que los productos se llenen de polvo o cenizas- hizo posible un avance tecnológico aún mayor: metalurgia industrial. En la antigüedad, gran parte del comercio se dedicaba al comercio de metales, y también se formó a partir de aquí la base para el desarrollo en Mesopotamia de la banca y de la primera moneda -el shekel (“lingote pesado”) de plata.

Del nivel que alcanzó la metalurgia en la antigua Mesopotamia nos hablan las muchas variedades de metales y aleaciones para los cuales se han encontrado nombres sumerios y acadios, así como su amplia terminología tecnológica. Esto desconcertó durante cierto tiempo a los estudiosos, ya que Sumer, en su territorio, carecía de minerales metalíferos; y, sin embargo, la mayor parte de la metalurgia comenzó indudablemente aquí. La respuesta se encuentra en la energía. No se puede fundir, refinar y alear sin un abundante suministro de combustibles para alimentar hornos y crisoles. En Mesopotamia no había menas, pero había combustible en abundancia, de modo que el mineral metalífero fue llevado hasta los combustibles, lo cual explicaría muchas de las más antiguas inscripciones en las que se describe el transporte del mineral desde muy lejos.

Los combustibles que le dieron a Sumer la supremacía tecnológica fueron betunes y asfaltos, productos del petróleo que se filtraban de forma natural hasta la superficie en muchos lugares, los depósitos de superficie de Mesopotamia fueron las principales fuentes de combustible del mundo antiguo, desde los tiempos más primitivos hasta la época de Roma, y concluye que el uso tecnológico de estos productos del petróleo comenzó en Sumer alrededor del 3.500 a.n.e. de hecho, dice que la utilización y el conocimiento de los combustibles y de sus propiedades fueron mayores en tiempos de los sumerios que en las civilizaciones que les siguieron.

Tan amplio fue el uso de los productos del petróleo entre los sumerios -no sólo como combustibles, sino, también, como materiales para la construcción de caminos, para impermeabilizar, calafatear, pintar, cimentar, moldear, que cuando los arqueólogos buscaban a la antigua Ur, la encontraron enterrada en un montículo que los árabes de la zona daban en llamar el “Montículo del Betún”. La lengua sumeria tiene términos para cada género y variante de las sustancias bituminosas encontradas en Mesopotamia. De hecho, los nombres de los materiales bituminosos y petrolíferos en otras lenguas -acadio, hebreo, egipcio, copto, griego, latín y sánscrito- remontan su origen hasta el sumerio; por ejemplo, el nombre más común del petróleo -naphta, nafta- se deriva de napatu (“piedras que arden”).

La utilización de los productos del petróleo por parte de los sumerios fue también fundamental para el desarrollo de la química. No sólo podemos valorar el alto nivel de los conocimientos de los sumerios por la variedad de pinturas y pigmentos, y por procesos tales como el vidriado, sino también por la notoria producción artificial de piedras semipreciosas, entre las que se incluye un sustitutivo del lapislázuli. También se utilizaron betunes en la medicina sumeria, otro campo donde los niveles también fueron impresionantemente altos. En centenares de textos acadios encontrados se emplean en gran medida frases y términos médicos sumerios, indicando con ello el origen sumerio de toda la medicina mesopotámica.

Naturalmente, los sumerios trajeron consigo sus propios dioses, que pronto se combinaron con los de los pueblos conquistados. El panteón resultante tenía tres dioses destacados: Anu era el dios del cielo, y tenía su santuario más importante en la ciudad de Uruk, Enlil era el dios de la tierra y su santuario principal estaba en Nippur, mientras que Enki era el dios de los ríos y era especialmente adorado en Eridu. Probablemente los dos últimos eran dioses previos a la invasión, pues la tierra y los ríos son preocupaciones típicas de los agricultores, mientras que Anu sería el dios principal que trajeron los sumerios, un dios de pastores. Por supuesto, cada ciudad adoraba también a otros dioses menores.

Su panteón divino estaba encabezado por Anu, “estrella”, cuyo signo era inicialmente una línea vertical cruzada por varias en horizontal y diagonal Para los sumerios, que observaban el cielo y conocían los ciclos de los eclipses lunares, sus dioses estaban allá arriba y eran las mismas estrellas. Diferenciaban aquellos menores, los “igigi” o “vigilantes” que eran las estrellas de fondo, de los que se movían de forma distinta por la eclíptica (planetas) Habían dividido el firmamento en tres caminos. El inferior que llegaba hasta el suelo era dominio de Enki, de ahí que fuese el señor de la tierra. Como desde algunos lugares no se veía más que mar, los acadios lo llamaron E.A (“El que tiene su casa en el agua”). El camino central, por su parte, era el dominio del mismo Anu. El superior, de Enlil, de ahí que fuese considerado el señor del aire o quizá más concretamente “de las alturas”.

Aquellas gentes probablemente habían cavado en la tierra unos metros y encontrado agua. Los sumerios creían que la tierra era un gran disco flotando en el mar, llamaron a ese mar Nammu y pensaban que había estado desde siempre en el tiempo. Creían que Nammu había creado los peces que veían y los pájaros, cerdos salvajes y otras criaturas que aparecieron en las tierras pantanosas y húmedas. Según ellos, Nammu había creado el cielo y la tierra: El cielo se había separado de la tierra, dando nacimiento al dios masculino Anu y la tierra, una diosa llamada Ki. Creían que Ki y An habían procreado un hijo llamado Enlil, que era la atmósfera, el viento y la tormenta. Creían que Enlil separó el día de la noche y que había abierto una concha invisible dejando caer agua desde el cielo. Creían que, junto con Anu y Ki, Enlil sentó las bases de la creación de las plantas, los humanos y otras criaturas, que hacía germinar las semillas y que había dado forma a la humanidad a partir de la arcilla, impregnándola.

Como cabía imaginar, el dios más importante resultó ser Anu. Esto queda reflejado en el mito de la creación: al principio de los tiempos, el mundo era un caos dominado por Tiamat, diosa del mar (el mar era signo de caos y destrucción para un pueblo que no tenía ningún conocimiento de navegación). Fue Anu quien la derrotó y con su cuerpo creo el Universo. Esta victoria era la que le otorgaba la preeminencia sobre los otros dioses.

La forma habitual que tienen los pastores de contentar a sus dioses celestes es quemar animales sacrificados, haciéndoles llegar así el agradable humo perfumado. Tal vez los sumerios sintieron que al mudarse de las montañas al valle se habían alejado de sus dioses, por lo que solían escoger lugares elevados para hacer sus sacrificios y erigir sus templos. No obstante, las principales capitales sumerias estaban en lugares bajos, de modo que se originó la costumbre de crear grandes plataformas elevadas sobre las cuales realizar los sacrificios, para que éstos pudieran ser mejor contemplados por los dioses. Con el tiempo se fueron construyendo plataformas menores sobre otras mayores y así en el último cuarto del milenio los sumerios llegaron a construir imponentes pirámides escalonadas llamadas Zigurats. Hoy en día no se conserva ninguno íntegro debido a que estaban hechos de ladrillos de barro. La religión sumeria fue sofisticándose en concordancia con su nueva cultura agrícola, pero nunca perdió su orientación hacia el cielo.

lunes, 28 de junio de 2010

Metalurgia




Hubo una época, relativamente recientemente comparada con la historia humana, en la que el hombre lo ignoraba todo sobre el metal, había molido algunos minerales coloreados, como la malaquita verde-esmeralda, la azurita (ambos minerales de cobre) y la hematites amarillenta, utilizados como pigmento para pintar su casa y su cuerpo o para decorar cuevas y paredes, actualmente sabemos que el calor intenso transforma la malaquita en cobre y que la hematites es uno de los principales minerales de hierro, pero, durante siglos, el hombre únicamente explotó esos minerales por motivos decorativos. Este es el caso del ocre, palabra genérica que designa diferentes óxidos de hierro, del que se verifica su utilización desde hace 300.000 años, sabemos también de temprano tratamiento térmico ligero de éstos elementos para acentuar su color.

Los metales entraron en la vida humana por la puerta de atrás, la creación de adornos de cobre y hierro precede a su utilización en cuanto a armas, de la misma manera que las figuras de arcilla cocida preceden a los cuencos de uso doméstico, la primera motivación creadora parece ser una experiencia artística. Generalmente el metal fue, en un principio, trabajado en frío por martillado, con la ayuda de un martillo de piedra sobre un yunque también de piedra, los arqueólogos no pueden ni siquiera asegurar que los lugares donde se encuentran los artefactos más antiguos coinciden con los de su fabricación. Los metales pronto llegaron a ser intrigantes y tan valiosos que se convirtieron en artículos de cambio y viajaron ampliamente.

La roca base contiene vetas de cobre puro y minerales cupríferos, a lo largo de las eras geológicas, las vetas que se encontraban cerca de la superficie quedaron gradualmente expuestas a la acción de los elementos. Durante miles de años, estos bloques, hojas y arborizaciones de metal fueron las únicas formas de cobre que el hombre conoció. La ductilidad y maleabilidad del metal, además de su tendencia a brillar cuando el martillo elimina la oxidación superficial, convencieron al tallador de piedras de que realmente había topado con una piedra especial, a todo lo largo del Próximo Oriente y Asia Occidental, desde Anatolia hasta Afganistán y del río Indo hasta Pakistán, los arqueólogos han exhumando artefactos del hombre prehistórico, y entre ellos se encuentran objetos de cobre martillado. Las primeras evidencias están en Tell Sialk (Irán) y Chayonu (Anatolia), en la transición entre los milenios VIII y VII a.n.e. Las técnicas de modelado consistían aún en el martillado, aunque, según parece, en algunos casos se daban cuenta de que el calor lo ablandaba y facilitaba el martillado, en Susa en el V mileno a.n.e., y en los Balcanes en la misma época, sin embargo, cuando hacía el 4.000 a.n.e., se descubrió que el cobre podía ser extraído de sus minerales mediante fundición y, por tanto, ser utilizado en mayor escala, el metal salió de su condición de bisutería y se le dio una mayor utilidad.

Los fuegos de cocina raramente alcanzan un calor suficiente como para separar el cobre de sus minerales, y el cobre extraído sólo podía fundir bajo extraordinarias circunstancias, la temperatura normal de un fuego de cocina se sitúa entre 590ºC y 700ºC, algo menor que los 700ºC a 800ºC mínimos precisos para la fusión del metal, incluso si la temperatura llegara a 800ºC, el cobre producido sería esponjoso, frágil e inutilizable, se necesita una temperatura de 1.090ºC para licuarlo de un modo apropiado. Animado por un fuerte viento, la temperatura del hogar podía elevarse sobre los 800ºC, pero en la compleja acción química que se produce cuando los minerales de cobre desprenden su metal, uno de los requisitos más importantes es una atmósfera carente de oxígeno, lo que los metalúrgicos llaman una “atmósfera reductora”.

Si el fuego de cocina no proporciona la apropiada atmósfera reductora, ¿cómo se descubrió pues la fundición?, Es mejor suponer que tal descubrimiento ocurrió por accidente en un horno de cerámica, los antiguos ceramistas pudieron tener ocasión de utilizar óxidos de cobre pulverizados (malaquita, ya usada en abalorios) para teñir sus cerámicas de azul, un ceramista que encontrara restos de cobre en su horno se habría preguntado varias cosas. En otra etapa, el ceramista habría colocado mineral en su horno en vez de cuencos teñidos, él y otros como él continuaron experimentando y aprendiendo, el plomo es el único metal relativamente común que se derrite a una temperatura relativamente baja (330ºC), lo más seguro es que los aprendices de metaleros supusieran que lo que funcionaba con la galena podría aplicarse también a la malaquita, en este lento y largo proceso el horno de cerámica dio paso a hornos más elaborados capaces de mayores temperaturas, hacia el 3.200 a.n.e., el cobre se extraía del mineral en un horno cerrado y, frecuentemente, el combustible y el mineral ocupaban compartimentos separados, el diseño básico es el precursor de un tipo de horno en extremo eficaz y en uso todavía actualmente, no sólo funde el mineral sino que produce temperaturas lo suficientemente elevadas como para fundir la masa de cobre resultante.

El combustible utilizado por el ceramista, ordinariamente maderas, fue finalmente reemplazado por carbón de leña mucho más eficaz, un sistema de ventilación apropiado permite elevar considerablemente la temperatura, cuanto más potente sea la ventilación, más caliente es el fuego, a fin de aprovechar los vientos dominantes, los metalistas construían sus fuegos en las laderas montañosas más expuesta y dirigían los vientos hacia la base de sus fuegos por medio de canales. Posteriormente los ceramistas fueron de nuevo en ayuda de los metalistas proporcionando arcillas que, bajo elevadas temperaturas, no fundían junto con el metal, con esta arcilla resistente al calor podían construirse toberas, las cerbatanas del fabricante de metal utilizadas para avivar las llamas, mas tarde aún, con la invención del fuelle, los metalistas podían elevar las temperaturas de sus fuegos hasta los 1.650ºC.

Además de fundir el cobre, los antiguos metalistas del Próximo Oriente habían aprendido a verter en moldes de metal fundido. El bronce es un metal más fuerte que el cobre y su aplicación es mucho más amplia, tradicionalmente, la mayoría de los bronces son una aleación de cobre y estaño, el contenido de estaño varía desde el 3% como mínimo hasta el 25% del llamado metal campanil, en los tiempos prehistóricos, los primeros bronces estaban hechos de cobre y arsénico, lo que sin duda explica como fue descubierta la aleación de los metales.

Dos importantes fenómenos metalúrgicos subrayan esta evolución, en primer lugar, el cobre puro no funde bien en moldes, tiende a formar burbujas que alteran el resultado final, en segundo lugar, no existe el mineral de cobre puro, todos contienen, en mayor o menor proporción, restos de otros elementos, las impurezas más comunes son el hierro, el arsénico, el antimonio, el plomo, el níquel y el bismuto, y cada uno de estos metales produce cobre de mejor o peor calidad, una ínfima cantidad de bismuto es suficiente para que el cobre se haga quebradizo, mientras que grandes cantidades de plomo lo hacen blando, por otra parte, la presencia de arsénico en el mineral de cobre reduce la absorción de gases que provoca la porosidad del molde de cobre, lo que asegura un producto mejor.

La aleación más frecuente utilizada era la compuesta de cobre y arsénico, no sólo por su superioridad, sino también a causa de la abundancia de minerales de cobre arsenicado en todo o el Próximo Oriente, de hecho, cuando los metalistas del Oriente Próximo se dieron cuenta del valor específico del estaño, se encontraron en una situación delicada: El estaño era muy poco frecuente en sus lares. La toxicidad de los gases emitidos por los minerales de cobre arsenicado durante el proceso de fundición debió acortar la vida de más de un metalista, en consecuencia, quizás los artículos mismos llegaron a ser sospechosos. Los bronces de estaño reemplazaron a los bronces arsenicados también por varias razones prácticas, por una parte, la cantidad de arsénico en los minerales de cobre varía enormemente, como esta diferencia no se hace visible en el mineral, tuvo que crear problemas a los primeros metalistas, por otra parte, las ventajas de la aleación de cobre y arsénico sobre los minerales de cobre relativamente puros debieron de estimular a los artífices del metal para experimentar con la adicción de diversos elementos, finalmente, uno de estos elementos, el estaño, reveló sus excelentes cualidades.

Tras la publicación de unos textos químicos asirios se adelantó la hipótesis de la existencia de una alquimia babilónica, se apoyaban para ello en el término Ku-bu (feto, embrión) que entendían como aplicado a los minerales dispuestos en el horno. En los textos metalúrgicos, ku-bu puede así designar los minerales, la materia primera, “embrionaria”, que será “formada” en los hornos, entonces el horno era conceptuado como una matriz que sustituía a la Madre Tierra, y en la cual los minerales concluían su proceso de maduración, los sacrificios verificados con tal ocasión serían, por tanto, comparables a los sacrificios obstétricos. La otra interpretación (si ku-bu se referiría a embriones humanos) encuentra, así mismo, confirmaciones en rituales metalúrgicos primitivos, el hechicero provocaba un aborto a fin de obtener mediante el feto, éxito en la fusión del metal, tal comportamiento implica también la asimilación mágica de los minerales a los embriones, porque este rito cruel no puede tener más que dos “justificaciones” teóricas: 1) el feto transfiere su reserva intacta de vida a la operación metalúrgica para garantizar su buen éxito, 2) precipita el “nacimiento” del metal en los hornos.

El alquimista, como el herrero, y antes que ellos el metalero y el alfarero, es un “señor del fuego”, pues mediante el fuego es como se opera el paso de una sustancia a otra. El primer alfarero que consiguió, gracias a las brasas, endurecer considerablemente las “formas” que había dado a la arcilla debió sentir la embriaguez del demiurgo: Acababa de descubrir un agente de transmutación, lo que el calor “natural”, el del sol ó el del “vientre” de la tierra, hacía “madurar lentamente”, lo hacía el fuego en un “tempo” insospechado. Esta es la razón por la cual las culturas más arcaicas imaginan al especialista de lo sagrado, el chaman, el hombre-medicina, como a un “señor del fuego”, la magia primitiva y el chamanismo implica el “dominio del fuego”, bien que el chaman pudiere tocar impunemente las brasas, bien que pudiese producir en su propio cuerpo un “calor interior” que le hiciese “ardiente”, “abrasador”, permitiéndole de este modo resistir un frío extremo. También los herreros, como los chamanes, son considerados “señores del fuego”, en algunos regímenes culturales el forjador es considerado como igual, sino superior, al chaman, “herreros y chamanes vienen del mismo nido”, “el primer herrero, el primer chaman y el primer alfarero eran hermanos de sangre”.

Hemos visto que los orígenes comunes de la sacralidad de los chamanes y los forjadores se prueban por su “dominio del fuego”, traducido en términos teóricos, este “dominio” significa la obtención de un estado superior a la condición humana, y, lo que es más, el herrero crea las armas de los héroes, no se trata solamente de su “fabricación” material, sino de la “magia” de que están investidas, es el arte misterioso del forjador el que las transforma en armas mágicas, de aquí las relaciones, atestiguadas en las epopeyas, que existen entre héroes y herreros, tengamos en cuenta este conjunto de solidaridades: “dueños del fuego”, chamanes, herreros y reyes míticos (fundadores de dinastías).

En el milenio V a.n.e., encontramos objetos metálicos que alcanzan su significación en contextos metalúrgicos plenos y, a finales del milenio y principios del siguiente encontramos en el actual Irán centros especializados en la producción del cobre. Al después, al sureste de Europa el área balcánica entra en el Calcolítico pleno, anteriormente la cultura de Gumelnitza presenta hachas metálicas fundidas en molde abierto y con agujero de enmangue. A estas culturas se asocian explotaciones mineras de gran importancia como las de Ai Bunar, consisten en trincheras excavadas a cielo abierto, de entre 10 y 80 metros de longitud y entre 2 y 20 metros de profundidad. También es importante la explotación de Rudna Glava, algo posterior, de la que conocemos el método utilizado: mediante hogueras se calentaba la superficie a explotar, que así se calentaba, rociándola con agua se conseguía un enfriado brusco que agrietaba la roca, en estas grietas se introducían picos de asta de ciervo con los que se desgajaban bloques de mineral, que después se desmenuzaban con martillos de piedra y morteros.

Otro foco a tener en cuenta en relación con el Calcolítico se sitúa al sur de la península Ibérica a partir del milenio III a.n.e., normalmente asociado a la cultura de los Millares, aunque hoy se considera más extendido geográficamente.

Por último debemos señalar la dificultad existente a la hora de establecer secuencias típicas en el desarrollo de la metalurgia, en principio serían las siguientes:

· Utilización del cobre nativo (también oro, plata, platino, e incluso hierro)

· Martilleo en frío

· Calentamiento del metal nativo

· Fusión del cobre a partir del mineral

· Colado del cobre en molde abierto

· Molde de núcleo y uso de molde de los piezas

· Aleación con arsénico o con estaño

· Moldeo mediante la técnica de la cera perdida.

Para algunos autores este tipo de modelos de desarrollo es criticable en la medida que no se pueden aplicara algunos casos, con la metalurgia en América, o la de África Ecuatorial, donde se conoció el hierro ya en el siglo IV a.n.e., antes que los demás metales.

miércoles, 23 de junio de 2010

Culturas megalíticas







Pocos fenómenos históricos han desempeñado tan importante papel como el que, a lo largo de siglos de historia en Europa, han ostentado los monumentos megalíticos. La amplitud que implica seguir la concepción puramente etimológica del término podría extenderse a una escala prácticamente universal, ya que todos tienen ejemplos de culturas que a lo largo de la historia construyeron grandes monumentos de piedra.

La cronología más aceptada sitúa el marco temporal de estas grandes realizaciones entre el 4.800 y el 1.200 a.n.e., pero las dataciones con radiocarbono realizadas en los objetos que contenían algunos monumentos irlandeses dieron como resultado fechas cercanas al 5.400 a.n.e., en el norte de África, algunos conjuntos englobados dentro del megalitismo tienen dataciones que rozan el límite del 6.000 a.n.e. Las teorías con respecto a su origen, sus causas o motivaciones más profundas proliferaron, aunque han mantenido una serie de puntos comunes. Quedando claro que los monumentos megalíticos son obra de culturas y sociedades de momentos e ideologías distintas, las explicaciones que más peso han tenido y siguen teniendo son las del cambio social y económico en las sociedades neolíticas.

Se tiende a considerar que el motor de estas nuevas prácticas de construcción monumental se encuentra en el contexto de las relaciones sociales y el sistema económico. Se ha hallado restos del enterramiento de un grupo de 19 mujeres, de entre 20 y 30 años, junto a alguien lleno de poder, de unos 40 años, en las excavaciones de un dolmen en la península ibérica. 19 mujeres y tres hombres murieron voluntariamente (o los mataron, indicios apuntan a que no los mataron de forma violenta) en honor de alguien lleno de poder.

Las últimas dataciones retrotraen a momentos de un neolítico muy inicial, si no a un contexto todavía anterior a la agricultura y la ganadería, en estos casos, al menos, es imposible entender la producción de grandes estructuras en el paisaje, como consecuencia de la jerarquización nacida a partir de un estilo de vida puramente agrícola. Las explicaciones socioeconómicas tampoco responden al conjunto de todas las realidades que se engloban dentro del amplísimo fenómeno megalítico. La competencia por los recursos no parece un acontecimiento generalizado en todas las zonas donde aparecen los megalitos, y aunque para subsanar esto se suele recurrir a la hipótesis del aumento demográfico, no se tienen datos que respalden dichas teorías en los casos particulares en que éstas han sido propuestas.

Pocos temas han sido tan discutidos como el relacionado con el papel de Malta en la prehistoria del Mediterráneo, en el centro de este debate están los templos megalíticos, asombrosas construcciones, datadas entre el IV y el III milenio a.n.e., cuyos vestigios se extienden por las islas de Malta y de Gozo. Las preguntas que los arqueólogos no han respondido definitivamente son: ¿Cómo unas sociedades que ignoran el urbanismo y la escritura han podido desembocar en semejantes realizaciones arquitectónicas? Desde el punto de vista técnico, palancas, cordajes y cuñas fueron las únicas herramientas que dispusieron los constructores de megalitos, escofinas, mazos y punzones de piedra fueron los únicos instrumentos utilizados. Por encima de los materiales hay que pensar en una particular organización social capaz de iniciar el proceso.

Hasta la fase Red Skorba, Malta estuvo confinada en una estructura poco “progresiva” de pastores y agricultores, pero en la fase Zebbug, hacia el 4.000 a.n.e., la aparición de tumbas colectivas indica una sociedad en evolución. Las excavaciones de grandes osarios descubren una nueva organización social, sin duda relacionada con una brusca alza demográfica, el primer paso esta dado: en adelante se podrá disponer de mano de obra abundante, para regular esta situación deben intervenir nuevas estructuras sociales, como consecuencia, la jerarquización se acentúa, la diversificación social también. Un nuevo cuerpo se constituye, el de los sacerdotes, cuyas obligaciones no serán materiales sino espirituales, ¿Qué significará el poder de esta clase en la Malta prehistórica?, los templos están ahí, con su gran atrio para reunir a los fieles, sus imponentes estructuras, sus múltiples arreglos, para traducir cómo un pueblo canalizó su energía hacia la construcción de grandes obras públicas.

Los templos son la expresión de comunidades diferenciadas, a la manera de las circunscripciones polinesias, que construyen monumentos prestigiosos para distinguirse de los grupos vecinos y afirmar su identidad. El templo es la capital religiosa, es el símbolo de la apropiación del espacio, ¿sólo fue lugar de culto?, el templo, aún teniendo en cuenta sus prerrogativas relativas al culto, parece que también llegó a ser palacio. Debía ser a la vez centro de la vida espiritual y material, quizá fue también, como algunos han avanzado, un mercado, un lugar de cambio donde los sacerdotes redistribuirían a su manera las riquezas acumuladas de las donaciones de los fieles, del comercio y de la guerra.

No deben confundirse con tumbas megalíticas recubiertas de túmulo, cuyo origen es aborigen portugués o bretón, las tumbas de fosa en forma de túmulo o “kurgán” de la Cultura Jamna, las gentes de esta cultura aparecen hacia el 3.500 a .n.e. al este del Volga y por todo el Turquestán, instalan sus pueblos en alturas, fortificándolos a menudo, su economía es mayormente agropecuaria. Como henos visto, entierran a sus difuntos bajo túmulos o kurganes que, a veces están rodeados de lajas de piedra, en posición flexionada sobre la espalda espolvoreando os cadáveres con ocre o con yeso y acompañándolos de ofrendas de carne y vasos, cada túmulo contiene varios enterramientos, lo que les daría carácter de mausoleos familiares. Es también característica de estos pueblos la colocación de grandes estelas de piedra en el interior o exterior de los túmulos.

Coincidiendo con la aparición de los indoeuropeos al este del Volga, al oeste de este río se producen considerables transformaciones, esta nueva cultura (Serdny-Stog) apunta a una continuidad del sustrato aborigen de Dniepr-Don, tiene una mayor importancia el caballo, con el consiguiente nomadismo y la clara aparición de jerarquías sociales, aparece decoración cerámica mediante la impresión a cordel, que es otra característica secundaria del proceso de indoeuropeización de Europa. La impresión que produce esta cultura es la de una infiltración de nómadas indoeuropeos utilizando el país póntico como trampolín para las posteriores invasiones en Europa Central y los Balcanes.

La incipiente corriente migratoria que existía ya en la última fase de Dniepr-Don aparece con fuerza en todo el arco báltico. En las regiones al este de este mar se consolida una cultura de carácter sobre todo cazador, aunque conocedora de las técnicas agrícolas y ganaderas. Pero es en la cultura de Sarnowo y, sobre todo, en Escandinavia y las regiones Bajo-Alemanas (Holanda incluida), donde cobran más importancia las aportaciones ucranias. En estos países nórdicos, continúa en parte la tradición estética local (vasos de cuello de embudo, joyería del ámbar), introduciéndose el tipo de enterramiento ucranio (alargado, con ocre) y novedosos rituales de ofrendas en lagos, que mucho tiempo después podremos encontrar entre los pueblos celtas

Las culturas tesalio-danubianas, descendientes de las primeras culturas neolíticas europeas, ocupaban en estos momentos una inmensa área de la Europa Central, desde el Sana hasta Maritza, rodeadas de otras culturas más o menos afines u hostiles, en esta época los pueblos danubianos siguen llevando la iniciativa en los desarrollos continentales, apareciendo como potencias dos “naciones” entre ellos: los danubianos balcánicos (en Bulgaria y Valaquia), y los danubianos meridionales (en Hungría meridional, Austria, Eslovaquia y Moravia), también se los llama danubianos centrales ya que absorben temporalmente a los danubianos septentrionales de Bohemia y Polonia.

En Bulgaria y Valaquia se desarrolla a partir del 3.500 a.n.e. la importante cultura de Karanovo-Gumelnita, continuación de la Boian-Marica. El urbanismo alcanza su plenitud, con el diseño y construcción de redes de calles y estructuras defensivas, la vivienda sin embargo sigue la tradición danubiana, con casas de postes y arcilla, de tejado a doble vertiente y simpáticas ventanas redondas, albergando a veces talleres domésticos de utillaje, bisutería y tejido. Las industrias de sílex, cerámica y cobre aparecen muy desarrolladas, lo que denotaría una fuerte especialización minera que requiere una cierta jerarquización. Donde se evidencia de forma indiscutible la existencia de un Estado es en la Gran Necrópolis de Varna, donde aparecen tumbas de príncipes, rodeadas de sepulturas (reales o simbólicas) de altos funcionarios y de mujeres, estando los complejos rodeados a su vez de tumbas normales. Cuando hablamos de Karanovo-Gumelnita estamos hablando de un importante reino, anterior en algunos siglos a la monarquía del Nilo, aunque posterior en al menos mil años a los estados sumerios. La religión también muestra su renovada importancia. Los templos, aparecidos ya en la fase anterior, se generalizan, albergando en su interior altares decorados en rojo sobre blanco con motivos solares y espirales. Se evidencia una Religión Solar, asociada al Culto de la Gran Madre.

También heredera de Boian-Marica, pero mediatizada por factores locales, como la irrupción de los vecinos no danubianos aparece en el noroeste de Bulgaria una cultura, que se caracteriza por su especialización en la orfebrería del oro y en la fabricación de características hachas dobles ("labrys") de cobre . Se trata seguramente de un país-tapón, que mantiene fuertes lazos con Karanovo-Gumelnita, así como con sus vecinos del norte.

Abarcando la región de los Danubianos Orientales (Ucrania occidental, Moldavia) y parte de Transilvania, una cultura de recipientes globulares y poblados rodeados por fosos y terraplenes, modifica las tradiciones fúnebres practicando el enterramiento en postura extendida. El culto a la Diosa y a las divinidades animales adopta formas más definida, construyéndose templos y altares al aire libre, así como fosas rituales en las que aparecen, junto a restos animales, vasos, cenizas y trozos de adobe, huesos humanos, lo que da pie a hablar, por primera vez en Europa, de posibles sacrificios rituales de personas. Por otra parte, la aparición de cerámica impresa a cordón evidencia importaciones desde Serednij-Stog II.

La Danubiana Meridional (Panonia Occidental) es la otra cultura de este grupo que se muestra fuerte y expansiva en esta época. Estas gentes viven en casas de 300 m2 y dos habitaciones, construidas con postes de madera y ramaje trenzado, junto a la que cavan dos fosas rituales en las que depositan ofrendas. Los poblados de llanura se rodean de empalizadas, mientras que los de altura están circunvalados por fosos y terraplenes. ). Probablemente este pueblo se organice en forma confederal, puesto que no se encuentran rasgos jerárquicos claros, extendiendo su influencia a las tribus danubianas septentrionales, que a tenor del grado de asimilación, son seguramente incorporadas a la "Confederación Danubiana", ya sea por la fuerza de las armas, ya por la necesidad de alianza de los norteños frente a las corrientes que llegan del Este. Además se colonizan tierras de menor calidad, señal inequívoca de un fuerte crecimiento demográfico.

Dos tendencias aparecen en los danubianos occidentales: Las tribus meridionales se diversifican en grupos regionales, sin embargo, las tribus del norte se ven intensamente influenciadas por los ucranio-escandinavos, hasta el punto de la aculturación, tanto de origen nórdico como centro-danubiano. Las gentes de esta nueva cultura habitan en chozas ligeras, agrupadas siempre en poblados fortificados situados en espolones montañosos, desde donde se dedican al pastoreo de vacas. Los danubianos occidentales "reformistas" irán ganando terreno hacia el sur hasta la completa asimilación de sus parientes, en lo que indudablemente tuvo que ser un conflicto político-social de envergadura.

En cuanto a la evolución mediterránea nos encontramos con La Gran Alianza Ligur, gestada en los últimos siglos del período anterior, al parecer por influjo nor.-italiano, aparece en Occitania una importante cultura, caracterizada por un fuerte incremento demográfico, que conduce a la colonización de regiones periféricas (Macizo Central, Poitou, Garona), y a la consolidación agraria (arado). Es típica de esta etapa la extracción y comercio de una variedad de sílex de color miel, al tiempo que se fortifican los poblados con fosos y empalizadas de las distintas tribus, que parecen haberse federado en pos del comercio y el bienestar común. En torno a la Confederación Ligur se asocian, recibiendo su influjo, otras culturas post-cardiales (Italia Norte, Suiza Occ. y Saboya, y la cultura de Tumbas de Fosa deCataluña).

En el centro-oeste francés, merece la pena detenerse en una cultura influenciada por los ligures en la cerámica, por su gran variedad de formas monumentales. A los dólmenes de corredor tradicionales, añaden ahora los gigantescos "cairns" o túmulos que acogen varias cámaras sin corredor, donde se hallan restos humanos acompañados de ajuar de prestigio (grandes hachas rituales, collares de variscita y discos perforados.

En los últimos siglos del IV milenio se producen importantes cambios que afectan a gran parte de los pueblos de Europa Central y los Balcanes Orientales. En medio de ellos aparecen dos grupos de invasores indoeuropeos. El septentrional, y más importante, parece ser el embrión de la mayoría de los pueblos europeos históricos (celtas, germanos, itálicos, ilirios y quizá otros). El meridional debe de ser el precursor de los griegos indoeuropeos (aqueos). Coincidiendo con esta intrusión indoeuropea, la cultura nórdica padece un proceso de militarización, con la construcción de grandes fosas defensivas (posiblemente contra los carros) y la intensa fabricación de armas (larguísimas hachas de sílex, hachas-martillo en piedra dura, flechas cortantes, puñales de cobre). La metalurgia empieza a cobrar fuerza a pesar de que debía importarse la materia prima, quizá desde Iberia a cambio de ámbar.

En el último siglo del IV milenio, tras la irrupción de los indoeuropeos meridionales (proto-griegos,) ya casi finalizando el milenio, se detectan grupos invasores extranjeros dispersos por los Balcanes, que dejan un rastro de tumbas tumulares aisladas, con ocre, útiles de cobre, lingotes de cobre y oro, adornos y cetros de piedra, con extrañas formas zoomorfas. Esta etapa se caracteriza en primer lugar por el resurgir danubiano, liderado por la importantísima cultura que reúne a todos los pueblos danubianos y tesalios aún existentes en Europa Central. También es la época de apogeo del Megalitismo, en consonancia con los nuevos desarrollos en Estremadura Ibérica y la relacionada con Almería. Es también la época del gran salto desde el simple neolítico a la civilización en el Egeo (Cícladas y Creta). Sin embargo, es una época de vacas flacas para los indoeuropeos occidentales, que ven muy limitado su ámbito

Mientras tanto, los mayores avances se produjeron en la Baja Mesopotamia, esto es, la parte más cercana a la desembocadura del Éufrates y el Tigris. El sistema de canales que habían ideado en la parte alta de la región llegó hasta el sur, lo que permitió aprovechar plenamente las posibilidades que ofrecían los ríos, dando origen a una agricultura de irrigación que convirtió la zona en la más fértil y próspera de la época. Además de la agricultura, florecieron el comercio y la alfarería. Los mercaderes inventaron un antecedente de la escritura: el sello. Los recipientes de barro se marcaban con sellos planos que imprimían un relieve distintivo de su propietario o de su contenido. A finales del milenio algunas ciudades llegaron a contar con 10.000 habitantes.

Hasta entonces, las aldeas pequeñas tenían una estructura tribal, formadas por unas pocas familias que obedecían a algún patriarca, pero las grandes ciudades requerían una organización que no descansara en vínculos familiares. Así, las ciudades mesopotámicas se fueron convirtiendo en ciudades-estado. Cada ciudad dominaba y cultivaba las tierras de su entorno y era gobernada por un rey. La administración corría a cargo de los sacerdotes. Éstos ejercían de tesoreros y recaudadores de impuestos y, en la medida en que su autoridad residía en su papel de intermediarios con los dioses, la religión se fue sofisticando más y más. El templo era el centro de cada ciudad. Además de la clase sacerdotal, surgió una aristocracia y una burguesía que originó una demanda de adornos, tejidos y obras de arte. El modo de vida de la Baja Mesopotamia fue imitado rápidamente por el resto de la media luna fértil, que mantuvo una cultura similar.

En la península del Sinaí se descubrió la fundición del cobre, y el sistema se extendió rápidamente tanto hacia Mesopotamia como hacia Egipto. Hacia el 4.500 a.n.e., el sur de Canaán fue invadido por un pueblo que conocía la fundición del cobre. Por la misma época aparecen los primeros poblados neolíticos en Egipto, junto al lago Moeris, algo al oeste del curso del Nilo. Las inmediaciones del Nilo hubieran requerido un sistema de canales similar al de Mesopotamia para ser aprovechadas adecuadamente, por lo que las zonas cercanas (pero prudencialmente alejadas de las súbitas crecidas del río) eran más adecuadas para una población que acababa de descubrir la agricultura y la ganadería.

La metalurgia del cobre prosperó en Irán, que importaba el mineral de la India y lo exportaba manufacturado a Mesopotamia, junto con oro, plata y piedras preciosas. El cobre fue especialmente útil en Mesopotamia. El oro y la plata son blandos, y sólo servían para confeccionar adornos. El cobre, en cambio, es más duro y servía para fabricar armas más efectivas que las de piedra, armas con que repeler las incursiones de los nómadas, que se hacían más frecuentes cuanto más prosperaba el valle. Por una parte estaban los rudos pastores que habitaban en los montes Zagros, al Este, y por otra los habitantes del desierto arábigo al suroeste. Las ciudades-estado se fortificaron, como ya habían hecho tiempo atrás las de Anatolia. Egipto, en cambio, estaba rodeado por el mar, el desierto y las cataratas del Nilo, así que vivió mucho más tranquilamente que Mesopotamia durante mucho tiempo.

Hacia el año 4000 la Baja Mesopotamia no pudo resistir por más tiempo la presión de los pastores, que invadieron la región desde los montes Zagros y se asentaron en ella, sumiéndola en una profunda crisis.

lunes, 21 de junio de 2010

Neolítico II el diluvio universal






Se formó una importante aldea en donde después estaría la ciudad de Ur. Allí surgió una comunidad de comerciantes que llegaron a recorrer por mar las costas de Arabia. Su emplazamiento está actualmente lejos del mar, pero entonces la costa llegaba hasta sus inmediaciones. Hay constancia de que durante un cierto periodo la aldea fue completamente inundada por el mar. Es posible que este suceso fuera el origen de una leyenda que pervivió durante milenios en la zona sobre un "diluvio universal", que supuestamente había inundado la totalidad de la Tierra.

Sobre este diluvio hablan literaturas de todo el mundo, se han escrito al menos 80.000 obras en unas setenta lenguas pertenecientes a zonas muy diversas. Poseemos dos tipos de datos arqueológicos: por una parte, los restos arqueológicos propiamente dichos, por otra, los textos de las narraciones mesopotámicas contenidas en tablillas cuneiformes y textos paralelos de otras fuentes. En Ur se halló un estrato de arcilla (de un espesor entre 3 y 4 metros) debajo del cual había restos de culturas primitivas, se fechó hacia el IV milenio a.n.e. En Kish se encontró un estrato similar de 0,30 m. de espesor, aunque posterior, aproximadamente e 2.800 a.n.e. Otros estratos del tipo se encontraron también en Shuruppak, en Uruk, en Lagash y en Nínive. No se trata de casos unívocos y contemporáneos, sino de estratos que demuestran inundaciones terribles pero que tuvieron lugar en épocas distintas, tampoco se han hallado en estos estratos restos de elementos marinos.

El texto más antiguo fue escrito en sumerio hacia el siglo XVIII a.n.e., cuando esta lengua ya estaba extinguida y era considerada “clásica”, o sea, no era hablada pero sí se utilizaba en escritura, el texto, que se conserva en el Museo de Pennsylvania, fue encontrado en las excavaciones de Nippur, el protagonista de esta narración se llama Ziusundra. El tema del diluvio también está presente en narraciones de pueblos semíticos que utilizaban el acadio o el asirio-babilonio, durante el reinado del rey babilonio Ammi-saduqa (1.646-1.626 a.n.e.) fue escrito el texto de un extenso poema de 1.245 líneas, actualmente en el Britsh Museum, lo escribió un joven escriba, de nombre Ku-aja, encargado de copiar el poema, en esta narración el protagonista tiene el sobrenombre de Atra-khasis, que significa “el gran sabio”. Hay un fragmento de época neoasiria, también en el British Museum, que fue hallado en la biblioteca del rey Assurbanipal (siglo VII a.n.e.), en Nínive, como en el caso del Atra-khasis, la composición de este fragmento se remonta a una época anterior, de hecho el escriba escribió en alguna ocasión que el texto que copiaba estaba incompleto en algún punto y no podía leerlo. Hay además un fragmento babilonio, que se remonta el siglo XIV-XIII a.n.e., que fue econtrado en Nippur y se conserva en el Museo de Filadelfia, poco es lo que contiene, pero nos revela el nombre del arca, la cual debía ser bautizada como “Guardia de la vida”.

La historia mesopotámica del diluvio más conocida, a veces considerada la más antigua, es la narración presente en la tablilla XI del Poema de Ghilgamesh, a quien se la refiere el superviviente del diluvio Um-napishtim (o Ut-napish-tim). Es evidente que estas narraciones derivan de un arquetipo cuya composición sería mucho más antigua que la primera versión que poseemos. A pesar de las evidentes diferencias, parece indudable la existencia de un estrecho vínculo entre la narración bíblica y las mesopotámicas. El texto histórico más “alejado” en el tiempo fue escrito por Beroso, un sacerdote babilonio que vivió entre el siglo IV y el III a.n.e., que quiso dar a conocer entre los griegos la historia de su país. La narración de Beroso fue resumida por Polístor (siglo I a.n.e.) cuya obra conocemos por los pasajes incorporados a la Crónica de Eusebio de Cesárea (siglo IV), algunos conservados en griego y otros en la traducción armenia.

Por las descripciones, podría parecer que el diluvio mesopotámico fue causado por una catástrofe que se produjo en el golfo Pérsico, o incluso más al sur, pero los datos arqueológicos no confirman semejante hipótesis, los estratos en los que se identifican importantes inundaciones revelan que los ríos fueron los causantes de ellas, no el mar, si queremos situar el diluvio en Mesopotamia, debemos excluir un acontecimiento marítimo y pensar en una gran inundación fluvial, causada por lluvias tanto en las cabeceras de los ríos y sus afluentes como en la misma Mesopotamia, inundación que los datos recogidos sitúan entre el IV milenio y principios del III a.n.e.,en torno a la última fecha, hemos visto que se han encontrado huellas de grandes inundaciones producidas en una extensa zona de Sumer.

Mientras tanto, la vida en Anatolia debió de ser especialmente difícil. El único avance cultural durante el sexto milenio fue la construcción de fortalezas, signo de que sus habitantes sufrían frecuentes incursiones de pueblos nómadas vecinos. En Egipto las condiciones eran más propicias que las de Mesopotamia o Canaán, por lo que la región permaneció ajena a los avances de estas regiones y continuó en su tradición mesolítica de caza y recolección durante todo el milenio. Por el contrario, la cultura neolítica se extendió desde el oriente próximo hacia Europa. Hacia el año 6.000 a.n.e. aparecen las primeras comunidades agrícolas en el sureste de Europa y a lo largo del milenio se extendieron a lo largo de la costa mediterránea. Así mismo apareció la agricultura alrededor del valle del Indo (en el actual Pakistán).

A lo largo del V milenio a.n.e. la cultura neolítica se expandió y consolidó por Europa, Asia y África. La prosperidad fue tal, que en este periodo la población mundial pasó de unos 10 millones de habitantes hasta casi 50 millones. En Europa y África central surge la cultura megalítica, caracterizada por la construcción de grandes monumentos de piedra: a veces simples piedras levantadas a modo de columnas, a veces alineadas según ciertos patrones, otros en forma de enormes losas horizontales apoyadas sobre otras dos verticales, etc. Naturalmente, estas construcciones debían de estar asociadas a nuevos rituales y creencias más o menos sofisticadas, típicos de la cultura neolítica. En Grecia se desarrolló la navegación por el Egeo, que llegó hasta la isla de Creta. En Asia la agricultura continuó extendiéndose lentamente por el valle del Indo.

En América el progreso fue ligeramente más lento: en algunas zonas de México y Perú hubo pueblos de cazadores-recolectores que empezaron a llevar una vida sedentaria. Domesticaron animales e inventaron la cerámica. Los cultivos eran muy variados, pero la agricultura les proporcionaba sólo una pequeña parte de sus recursos. También aprendieron a tejer fibras vegetales.

En China se formaron asentamientos mesolíticos a lo largo del río Amarillo (Huang He), donde finalmente se aprendió a cultivar el arroz. En el Baikal se originó un complejo de culturas nómadas que se extendieron y diversificaron por Siberia y Asia central. Su influencia llegó hasta China. Al oeste de los montes Urales surgió una cultura de pastores nómadas, entre el mar Caspio y el mar Negro. Sus integrantes hablaban una lengua común, conocida como Indoeuropeo. La península Arábiga y el norte de África fue poblada por otro grupo humano que también hablaba una misma lengua, conocida como Afroasiático o Camitosemítico. No obstante, el desierto del Sinaí supuso una separación permanente entre Arabia y África, por lo que las variantes dialectales del Afroasiático de Arabia formaron pronto un grupo de lenguas bien diferenciadas de las africanas, conocidas como lenguas semíticas. Las tribus de Arabia se hicieron ganaderas, mientras que las del norte de África continuaron viviendo durante mucho más tiempo de la caza y la recolección, pues el territorio era mucho más fértil.

El asno es la especie ganadera-doméstica que más tardíamente se domesticó. Evidencias arqueológicas sugieren que se domesticaron hace unos 5.000-6.000 años. Sin embargo, no existían evidencias sólidas de dónde ocurrió dicha domesticación, a partir de datos genéticos de 259 asnos domésticos de 52 países, se ha llegado a una conclusión inesperada: los parientes más próximos a los asnos domésticos actuales son los asnos salvajes del noreste de África: el Asno salvaje de Nubia, (E.a.africanus) y el Asno salvaje de Somalia (E.a.somaliensis)

Los científicos han averiguado también el número de acontecimientos de domesticación que tuvieron lugar. El estudio de las poblaciones domésticas agrupa estos individuos en dos grandes grupos de un elevado nivel de divergencia (de las secuencias del DNA mitocondrial) entre ellos, lo cual sugeriría dos orígenes diferentes. Así, los análisis filogenéticos indicaban la existencia de dos linajes maternos divergentes consistentes en dos domesticaciones. La separación de estos dos linajes de un hipotético tronco ancestral común tuvo lugar hace entre 303.000 y 91.000 años, una época muy anterior a los primeros acontecimientos de domesticación de las especies ganaderas, lo cual corrobora dos orígenes maternos diferentes de los asnos domésticos a partir de dos poblaciones salvajes diferentes.

La localización concreta del área de las primeras domesticaciones parece estar en el noreste africano, muy probablemente a causa de la desertificación del Sahara, este territorio retiene, de manera muy significativa, la mayor diversidad genética, se ha deducido que el asno es la única especie ganadera ungulada domesticada exclusivamente en África.

miércoles, 16 de junio de 2010

Neolítico







La cerámica es quizá el material arqueológico más representativo de esta nueva etapa histórica, su fragilidad y peso la hace casi exclusiva de sociedades agrícolas y, desde luego, de los grupos humanos sedentarios. La más antigua se ha documentado en la etapa neolítica de la cultura Jomon, en Japón, hacia el año 10.000 a.n.e., aunque también se da el caso de sociedades neolíticas que desconocían este material. Las formas iniciales, hechas enteramente a mano, sin torno, presentan perfiles irregulares, generalmente asimétricos, con el paso del tiempo, la cerámica es cada vez más variada, revela cierta especialización en su factura, realizada por unos artesanos cada vez más competentes. El testimonio más antiguo de una elaboración líquida se encuentra en el valle del Nilo, con restos de elaboración de cerveza en cerámica con una datación de hace 9.000 años.

Hacia el 7.000 a.n.e., la cerámica se había difundido por todo el Oriente Medio, asentamientos de la meseta de Anatolia son similares por su grado de civilización y su cronología al Neolítico acerámico del Levante, pero ninguno de ellos es comparable al de Chatal Huyuk, mucho más grande y mejor conservado, su sede ocupa doce hectáreas y los estratos del Neolítico miden cada uno 15 metros de altura. Dos de los santuarios, en diversos niveles, están decorados con unas soberbias escenas de caza, las pinturas del nivel V, el más antiguo de los dos, se extienden por las cuatro paredes de la casa, y en ellas aparecen otros animales como ciervos, jabalíes, onagros, osos, lobos y leones, las escenas no muestran exactamente una cacería, sino que probablemente tenían algún valor simbólico y representan la celebración de algún festejo que incluía la danza y el hostigamiento de los animales, como el salto del toro minoico, o la corrida española, sin embargo, un fragmento de una escena del santuario del nivel III mostraba a un cazador con un perro en el momento de disparar una flecha a un venado.

Otra escena muy extraña, que aparece en tres ocasiones, muestra unos pájaros enormes y seres humanos diminutos sin cabeza, aunque están pintados en un modo muy estilizado, los pájaros han sido identificados como buitres grifones, devorando la carne de los cadáveres expuestos. En un nivel inferior (nivel VI) se encontró también una pintura relacionada con el tratamiento dispensado a los muertos, se supone que representaba un osario construido con cañas, recubierto y decorado con esteras tejidas bajo las que se conservan cráneos con las cuencas oculares vaciadas.

En los asentamientos primitivos de Ganj Dareh y Nemrik se encontraron también cabezas de animales, bien modeladas enteramente en argamasa o usando cráneos o interiores de cuerno de animales verdaderos, destacan jabalí, zorro y oveja. Los muertos se enterraban bajo el suelo de las viviendas, los enterraban en dos fases: después de la muerte los alejaban del lugar para descarnar y sólo después se entraban a las casas, como se deduce de la posición de los huesos de los enterramientos. A juzgar por los huesos, disfrutaban de un buen estado de salud, aunque algunos presentan síntomas de anemia, posiblemente por malaria, y otros padecían artritis y huellas de fracturas de miembros, el promedio de edad era de 34 años en los varones y 30 años en las mujeres.

De las figurillas de piedra y arcilla, las de mujeres tienen interés especial, una representa a una dando a luz, apoyada en dos gatos o sentada en un sillón con brazos en forma de gatos, la mayoría de figuras de animales eran animales de caza: leopardos, toros salvajes, jabalíes, cabras y ovejas salvajes, algunas tienen marcas de punzadas lo que sugiere que se utilizaban en rituales de caza. Nueve décimas de la carne consumida por los habitantes de la Chatal Huyuk, tal y como se deduce de los animales encontrados, procedían de ganado vacuno domesticado. No sólo se apreciaba la carne de estos animales, sino sus pieles: ovejas salvajes, ciervos, jabalíes, onagros, osos y leones y leopardos; las plantas cultivadas incluían trigo escaña menor y escanda, cebada desnuda de seis carreras y quizá trigo candeal hexaploide. Después del abandono de Chatal Huyuk hacia el final del séptimo milenio, las culturas posteriores en Anatolia, como las de Hacilar y Can Hasan II, se distinguían por la cerámica finamente pintada, pero alrededor del 5.700 a.n.e., ambos tratamientos fueron también abandonados.

Los pueblos de la época cultivaban trigo de las clases escaña menor y escanda, candeal, cabezorro, espelta, cebada de seis carreras, lentejas y guisantes, criaban vacas, ovejas, cabras, cerdos y perros, mientras que los huesos de animales silvestres representan menos de un quinto de los huesos encontrados, la cría de ganado vacuno, de grandes dimensiones y fiero, en comparación con las ovejas y cabras, debió de representar dificultades, se empleaban para producir leche y en el transporte, así como por su carne y por su cuero, o incluso para tirar del arado, que probablemente se usaba ya en el cultivo de las extensas llanuras del norte de Mesopotamia.

El pequeño asentamiento de Umm Dabaghiyeh está situado más allá de lo que hoy en día es la región de la agricultura de secano y presenta interesantes peculiaridades. Lo más sorprendente es que los útiles que se encontraron en este asentamiento eran más propios de una comunidad de recolectores que de una de agricultores, comían plantas cultivadas, pero puede que éstas fueran traídas de regiones más alejadas hacia el norte, la mayoría de la carne que se consumía se obtenía de la caza, dos tercios de los huesos encontrados en el asentamiento son de onagro, una variedad de equino salvaje, y un quince por ciento de gacela, tan sólo un diez por ciento de los huesos pertenecían a especies domesticadas, sobre todo ovejas. Las evidencias de la práctica de la caza y el uso difundido de almacenes hacen suponer que se trataba de una comunidad especializada en la caza de onagros y gacelas por el valor de sus pieles.

Probablemente había otros asentamientos especializados en otros productos, como sal, betún u obsidiana. No se sabe con certeza el modo en que esas comunidades encontraban un mercado para sus productos, pero no hay duda de que los excedentes alimentarios se almacenaban y se intercambiaban por otros bienes, esta riqueza almacenada fue la base de la futura sociedad urbana de Mesopotamia.

A mediados del sétimo milenio a.n.e., la cultura Hassuna, basada en la anterior, compartía muchos de sus rasgos, los hallazgos en los estratos de proto-Hassuna y de Hassuna incluyen proyectiles de arcilla para hondas, azadas de piedra tallada, espiras de husos de arcilla bicónicos, para hilar fibras de lino o de lana, y varios colgantes y cuentas de piedra grabados, que se han identificado como sellos de estampar. La presencia de lino (o linaza) y el tamaño de las semillas hacen suponer que se empleaba un sistema de irrigación.

Durante el VII milenio a.n.e., la densidad de población en la media luna fértil aumento notablemente. Se domesticó al ganado vacuno. En Siria se exploraron muchas innovaciones, como la fabricación de recipientes de cal, aunque estas técnicas no tuvieron continuidad. La agricultura se extendió por la península de Anatolia (Turquía). Hacia el año 6.500 a.n.e. encontramos una agrupación de pueblos de cerca de 6.000 habitantes, con casas y santuarios de ladrillo crudo y frescos de divinidades femeninas y toros. A finales del milenio aprendieron a fundir el cobre para fabricar adornos, puntas de lanza y objetos diversos, pero el metal era escaso y el descubrimiento no tuvo muchas repercusiones. Por esta época empieza a aparecer también la agricultura en algunas zonas del actual México.

En torno al 6.200 a.n.e., tuvo lugar la llamada Miniera Glacial, consistió en un progresivo calentamiento del planeta, que generó un ingente caudal de agua de deshielo en el llamado casquete Laurentino (al norte de Canadá), el deshielo también afectó al golfo de México y colapsó el sistema transportador de calor del Atlántico Norte, los vientos templados y cargados de humedad (y que se originan allí) fueron reemplazados por heladores vientos secos procedentes del norte. Eurasia atravesó entonces cuatro siglos de clima frío y seco (la Miniera Glacial), probablemente, parte de los primeros agricultores de la península de Anatolia y de otras zonas del Mediterráneo oriental se refugiaron en las orillas del lago Euxino (de temperaturas mas moderadas y tierras bien irrigadas) y allí consolidaron sus prácticas agrícolas. Al reactivarse la circulación oceánica cuatro siglos después, concluyó la etapa cuasi-glacial y se inició otra más templada.

En torno al sexto milenio a.n.e., las aguas del Mediterráneo (cuyo nivel ascendió primero con la entrada de agua del Laurentino y luego con el nuevo deshielo) inundaron la cuenca del Euxino formando el actual mar Negro. Este hecho debió dispersar a la población que habitaba en la región, en otro de esos movimientos migratorios importantes para la humanidad, algunos arqueólogos creen que debido a ello se expandieron por Europa y Asia poblaciones sedentarias agrícolas que desplazaron a cazadores-recolectores nativos. Acabada la Miniera Glacial, Mesopotamia se pobló de colonizadores, dada las facilidades que ofrecía para su irrigación y pronto se establecieron numerosas aldeas.

Hacia el 6.000 a.n.e., la cultura de Halaf sustituyó a la de Hassuna en el norte de Mesopotamia, sobrevivió durante 600 años y se difundió hasta cubrir todo el territorio de los actuales Iraq y Siria, las plantas cultivadas eran las mismas que en los periodos Hassuna y Samarra; trigo, escaña menor, escanda y hexaploide, cebada desnuda y con cáscara de dos y seis carreras, lentejas, arvejas, garbanzos y lino, los asentamientos del Halaf están distribuidos en la zona de agricultura de secano, donde la mayor parte de los cultivos se hacía sin el concurso de un sistema de regadío a gran escala, entre los animales domésticos se hallan las cinco especies típicas: ovejas, cabritos, vacuno, cerdos y perros, pero también se cazaban animales salvajes.

A mediados del sexto milenio a.n.e., la cultura de Halaf se extendió hacia el sudeste donde entró en contacto con la cultura de Ubaid, después de una fase de transición en la que se combina con elementos de ambos, es manifiesto el dominio de esta última cultura. En las fértiles llanuras formadas por el légamo de los ríos Tigris y Eufrates, los asentamientos más antiguos de la cultura de Ubaid que se conocen se remontan al 5.900 a.n.e., sin embargo, hasta ahora, sólo unos cuantos han podido ser localizados con exactitud. En la actualidad, en las desembocaduras de los ríos, las mareas riegan los bosquecillos de palmeras, donde antaño crecían sus antecesores silvestres, en los lugares donde los ríos se desbordan formando pantanos y lagos, los peces debieron de ser muy abundantes, los antiguos pobladores de estos lugares exportaban pescado seco y esteras tejidas con cañas de los pantanos. Sin embargo, la introducción del sistema de canales y de la agricultura de regadío transformó por completo el modelo de los asentamientos.

Al comienzo del VI milenio a.n.e., las técnicas agrícolas se habían perfeccionado notablemente en la zona occidental de la media luna fértil. Se descubrió la hoz, la azada, etc. La cerámica se extendió desde Siria por ambos "cuernos" de la media luna. Algunos indicios hacen pensar que en torno al 4.000 a.n.e., disminuyeron las precipitaciones, la respuesta de los pobladores de Mesopotamia al nuevo panorama climático fue concentrarse en las tierras más fértiles, las orillas de los ríos, donde el agua para los cultivos seguía disponible con las crecidas estacionales. Se cree que entonces efectuaron los primeros ensayos de canalización para irrigar los terrenos adyacentes y aumentar la superficie cultivable, de este modo, las aldeas ribereñas originales devinieron en grandes ciudades rodeadas de áreas agrícolas bien regadas. El Éufrates y el Tigris suministraban excesiva agua en primavera y poca el resto del año, por lo que en su entorno se formaron grandes aldeas de obreros que construyeron presas y canales para almacenar y distribuir el agua. Se ocupó la baja Mesopotamia, que había quedado despoblada desde la glaciación.

Todas las fases del periodo de Ubaid se excavaron en Eridu. Eridu en la actualidad está ubicada en el desierto al sur del Eufrates, pero en la antigüedad, uno de los brazos de este río discurría por la ciudad, se convirtió en un importante centro religioso dedicado al culto del dios del agua Enki, y según la épica babilónica, fue la primera ciudad creada. Se ha encontrado cerámica de Ubaid (de la fase III y posterior) en cuarenta asentamientos en Arabia Saudí occidental, en dos de Bahrein, en cinco de Quatar e incluso en dos muy alejados en los Emiratos Árabes Unidos, se trataba de pequeñas comunidades de pescadores y recolectores, el análisis de la arcilla demuestra que la cerámica era parecida a la de la región de Ur y Eridu, de donde probablemente eran importadas las vasijas. La cultura de Ubaid pervivió unos 1.500 años e influyó en el área entre el Mediterráneo y el Golfo, e incluso la meseta iraní.

lunes, 14 de junio de 2010

Los dioses y la carne





Los yacimientos arqueológicos, desde los comienzos de la cultura humana y durante los 25.000 años de la prehistoria, están llenos de esculturas de imágenes femeninas, el grupo más importante se nos presenta constituido por las estatuillas en bulto redondo a las que se ha dado el nombre de Venus, surge la deducción obvia que reflejaban al sexo de la divinidad que ejercía la primacía en la estructura de una sociedad matriarcal: en la Prehistoria se adoraba a una diosa suprema, diosa que se creería habría creado todo. Las obras de arte religioso más arcaicas son figuras de la solitaria “gran diosa”, imagen paleolítica de la madre, antes de que el “padre” existiera en la tierra o en el cielo.

La divinidad es un invento humano, podemos afirmar que la humanidad ha creado a sus divinidades a imagen y semejanza suya, desde los primitivos mitos, los hombres crearon a sus dioses a su semejanza, en las primeras sociedades humanas, el estado social y las ocupaciones tribales dieron carácter a las concepciones religiosas donde prepondera el régimen de la maternidad, el dios es un fetiche femenino, la Tierra-Madre, que saca de sí los dioses y las cosas; donde prepondera el régimen de la paternidad, el dios es masculino. El sexo Divino ha sido consecuencia de un auténtico determinismo económico, lo confirma el que, tras la revolución habida, cuando la economía pasó a manos masculinas, igualmente cambió el sexo de la divinidad que coronaba el panteón. En los mitos históricos de época patriarcal (que empezó hace unos 5.000 años) domina en el panteón un dios varón, lo que refleja la revolución habida. Todos estos dioses brotaron en el pasado de la mente del hombre proyectada sobre animales y plantas, sobre montañas y torrentes, planetas en su órbitas, y en sus propias y peculiares costumbres sociales.

Desde el pensamiento animista, nuestra especie siempre ha esperado de los dioses, y demás espíritus, beneficios de algún tipo. La religión fue, ante todo, una técnica para alcanzar el éxito, recuperación de la enfermedad, éxito en las empresas comerciales, lluvias para regar cultivos agotados, victoria en el campo de batalla, el sacrificio era el camino para conseguirlo. La comida expuesta para consumo de los dioses no desaparecía de inmediato; se descomponía, como todo alimento normal sin consumir, estaba claro que los dioses, seres hechos de espíritu, sólo se alimentaban de la esencia espiritual de la comida que se les ofrecía, la sustancia material podía entonces redistribuirse bajo los auspicios de la autoridad eclesiástica y política y ser consumida como comida autorizada a los hombres por los dioses, ¿son familiares esas palabras?

Debería ser así, pues lo descrito es el aspecto espiritual de los sistemas de intercambio redistributivo, cuya importancia en la evolución de las jerarquías políticas ya hemos tratado en otra ocasión. A medida que se jerarquizaban las relaciones entre las minorías gobernantes y las gentes del común, los intercambios redistributivos se fueron equilibrando, y lo que había comenzado como ofrendas de los hombres a sus antepasados acabó en donaciones obligatorias, (impuestos en especie), recaudadas por el Templo y el Estado. Si bien la mayoría de los dioses son omnívoros y gustan de los alimentos vegetales y de las bebidas (sobre todo alcohólicas) un vistazo sobre cualquier religión primitiva nos pone de manifiesto que la carne ocupa un lugar preeminente en el ciclo del intercambio alimentario que une a los hombres con el mundo de los espíritus.

En general, las culturas agrícolas desarrollaron una religión más compleja y sofisticada que los pueblos nómadas. Los nómadas llevaban una vida relativamente cómoda. Se sentían capaces de dominar su entorno. Eran gente ruda y fuerte. A menudo efectuaban provechosas incursiones en aldeas de agricultores indefensos. Para sus pocas necesidades, desconocían lo que era la escasez o falta de recursos. Las únicas cosas que no podían controlar eran las tormentas, las enfermedades y tal vez los enfrentamientos con otros pueblos nómadas. Por ello sus religiones se limitaban a algún "dios de las tormentas" o "del trueno" o "del rayo", a quien implorar clemencia en las tempestades, o quizá a un "dios de la guerra" a quien encomendarse y pedir protección antes de un enfrentamiento. Por el contrario, los agricultores estaban rodeados de eventos que escapaban a su control. Su nivel de vida dependía de que lloviera en el momento oportuno, de que no hubiera tormentas devastadoras, de que las cosechas fueran buenas, de que los ríos trajesen agua suficiente pero no excesiva, etc. Conocían las diferentes estaciones del año y las vinculaban con los cambios de posición del Sol y las estrellas en la bóveda celeste. Así, el agricultor aprendió a rezar ante la adversidad.

En gran parte de Europa, Asia, África y Oceanía, ser sacerdote significaba poseer conocimientos, aptitudes y autoridad para matar animales del modo más grato a los dioses. Además, el sacrificio y consumo de carne no se dejaba al antojo de cualquiera que tuviera deseos de comer carne, sino que estaban reservados a ocasiones especiales como nacimientos, bodas, funerales y ritos de transición a edad adulta, ocasiones en que la carne podía ser redistribuida y compartida por los miembros de la comunidad. Como bien sabe todo lector del antiguo Testamento, los levitas, nombrados sacerdotes hereditarios del antiguo Israel, estuvieron encargados del sacrificio ritual de animales domésticos para su ofrenda y redistribución, el Levítico menciona, al menos, siete tipos de ofrendas: “holocausto”, “paz”, “pecado”, “delito”, “acción de gracias”, “expiación” y “fraude o engaño”. Con excepción, quizá, del holocausto, el sacrificio ritual no convertía el cadáver en incomestible, aunque siempre se procedía a desangrar al animal, y a derramar su sangre sobre el altar.

Las primitivas religiones eclesiásticas recurrían a menudo al sacrificio humano para congraciarse con los dioses, no obstante raramente consideraban la carne humana como un alimento que los dioses gustaban comer, ni redistribuían los restos humanos como hacían con la carne animal en los banquetes ofrecidos por los reyes generosos (con una importante excepción documentada, de la que luego hablaremos), cuando los especialistas eclesiásticos hacían uso de ofrendas humanas, éstas eran a menudo auténticos sacrificios, ofrendas destinadas a proporcionar a los dioses mediante la autoimposición de privaciones exorbitantes, y no mediante la reciprocidad equilibrada y los ciclos alimentarios, el sacrificio de niños es un exponente del género, las excavaciones arqueológicas indican que se mataba a niños y colocaban sus cuerpos bajo los fundamentos de templos y palacios. Los cautivos de guerra eran otra fuente común de víctimas sacrificatorias, las inscripciones dan testimonio del sacrificio frecuente de prisioneros de guerra por los sacerdotes de los templos.

La forma más difundida de sacrificio humano es el practicado con ocasión de la muerte y el entierro de reyes y otros personajes de sangre real. La lógica sacrificadora de estos ritos reside en la renuncia del nuevo soberano a las valiosas posesiones humanas del soberano precedente, antes que reservarlas para uso propio, los nuevos soberanos los despedían para que sirvieran al predecesor en el cielo como habían hecho sobre la tierra, con la esperanza de congraciarse con los exaltados antepasados divinos, de cuya colaboración dependía el éxito del nuevo monarca. Señalamos aún otra función secundaria del entierro de miembros del séquito, ¿qué otra cosa sino la certeza de morir con su rey hubiera movido a sus esposas y servidores a afanarse en la protección de su vida?

Querríamos poder afirmar que el extendido tabú contra el consumo de carne humana obedece al impulso ético de fortalecer la vida humana, pero el talante belicoso de las Jefaturas avanzadas y de los primeros Estados demuestra que la realidad es muy distinta, gran parte de las matanzas de animales en los altares no era otra cosa que el preludio a la matanza de seres humanos en el campo de batalla.

Antes de proseguir, dejemos bien claro que nuestra especie no siente una aversión natural hacia el consumo de carne humana, no resulta en verdad difícil encontrar ejemplos distintos a los conocidos de hambruna extrema. Ejemplo: desde el siglo XVI los manuales de medicina de Inglaterra, y del continente, recomendaban la administración de Caromomia, un “preparado medicinal hecho a partir de carne humana embalsamada, secada o “preparada” de alguien muerto de forma repentina, preferiblemente violenta“. Las farmacias londinenses estaban surtidas de esta panacea, pero los médicos recomendaban que los productos de primera calidad se adquiriesen en comercios especializados en Caromomia.

Expuestas algunas de las razones para creer en la amplia difusión de la antropofagia entre las sociedades del nivel de bandas y aldeas y las jefaturas, deberíamos volver sobre la cuestión de por qué las religiones eclesiásticas que encontramos en las sociedades de los primeros Estados solían imponer cierta restricción al canibalismo y no a la guerra, el quid de la cuestión reside en la capacidad que poseen las sociedades políticamente evolucionadas para integrar como mano de obra las poblaciones vencidas, esta capacidad, a su vez, está relacionada con una mayor productividad de los agricultores y demás trabajadores de esas sociedades.

La matanza y consumo a gran escala de cautivos sería contraria a los intereses de las clases en el poder por ampliar su base de tributación, puesto que los prisioneros pueden producir excedentes, resulta mucho más provechoso consumir el producto de su trabajo que la carne de sus cuerpos, sobre todo si la carne y la leche de los animales domésticos (fuera del alcance de la mayoría de los individuos del nivel de bandas y aldeas) forman parte del excedente. Añadamos que ningún grupo humano encontrará jamás rentable el canibalismo fuera del contexto de la guerra, los seres humanos son las criaturas más costosas y molestas de capturar y domesticar.

La religión precolombina de los aztecas constituye la gran excepción anteriormente referida. A diferencia de otras deidades eclesiásticas, los dioses del Estado Azteca tenían ansia de carne humana, sobre todo de corazones. El destino habitual del resto de cadáver de la víctima era el de ser comido, cuando el sol iniciaba su descenso a poniente, los guerreros celebraban un gran festín con muchos bailes, ceremonias y canibalismo. El banquete redistributivo antropófago de los aztecas proporcionaba a los guerreros cantidades sustanciales de carne en recompensa de su éxito en el combate, al contrario que prácticamente todos los demás Estados, los aztecas nunca lograron domesticar el tipo de animales con cuya carne contaban las otras sociedades eclesiásticas para sus banquetes redistributivos, en otras palabras, carecían de rumiantes como ovejas, cabras, vacunos, llamas o alpacas, que se alimentan de hierbas y hojas incomestibles para el hombre, tampoco conocían el cerdo, en su lugar, su principal fuente doméstica de carne era el pavo y el perro, ambos poco aptos para la producción masiva de carne según los procedimientos preindustriales. Los aztecas intentaron criar razas de perros que se pudieran engordar con alimentos vegetales cocidos, hecho que ya nos da una idea de su ansia insatisfecha de carne.

De significación similar es la sorprendente variedad de fuentes de proteínas y grasas animales pequeñas, ineficaces y silvestres que los aztecas devoraban con avidez a la menor oportunidad; serpientes, ranas, escarabajos, larvas de libélula, saltamontes, hormigas, gusanos, renacuajos, moscas acuáticas y los huevos de éstas. Claro está que también comían animales de mayor tamaño como venado, pescado y aves acuáticas siempre que podían, pero si había que distribuirlos entre el millón y medio de habitantes del radio de 32 kilómetros de Tenochtitlan, la ingestión total de carne de origen silvestre no podía pasar de pocos gramos diarios, en consecuencia, en el caso de los aztecas la relación coste-beneficios de la renuncia al consumo de carne de cautivos de guerra no era la misma que en otras sociedades estatales.

Se seguía “produciendo” prisioneros como productor derivado de la guerra, pero su utilidad como esclavos y campesinos era mínima, preservar sus vidas no podía resolver el acuciante problema de la escasez de recursos animales, pues no había forma de aprovechar la mano de obra suplementaria para aumentar el abastecimiento de alimentos de origen animal, el alto valor que los aztecas atribuían al consumo de carne no era consecuencia arbitraria de sus creencias religiosas, más bien ocurría lo contrario, sus creencias religiosas (el ansia de sus dioses por comer carne humana) reflejaban la importancia de los alimentos de origen animal en relación con las necesidades dietéticas humanas y la escasa disponibilidad en su hábitat de cualquier tipo de animal con excepción del hombre.