Disección de un caballo, grabado del Cours d´Hippiatrique, ou traité complet de la médicine des chevaux, Philippe-Étienne Lafosse, París 1.772

miércoles, 22 de diciembre de 2010

LOS OTROS RIOS (II) Med. y Vet India





El concepto básico del culto hindú, ya hemos dicho, es el de la metempsicosis, transmigración de las almas de unos cuerpos a otros, que justifican su creencia en la migración del alma de un ser humano al cuerpo de un animal, lo que explica el enorme respeto que el hindú siente por los animales y que muchos de ellos sean considerados animales sagrados. De hecho, en la India los procedimientos de la medicina humana y de la medicina veterinaria tradicionales se hallan en pie de igualdad tal que sólo difieren, en la práctica, por la pertenencia a la casta sacerdotal de algunos médicos de humanos.

En los Veda se hallan numerosas referencias a ambas medicinas, en el Atharveveda se contienen las fórmulas mágicas de los exorcismos y conjuros, conteniendo 731 plegarias o encantamientos para el tratamiento de las enfermedades de los seres humanos y de los animales. El códice que podemos considerar realmente médico es el Aiurveda (conocimiento de la longevidad o de la vida), para sus recopiladores, la enfermedad emanaba (siguiendo la tradición mesopotámica) de la obra demoníaca de Písacos y Raksasas, cada enfermedad era traída por uno de estos diablos, que podía ser neutralizado, transformando en inofensivo, si se llegaba a conocer su nombre.

Los tratamientos se aplicaban por igual a seres humanos y animales, asociando los conjuros, ensalmos y extractos de plantas, la planta “Kustha” se utilizaba para curar la fiebre, la “Apanarga” para las enfermedades gastrointestinales, la “Arundhati” curaba al toro y era utilizada para devolver la leche a la vaca. La castración se utilizaba en los bóvidos y en los carneros, en el Veda se describen tres métodos para la castración:

El aplastamiento de los testículos entre dos piedras.

El aplastamiento del cordón espermático entre dos estaquillas de madera.

La creación de un hipospadias artificial mediante un cuchillo de piedra.

Según el Veda, son numerosas las plantas que se utilizaban como elementos curativos, para incrementar la producción de leche de los bóvidos y como coagulante de la leche. Hacia el siglo VIII a.n.e., del códice de Manu se desprende que los médicos eran ordenados por castas y que existían escuelas de medicina. Los animales estaban protegidos por ley de una forma tan amplia como las personas, la vaca es la madre del Dios Brama, Indra es el toro posesivo y fiero en las plegarias de Brahama, se citan algunas bestias antes que al ser humano, una de estas preces dirigida a Brama dice: “tú eres el que cura al buey, al caballo, de ti la curación para el hombre, de ti la salud para la cabra y la oveja”.

Cinco son los animales que pueden ser ofrecidos para el sacrificio, en orden decreciente de valor: el buey, el caballo, el hombre, el carnero, y la cabra. Con la llegada de Buda, la protección de los animales se acentúa y el “raja” (veterinario) pasa a ser un personaje muy importante, en los escritos de Sushruta, el más ilustre médico de la India, se niega el beneficio del tratamiento médico a los cazadores y a todo aquel que mate o capture animales con trampas, siguiendo la ley de Asoka, el soberano filósofo (270-222 a.n.e.) manda que todo ser humano seguidor de Buda nunca mate animales, en la segunda parte de su códice, Asoka anuncia haber creado dos clases de hospitales, uno para seres humanos y otro para animales, estos hospitales veterinarios (pasoukicisa) fueron establecidos en todo el reino y todavía existen.

El Mahavanma ó crónica Zingalesa, recuerda que el rey Duttha Gamani (161 a.n.e.), ordenó que hubiera un médico veterinario por cada 10 pueblos e hizo construir hospitales en los cruces de las principales vías de paso, en los que se pudiera curar tanto a los seres humanos como a los animales enfermos, en muchos casos, por ejemplo en Sri Lanka, la begum Buddhadasa (siglo IV a.n.e.) tenía médicos capacitados para curar tanto a los soldados de su ejercito como a los caballos y los elefantes (Hastyayurveda, es el tratado especial para los elefantes). El médico Charaka escribió un tratado de medicina veterinaria sobre las enfermedades del caballo, y otras dos obras sobre el tratamiento de las enfermedades de otros animales, Charaka vivió en el siglo IV a.n.e., fue médico del rey Kamiska y en su tratado recogió las nociones de la medicina veterinaria de todo el periodo védico, mucho más tarde, las ideas de Charaka pasaron a la medicina veterinaria árabe (albeytería) cuya influencia fue decisiva para el desarrollo de la veterinaria hispana (El “llibre dels caballs” de Díez , en la Sicilia medieval, esta directamente influenciado, cuando no es copia literal, del tratado de Charaka).

Los hindúes otorgaban una gran importancia a los aspectos externos de los animales, por ejemplo el pelo, la edad del animal se reconocía en la dentadura y en diversos tratados se describen las triquiñuelas que empleaban algunos tratantes de animales para embaucar a los compradores mediante la modificación de la dentadura de las bestias. El médico y el veterinario hindú practicaban la sangría, utilizaban vesicantes, la cauterización, la aplicación de sinapismos y diversos medicamentos, junto a esta medicina racional convivían los encantamientos y el empirismo.

En el Aiurveda los desequilibrios en la relación del individuo con el medio son las causas más importantes de enfermedad, el tratamiento médico tenía un sentido de ser una ayuda de los seres humanos al restablecimiento del orden del cosmos, un orden religioso, moral y físico, que la enfermedad había alterado. Concebía el mundo físico y psíquico como una unidad y una constitución común del macro y microcosmos a base de cinco elementos: el éter o vacío, el viento, el fuego, el agua y la tierra. Hay tres elementos biológicos o esenciales para la vida:

El viento, presentado como soplo o corriente del cuerpo, prama, idéntico al que recorre el universo.

El fuego, presentado bajo la forma de bilis

El agua, bajo la forma de pituita que recorre todo el cuerpo.

En la terapéutica se hallan desarrolladas la dietética, la farmacología y la cirugía, esta última en alto grado, incluso la cirugía plástica, de la que es continuación directa la cirugía plástica europea aparecida en la Italia medieval, la cirugía plástica se desarrolló por vía de los castigos de la religión que profesaban, ciertas faltas, como el adulterio, eran penadas con la extirpación de la oreja o de la nariz, para suplirlas se ideó la técnica de colgajos cutáneos sea del cuello o del cuero cabelludo. Como técnica anestésica se usaba la droga “sammohini” y la hipnosis, método que llevó a Europa desde la India el cirujano inglés Esdaile en la primera mitad del siglo XIX.

La cirugía aiurvédica fue la más notable y sus principales técnicas fueron: escisión, incisión, escarificación, puntura, vendaje, extracción, drenaje y suturas, los cirujanos tenían un rico instrumental quirúrgico que demuestra la habilidad y adelanto de las intervenciones de diversos tipos, cirugía plástica, oftalmología, amputaciones, y otras, y desinfectaban los instrumentos quirúrgicos, requieren más de 100 instrumentos quirúrgicos diferentes, y el uso de la sutura de hormigas, para suturar intestino con cabezas de grandes hormigas haciendo morder los bordes de las herida, también usaban cauterizaciones y cirugía de los cálculos renales por vía perineal.

Sushruta es el médico que nos dejó un tratado, el “Sushruta Samhita”, en el que desarrolla y perfecciona la rinoplastia, el labio leporino, las hernias, los cálculos vesicales y la cirugía de los ojos, principalmente cataratas, escribió: “Solamente la unión de la medicina y cirugía conducen al médico completo, el médico que carece del conocimiento de una de esas ramas es como un pájaro que sólo tiene un ala”; pertenecía al grupo de Ashirin, médicos formados por Prajapati “ señor de todas las criaturas” que fue creado por Brama “ el ser que existe por sí mismo”.

La aceptación de los Mandamientos de Charaka, eran un requisito preliminar al estudio y normas de conducta para el futuro médico en el ejercicio de su profesión, el Charaka Anhita un texto (que en algunos párrafos se remonta al tercer milenio a.n.e., si bien no sería el más antiguo de los textos de medicina pues el Nei-Jing chino se remonta al 2.600 a.n.e.) relata que el cuerpo humano tiene 360 huesos, que 80 son las enfermedades debidas al aire, 40 a la bilis, 20 a la flema, relata 8 diferentes enfermedades del estómago, 7 formas de lepra, 8 de retención urinaria, 6 de diarreas, 14 tipos de tumefacciones intestinales, también afecciones por gusanos, asma, enfermedades de la nariz, también que la orina en algunos casos es dulce, describiendo los síntomas de la diabetes: Sed, orina dulce y mucosa húmeda y prescribe dieta y régimen alimenticio sumamente detallado para su curación, relata el pulso y la auscultación, describe 500 fármacos entre ellos la Rauwolfia serpentina, de propiedades sedantes para el tratamiento de la cefalea y la mordedura de serpientes.

De acuerdo con las traducciones de Charaka, salud y enfermedad no están predeterminadas, y la vida puede prolongarse por el esfuerzo humano y el cuidado en el estilo de vida. Se atribuye a Charaka la siguiente cita: «Un médico que falla en entrar en el cuerpo de un paciente con la lámpara del conocimiento y el entendimiento, nunca podrá tratar enfermedades. Deberá primero estudiar todos los factores, incluyendo el entorno, que influencian la enfermedad, y luego prescribir tratamiento. Es mas importante prevenir una enfermedad que buscar su cura». Charaka fue el primer estudioso en presentar los conceptos de digestión, metabolismo e inmunidad. De acuerdo con su traducción de los Vedas, el cuerpo funciona porque contiene tres dosha o principios, llamados movimiento (vata), transformación (pitta) y lubricación y estabilidad (kapha). Los doshas son a menudo llamados «humores», producidos cuando la sangre, la carne y los huesos interactúan con el alimento consumido. Para la misma cantidad de alimento ingerido, un cuerpo produce dosha en cantidad distinta a otro cuerpo, por eso un cuerpo es diferente a otro. Además la enfermedad se produce cuando el balance entre los tres dosha se desequilibra. Para restaurar el balance Charaka prescribía drogas medicinales

Realizó las exploraciones anatómicas topográficas en cadáveres humanos sobre todas las estructuras. Fue el primero en descubrir el aparato circulatorio, alrededor del siglo III a. n.e., nominado desde entonces Mahatma Amar. Charaka estableció un método sobre prevención de la salud, funcional hasta la actualidad, por lo que es también considerado a nivel mundial como el padre de la Medicina Preventiva, la Cirugía Plástica y la Medicina Interna. A su vez Charaka fue pionero en manufacturar más de 113 instrumentos quirúrgicos, hasta la actualidad ciertos de sus diseños siguen siendo empleados en la práctica quirúrgica.

jueves, 16 de diciembre de 2010

Los otros ríos. (I)





Aunque quepa atribuir a los valles fluviales de la Antigüedad la fecundación de otras sociedades con semillas civilizadoras, las civilizaciones egipcias, y mesopotámica fueron perdiendo importancia y lo que quedó de su legado se fue transmitiendo a través de civilizaciones posteriores: La griega y la romana, en el caso egipcio, y la persa en el mesopotámico. Las otras dos grandes civilizaciones antiguas que florecieron en suelos aluviales, en la India y en China, tuvieron, a primera vista, efectos encontrados.

Los casos indio y chino, si los observamos con más atención, tienen un profundo rasgo en común: ambos consiguieron, o eso se ha dicho, ir más allá de sus entornos de origen para resituarse en otras áreas. Sin embargo, sus trayectorias fueron opuestas: La cultura del río Amarillo, de la que continuaremos hablando en otro momento, se expandió o filtró fuera de su valle de origen sin siquiera tener que sacrificar su continuidad, a pesar de las repetidas conquistas que sufrió desde el exterior y las transformaciones internas. En cambio, el mundo del Indo se desvaneció a excepción de unos pocos rastros superficiales o subterráneos.

En la práctica, la vida urbana y la agricultura intensiva que se adoptaron en los suelos aluviales del Indo parecen haber sido más frágiles que las de Egipto, Mesopotamia y China, muchos lugares sólo fueron ocupados con este grado de sofisticación durante unos pocos siglos, algunos fueron abandonados a principios del segundo milenio a.n.e. Pero las conclusiones a las que llegaron los primeros arqueólogos, según los cuales tales acontecimientos traumáticos podían comprobarse en Mohenjo Daro observando los huesos de las víctimas de masacres y los rastros de incendios de las murallas de la ciudad, resultaron prematuras, pocas de las supuestas víctimas de masacres presentaban heridas, la vida continuó en otros enclaves después de estas catástrofes hasta la segunda mitad del segundo milenio a.n.e.

El clima se fue haciendo más seco y, puede que las convulsiones tectónicas desplazaran el lecho de los ríos, el Saraswati, el principal afluente oriental del Indo, donde los asentamientos se habían concentrado notablemente antaño, desapareció ante el avance del desierto de Thau. Sin embargo, ni siquiera esto es suficiente para explicar el abandono de las ciudades, ya que año tras año el Indo sigue arrojando su espléndido limo sobre una enorme extensión de campos relucientes. Es muy posible que una crisis de suministro, relacionada con un proceso de desecación o con la mala gestión de los habitantes, también afectara a algunos recursos, como a la ganadería y a los productos de la zona de influencia de la ciudad, que servían como complemento al trigo y la cebada de los huertos, además, o alternativamente, puede que los habitantes escaparan de alguna plaga más mortífera que la endémica malaria que se puede detectar en los huesos enterrados.

Otra de las fuentes interesante del conocimiento de una cultura es su cementerio, generalmente ubicado en la parte occidental de las zonas de ritual, en algunas ciudades llega a tener ocho capas sucesivas de tumbas, de las que se han extraído cráneos de todo tipo evidenciándose una mezcla de razas, en cualquier caso el número de tumbas es muy inferior al de la población hipotética, por lo que no se puede soslayar a la incineración, presente en todas las posteriores religiones de origen indio, lo que todavía sigue siendo un misterio es la causa de enterramiento o incineración, o la selección de las personas para uno u otro rito, posiblemente, la admirable convivencia religiosa india se remonte a esta ancestral civilización. Por otro lado, una de las hipótesis más interesantes, en la que confluye la mayoría de los autores, es que la noción de reencarnaciones (samsara) denominada también teoría de la transmigración del alma o metempsicosis, se origina en este momento.

Como ya se ha dicho, el desgaste ecológico jugó un papel fundamental en el declive de esta cultura, pues la tala de bosques a lo largo de las cuencas de los ríos (principalmente el Indo), para cubrir la gran demanda de madera y desbroce de campos de cultivo, produjo aluviones y riadas cada vez más frecuentes y destructoras, ante estos ataques se respondía con prontitud y vitalidad (reconstrucción, nuevos cultivos,...), acrecentándose así la posterior violencia de estos mismos ataques, hasta que la rica llanura aluvial se convirtió en una árida estepa y en una tierra insalubre.

La genética muestra que las castas en India no se formaron hace 1000 o 2000 años, y son la causa de que India triplique la diversidad genética europea. Los individuos de cualquier casta, sin embargo, son una mezcla de los dos grupos humanos ancestrales -el sur y el norte- que colonizaron la India en la noche de los tiempos. Casi todos los indios provienen de dos poblaciones ancestrales claramente distinguibles, pero casi todos son una mezcla genética de ambas. Los distintos grupos indios han heredado del 40% al 80% de su genoma de una población a la que llamamos Indios Ancestrales del Norte, que están relacionados con los euroasiáticos occidentales, y el resto de su genoma lo ha hecho de los Indios Ancestrales del Sur, sin parentesco con ninguna población fuera de India.

Las castas y tribus se formaron después por aislamiento, y sus efectos son bien evidentes en el genoma. La diversidad genética en India es tres o cuatro veces mayor que la europea, por ejemplo. La explicación es que cada población india proviene de un pequeño número de individuos (el efecto fundador) y que ha permanecido bastante aislada desde entonces. Pero estos efectos fundadores han ocurrido en los últimos milenios -entre 750 y 2.500 años atrás-, mucho después de las colonizaciones ancestrales. Cada casta o tribu india sigue siendo una mezcla de individuos que a su vez son una mezcla genética de las dos poblaciones ancestrales.

Pese a que la mezcla de ancestros norte y sur es general, las proporciones varían, la mayor proporción de norte (hasta el 80%) es común en los hablantes indoeuropeos y las castas altas tradicionales. El sur predomina en las castas bajas que hablan otras lenguas. La excepción son los indígenas de las islas Andaman, que sólo tienen relación con los Indios Ancestrales del Sur, sin mezcla con el Norte. Los andamaneses son los únicos supervivientes de los primeros colonizadores de Surasia.

Hacia el año 1000 a.n.e., los arios estaban plenamente instalados en la India. Por esta época se consolidó una rígida división social en cuatro clases. Estaban los brahmanes (sacerdotes), los chatria (guerreros), los vaisya (ganaderos y comerciantes) y los sudra (los antiguos aborígenes de la India, ahora reducidos a la esclavitud). En un largo proceso que arranca incluso antes de la invasión, los arios fueron desarrollando una religión antecedente del actual hinduismo. Los brahmanes eran los únicos que podían conocer los ritos y los textos sagrados, conocidos como veda, o revelación, redactados en sánscrito pero no por escrito, sino que se transmitían oralmente. El dios principal era Visnú, también llamado Siva, quien se ocupaba del mundo a través de sus numerosas esposas, entre ellas la benevolente Parvati, la guerrera Durga y la destructora Kali. El hinduismo se refiere a su doctrina como sanatana-dharma, que significa algo así como "ley cósmica universal sin origen", pues, al contrario que otras religiones, el hinduismo no tiene ningún fundador renombrado. Uno de sus aspectos más destacados es la idea de los ciclos y la reencarnación. Por ejemplo, cuando un hombre muere, se reencarna en una de las cuatro clases según la medida en que hubiera respetado el orden cósmico en sus vidas anteriores. Así, bien mirado, las desigualdades por el nacimiento eran una expresión de la justicia universal.

Las acciones de un individuo que determinan su próxima reencarnación son su karma, pero el hombre cuenta con distintas vías para salir del ciclo de reencarnaciones (samsara) y llegar finalmente a la liberación (moksa). Puesto que todo pensamiento influye en el karma, una de las vías era el control del pensamiento mediante la meditación (la vía de la meditación). La principal técnica de meditación era el yoga. Por otra parte, estaba la vía de las obras, consistente en observar cuidadosamente los rituales tradicionales con la esperanza de acumular así un karma favorable y meritorio.

De la literatura védica, inmediatamente posterior, se deduce que los agricultores aborígenes ofrecieron una valerosa resistencia ante los invasores arios, sin embargo, a pesar de ser numéricamente superiores, no pudieron resistir las sucesivas oleadas de estos pueblos, expertos jinetes, conductores de carros y estrategas bélicos, que merecieron el sobrenombre de “destructores de ciudades” (purandara). También se menciona que eran seminómadas, de piel clara y nariz prominente, llevaban el pelo largo, apenas sabían de agricultura, desconocían el cultivo del arroz y del algodón, se asombraban ante el tigre y el elefante, sin embargo, dieron mucha importancia al león y al caballo, desde un principio, los conquistadores despreciaron a los conquistados, a los que denominaron dara o dasyu (esclavo) y, más peyorativamente “Chatos”, “oscuros” y “adoradores del falo”.

Este pueblo que se autodenominaba ario, procedía del Asia Central, expandiéndose hacia el sur y el oeste, surge del mismo tronco que los iranios, los hurritas mesopotámicos e, incluso los eire (irlandeses), el rasgo fundamental que los relaciona es el idioma: Sánscrito (denominado también por los indios devanagari ó “lenguaje de los dioses”), por lo que los filólogos prefieren el término sanscritización para referirse a este proceso intercultural.

Desde el año 600 al 300 a.n.e. aproximadamente, India presencia la consolidación de su orden social, la canalización práctica de todo pensamiento religioso y los primeros contactos con las entonces grandes potencias occidentales, Persia y Grecia, cuya conciencia histórica ayudará en gran medida a establecer los primeros datos básicos y servirá de modelo para la configuración del futuro imperio Maurya. El siglo VI a.n.e. corresponde a la gran crisis espiritual de oriente, pues, casi al mismo tiempo, Buda y Mahavira fundan respectivamente el budismo y el jainismo en India (entre otros muchos pensadores y doctrinas que no han sobrevivido), Persia ve surgir a Zarathustra y al zoroastrismo, y en China triunfan el taoísmo de Lao-zi y el confucianismo de Kongfuzi.

jueves, 2 de diciembre de 2010

LA CIENCIA EN MESOPOTAMIA (II)







En las tablillas de arcilla halladas en Shamra (Hugarit), hacia el 1.500 a.n.e., se halla la descripción de algunos tratamientos para las enfermedades de los caballos, y representaciones de tratamientos a basa de medicamentos introducidos por los ollares, pero antes, hacia el 2.000 a.n.e., en el código de Hammurabi, comenzamos a hallar muestras de alguna regulación en el ejercicio de la medicina veterinaria, las normas 224 y 225, regulan el estipendio a recibir o a pagar por el veterinario (Mounai- asu), si cura o no con sus prácticas al animal enfermo:

224- Si un médico de buey o de asno ha realizado una grave incisión sobre un buey o un asno y le ha salvado la vida, el propietario del buey o del asno pagará al médico, como salario, 1/6 de siclo de plata.

225- Si ha practicado una grave incisión sobre el buey o sobre un asno y le ha hecho morir, pagará al propietario del buey o del asno 1/5 de su precio.

En este documento excepcional queda perfectamente fijado el ejercicio de la profesión veterinaria, el código describe también la hemostasia, las cataratas, los partos distócicos, la reducción de luxaciones, el tratamiento de esguinces, etc., el desarrollo de la profesión médico-veterinaria, hace 4.000 años es tan elaborado que en el código están plasmadas las aspiraciones más actuales de todas las profesiones liberales, el establecimiento oficial de tarifas y honorarios, no todas las profesiones pueden exhibir unos orígenes tan documentados y tan explícitos.

El código de Hammurabi contiene además información extraordinariamente relevante para profundizar en la verdadera naturaleza de la profesión veterinaria, por una parte, se aborda y se describe el alojamiento de los animales y se reglamenta el pastoreo, es decir, desde el “documento fundacional” la profesión veterinaria no es solamente medicina-veterinaria. Más importante, más sorprendente y más preñado de consecuencias para la profesión veterinaria y para las profesiones sanitarias, es el hecho de que en el Código se establece el concepto jurídico de redhibición, en veterinaria legal, éste es un concepto fundamental: los animales que, teniendo un defecto, enfermedad o lesión ocultos, sean objeto de venta, pueden ser devueltos al dueño anterior, si se manifiesta dentro de cierto plazo, (esto es válido también para las transacciones de esclavos).

Amplio predicamento alcanzó la medicina en Babilonia, practicándose al igual que en Asiria bajo dos enfoques: el mágico, cuyos remedios eran dispensados por el ashipu, y el pragmático, en manos del a.su. Textos de variada índole nos han trasmitido largas listas de productos y materias usadas como curativos, así como textos con recetarios, prescripciones y formulaciones (“Tratado médico”, de época cassita, con 40 tablillas), las prácticas quirúrgicas, si bien elementales, están atestiguadas en numerosas inscripciones y sobre todo en el Código de Hamurabi, sin embargo, hay que decir que la medicina estuvo constreñida generalmente por la teoría demoníaca de las enfermedades, creyéndose que se debían a la posesión de un demonio concreto, una serie de amuletos, fórmulas, conjuros y sortilegios se empleaban como medicina preventiva.

En la cultura asirio-babilónica la enfermedad es siempre castigo de los dioses, es una impureza moral, en definitiva un pecado, la enfermedad (shertu) es fruto de la transgresión, de la rebeldía ante la divinidad, los mecanismos de castigo que utiliza la divinidad son tres: actuación directa, abandono o encantamiento por un hechicero, en el caso de los animales el castigo se recibe a causa de los pecados de su dueño o pastor. En la cultura asirio-babilónica el tratamiento es fundamentalmente penitencial, se basa en exorcismos, plegarias, ofrendas y sacrificios.

Pero no solamente los tratamientos médicos eran ritos mágicos y religiosos, utilizaron hasta 250 variedades de plantas medicinales, sustancias minerales y sustancias animales, emplearon el masaje, el calor y múltiples tratamientos quirúrgicos, curación de heridas, evacuación de accesos, flebotomías, amputaciones, trepanaciones y operaciones de cataratas, actos médicos que son relatados en las tablillas. Herodoto (186 a.n.e.) refiere que: “Los babilonios traían a sus enfermos al mercado y los paseantes daban su opinión para el tratamiento“, lo más importante era que los enfermos, sus familiares o sacerdotes gravaban en tablillas los síntomas y los tratamientos y así se crearon los mejores archivos médicos.

En la medicina mesopotámica la dolencia es un castigo divino, originado, como ya se ha dicho, por una falta, por eso la intervención del médico o sacerdote se iniciaba con una confesión doliente, y la curación tenía un tinte de purificación y a través de una catarsis, y atribuida al contenido mágico del medicamento, algunos aspectos de esta medicina, al igual que la grecorromana o la egipcia, surgen de la mitología, desde Mesopotamia se ha utilizado la serpiente como símbolo médico, que tiene su origen en la leyenda sumeria del héroe Gilgamesh que se basaba en la figura de un rey sumerio del tercer milenio con múltiples aventuras, una de las cuales refiere que Gilgamesh se sumerge en el fondo del mar para recoger la planta de la eterna juventud, a su regreso, en un momento de descuido, una serpiente le roba y engulle la planta, rejuveneciendo, mudando su piel y por eso curaba enfermedades.

El arte médico babilonio se reunía en tres categorías de sacerdotes, pero sólo una trataba directamente al enfermo, Baru se ocupaba del diagnóstico, causas de la enfermedad y del pronóstico, Ashipur es el exorcista que arroja los demonios de la enfermedad, y A. su, el sanador el verdadero médico que suministraba los medicamentos, cuatro mil años hace que los médicos-sacerdotes utilizaban:

- El interrogatorio: examen de conciencia y catarsis.

- La adivinación, usando el fuego, el polvo, la astrología, los sueños y su interpretación y la hepatoscopia, porque consideraban al hígado como la fuente de la vida, existen representaciones de hígado de arcilla con divisiones y señales para poder identificar las lesiones.

- Los Augurios médicos, para predecir el futuro del enfermo y se derivaban de la inspección de la orina, de la expresión facial y de la inspección de la sangre de las sangrías, para determinar los indicios de la recuperación o muerte, y la expulsión o no de los demonios de la enfermedad.

- La higiene, los babilonios fueron precursores de la higiene personal y pública, utilizaron la profilaxis, al separar a los leprosos, expulsándoles de las ciudades y creando comarcas especiales para ellos, la lepra ya era, en esas épocas, una enfermedad endémica.

Pero los tratamientos eran realizados por el sacerdote-médico-sanador, el A.su (en sumerio), médico-sacerdote “que conoce las aguas”, que sabía leer y escribir y conocía la religión.

jueves, 25 de noviembre de 2010

LA CIENCIA EN MESOPOTAMIA (I)







Numerosos pueblos, como hititas y hurritas, invadieron en la antigüedad el Asia Menor y Mesopotamia, todos ellos se establecieron en aquellos territorios, aunque finalmente desaparecieron bajo el impulso de otros invasores. Hacia el año 2.000 a.n.e., los amorreos invadieron Mesopotamia desde el oeste y el sur en busca de pastos, pronto se fusionaron con la población local, adoptando muchas de las costumbres acadias, revitalizaron las ciudades-estado mesopotámicas, enzarzadas en continuas disputas y ascendieron hacia el norte en dirección a Assur, en 1.814 a.n.e., un príncipe amorreo había formado el reino de Asiria que aterrorizaría al mundo durante más de mil años.

Otros amorreos, acostumbrados a la vida nómada, se adaptaron con mayores dificultades y mantuvieron una vida semiambulante, probablemente el bíblico Abraham fue uno de ellos y prosiguió su migración hacia el oeste. El sexto miembro de la dinastía amorrea de Babilonia pasó a la historia con el nombre de Hammurabi, subió al poder en el año 1.792 a.n.e., Hammurabi murió en el año 1.750 a.n.e., sin que sus sucesores pudieran sostener el imperio, acosado por los cassitas y los hurritas, que combatían en formaciones de carros de guerra. En 1.513 a.n.e., el rey hitita Mursil I saqueó Babilonia, y, en 1.530 a.n.e., la ciudad fue dominada por los cassitas, una tribu procedente del actual Irán, pero no pudo dominar toda la región de Mesopotamia, a causa de la resistencia que presentaron los asirios.

En 1.160 a.n.e., los cassitas fueron derrotados por los elamitas y estos se adueñaron de Babilonia, éstos últimos fueron expulsados en 1.137 a.n.e. por Nabucodonosor I, cuyo reino ya sí se extendió a toda Mesopotamia, sin embargo, cuando murió, Babilonia pasó a manos de los asirios. El dominio asirio perduró a pesar de que los habitantes caldeos promovieron numerosas sublevaciones, siempre ahogadas en sangre.

Asiria fue el pueblo antiguo con una técnica militar más avanzada, siendo el más belicoso hasta la aparición de los romanos, aterrorizó Oriente Medio durante cerca de seis siglos, hasta que una coalición derrotó a su ejército y lo hizo desaparecer. En cualquier caso, hay que ver en su imparable ascenso factores tanto culturales (los asirios pasaron de comerciantes a expertos guerreros en una sociedad militarista) y económicos (posesión de medios de producción y floreciente comercio) como de coyuntura política (situación internacional favorable en no pocas ocasiones), la suma de todos estos factores posibilitó la gran expansión territorial de Asiria y su diseño como Imperio.

Es muy difícil evaluar la economía asiria, dada la documentación existente, su carácter parcial o incompleto y la relatividad de los programas económicos que se pueden deducir del material que nos ha llegado. Haciendo del problema un todo unitario, los especialistas han señalado que la economía asiria se basó en la agricultura, la ganadería y el comercio, la agricultura, con las fluctuaciones y los problemas derivados de las extensas zonas dedicadas a tal actividad, permitió el excedente necesario (cereales, sésamo, vid y productos de huerta) para la manutención del ejercito, al menos en las primeras etapas del imperio asirio, y el abastecimiento de las ciudades.

La ganadería (Assur-dan II a finales del siglo X a.n.e., le dio un gran impulso) fue también importante, dada la riqueza de pastos de las colinas y prados de las zonas norteñas del enorme territorio que logró reunir Asiria: Caballos (muy importantes a partir del siglo XIII a.n.e.) asnos, vacuno, ovino, destacaron por su cantidad y calidad, como nota curiosa debemos señalar la introducción del camello árabe que, si bien ya era conocido, se aclimató en Asiria sólo a partir del siglo VI a.n.e. El comercio fue, si cabe, la actividad económica más importante, controlándolo prácticamente durante toda su historia grandes familias de Assur y de otras capitales. Las invasiones arameas provocaron serias alteraciones económicas, hasta el extremo de modificar la propia naturaleza comercial asiria, de un negocio de importación-exportación, basado al comienzo en el trueque, se pasó al más rentable y seguro del simple transporte de mercancías.

Los escribas asirios, junto a la copia de textos literarios, también se ocuparon de los textos científicos, dado el afán enciclopédico de su cultura y el enfoque de sus bibliotecas reales. Dichas copias, que no aportaron nada original, demuestran, sin embargo, intentos de sistematización. Entre las ciencias, se cultivaron especialmente la astronomía, la medicina, la farmacología y la matemática, sin embargo, los conocimientos aportados por los asirios a esas ramas del saber apenas modificaron los de la etapa sumeria anterior y los de la babilónica coetánea.

La medicina apenas progresó con los asirios, sin embargo, junto a la práctica medica usual, que descansaba en presupuestos mágicos (manipulación del agua, fuego, cuerdas, nudos, amuletos y fórmulas de conjuro), también se enfocaron la curación de algunas enfermedades mediante la aplicación de remedios físicos y a base de una reducida, pero práctica, farmacopea empírica, consistente en hierbas, productos animales y unas pocas sustancias minerales, el personal encargado de las actividades médicas a la vieja usanza fueron los adivinos (baru) y los exorcistas (ashipu), mientras que los que practicaron la medicina racional recibían el nombre de asu (médico), algunos de éstos tuvieron justa fama, como Arad-Nanna, médico personal de Assurbanipal.

La economía de Babilonia descansó a lo largo de su historia en cuatro pilares fundamentales: la agricultura, la ganadería, los productos manufacturados y el comercio, actividades regidas, tuteladas e incentivadas por las dos grandes instituciones económicas de su Imperio: el palacio y los templos.

La agricultura babilónica fue en líneas generales, muy próspera, a pesar de la progresiva salinidad de las tierras mesopotámicas, dada la buena utilización de sus recursos hidráulicos, convenientemente desarrollados, lo cierto es que la producción de cereales, sobre todo cebada y trigo, fue considerable, también el cultivo del sésamo, para la obtención de aceite, y de la palma datilera (básica en la civilización del Próximo Oriente) gozaron de amplio cultivo, en algunos casos regulado incluso por ley. Se criaron también buenos rebaños de bovinos en los amplios pastizales y de ovino en las estepas, el asno fue otro animal de gran importancia económica y el caballo no se llegó a difundir y a utilizar más que a partir de la época cassita, jugando, desde entonces, un gran papel socioeconómico, la industria que se articuló en torno a dicho animal.

Desde el punto de vista jurídico, la edad de oro del Derecho en Mesopotamia coincidió con las primeras etapas de la historia de Babilonia, según prueban la serie de códigos que nos han llegado, junto a los millares de tablillas conectadas también con el campo del Derecho en sus distintas ramas.

La obra cumbre fue, sin embargo, el código de Hammurabi, que nos ha llegado prácticamente intacto en una estela de diorita (hoy en el Museo del Louvre), tal monumento jurídico, el “corpus” legislativo más célebre del antiguo mundo oriental, y aún de toda la Antigüedad, quedó ordenado siguiendo los modelos anteriores: prólogo, cuerpo legal y epílogo. El cuerpo legal, que carece de ordenación sistemática, desarrolla, a lo largo de los 282 artículos conservados, materias como infracciones procesales, estatutos de propiedad, beneficios y obligaciones derivadas de feudos militares, relaciones de posesión y de otras especies, préstamos y negocios mercantiles, matrimonio y familia, sacerdotisas, adopción, aborto y lesiones corporales (recuérdese el famoso ojo por ojo y diente por diente), médicos, arquitectos y banqueros, asuntos agrícolas y ganaderos con sanciones penales, salarios y alquileres y por último, compraventa de esclavos.

martes, 23 de noviembre de 2010

CABALLOS (v)







Los artesanos hititas, llamados “hombres de la herramienta”, gozaban de gran consideración porque de ellos dependían los carros de guerra, las armas y el trabajo del hierro, nuevo y misterioso material capaz de cortar el bronce, aunque difícil de fabricar porque los hornos debían alcanzar una temperatura muy superior a los 1.200 grados. Descubierto en las montañas anatolicas, su elaboración era secreto de estado y su naturaleza preciosa lo hizo escaso entre los ejércitos hititas cuyas grandes victorias se debieron más a la organización de sus cuerpos de carros que a las armas del maravilloso metal, sólo los nobles estaban armados con espadas de hierro.

La historia de la cetrería forma parte de la historia de la domesticación de los animales, por lo que sus orígenes se pierden en la noche de los tiempos. Parece ser, por los restos iconográficos que han sobrevivido, que se debió de originar en las planicies de la Turquía asiática a partir del siglo XIII a.C., pues así lo demuestra un bajorrelieve, en el que se ve a un personaje que lleva en su mano derecha una ave de rapiña y sujeta a las piuelas con la mano izquierda.

En otra estela hitita, descubierta en Cilicia y fechada también en el siglo XIII a.C., se puede ver el escriba Tarhunpija de pie sobre el regazo de su madre mientras sujeta con la mano izquierda las piuelas de un ave de rapiña. Los asirios también nos han legado pruebas gráficas de que practicaban la cetrería, en un bajorrelieve procedente de Nínive y fechado en el siglo VIII a.n.e., se ve a un cazador con un ave de rapiña en su mano derecha que está aleteando.

Los hititas eran hombres con talento, de origen indoeuropeo, impusieron su cultura a los pueblos que dominaron y que ya estaban curtidos en la tecnología del metal, fueron ellos quienes, a partir de los recursos del hierro de Anatolia, extrajeron por fusión, por primera vez, el hierro de su mineral. Considerando que el hombre ya había estado en contacto con los metales durante unos 7.000 años, puede parecer extraño que en todo aquel tiempo no hubieran explotado el hierro, pero esto es fácil de explicar, el hierro necesitaba una temperatura de fusión de 2.000º C, el hierro tenía que estar al rojo vivo para que fuera maleable, las impurezas del hierro tenían que sacarse por martillado mientras el metal esta todavía incandescente. Los herreros no pudieron trabajar el hierro eficazmente hasta que no dispusieron de una especie de tenazas con las que poder coger el metal incandescente.

El hierro nativo es muy escaso, se encuentra principalmente en meteoritos, y los meteoritos que alcanzan la superficie terrestre son pocos y muy alejados entre sí, sólo las sideritas, los meteoritos comúnmente utilizados por los antiguos herreros del próximo Oriente, están casi completamente formadas de hierro, así se explica que los sumerios llamaran a esta forma de hierro “metal del cielo”, y no es extraño que en el mundo antiguo se le atribuyera un valor superior al oro. Las sideritas, los meteoritos metálicos, son de todos los tamaños, desde bolitas que pesan algunos gramos hasta enormes masas de cientos de toneladas.

El estudio de las costumbre de culturas primitivas ofrece algunas interesantes indicaciones. Durante generaciones, hasta hace poco, los fabricantes de útiles esquimales habían estado extrayendo pequeños trozos de hierro de tres meteoritos que se llamaban la Tienda (36 toneladas), la Mujer (3 toneladas) y el Perro (0,5 toneladas), martillando repetidamente sus bordes con percutores de piedra, después cogían las piezas rotas, cada una de ellas de cerca de un centímetro, y las acuñaban en ranuras abiertas a lo largo de hueso o colmillos de morsa para construir una especie de cuchillo aserrado. Mas al sur, los indios americanos trabajaron aparentemente meteoritos del mismo modo, introduciendo cinceles de cobre en las hendiduras para desprender trozos de metal, en el norte de México, en el famoso meteorito La Descubridora, que pesa unos tres quintos de tonelada, se descubrió una hoja rota de un cincel de cobre clavada en él.

Pero cuando el hombre empezó a fundir el hierro a partir de minerales, en vez de desmenuzar el metal de los meteoritos, todo cambió, el hierro, al ser tan abundante y tan fácil de extraer, acabó reemplazando al cobre y al bronce como material para la fabricación de útiles.

Los óxidos de hierro comunes, (hematites, limonita y magnetita), eran ya ampliamente utilizados en todo el mundo antiguo, la hematites, por ejemplo, en forma de ocre rojo, servía de pigmento utilizado para dar color a las cerámicas y para aplicar a los cuerpos de los muertos, devolviéndoles el color de la vida, además, el óxido de hierro, en cualquiera de sus tres formas, era frecuentemente utilizado en la fundición del plomo y del cobre, operación en la que el hierro combinaba con la sílice mineral para formar una escoria que se derretía y era finalmente evacuada, si el horno estaba lo suficientemente caliente existía una atmósfera reductora, quizás se producirían pequeños trozos de hierro relativamente puro, junto con plomo, durante el proceso de fundición.

En un horno primitivo, la obtención de una temperatura elevada y de un volumen de monóxido de carbono apropiado sólo podía conseguirse a expensas de grandes cantidades de combustibles, los primeros hornos para fundir hierro, ineficaces en cuanto al diseño, probablemente requerían 4 Kg de carbón de leña para obtener 1 Kg de hierro fundido, no es extraño que las colinas de los territorios del Próximo Oriente donde se fundía el metal quedaran finalmente desprovistas de sus bosques de acacias y pistachos, las demandas de combustible, en la antigua Edad de Hierro modificaron radicalmente el medio ambiente, disminuyendo la fertilidad del suelo, erosionándolo y ahuyentando a los animales que dependían del arbolado para su supervivencia.

El producto final era un bloque esponjoso, calcinado y negruzco, técnicamente, estos hornos corresponderían a los primeros modelos conocidos con el nombre de hornos de zamarras, uno de los dos tipos clásicos utilizados para la extracción del hierro a partir de mineral, de hecho, es el único modelo de que habrían podido disponer los antiguos fundidores, tanto del próximo Oriente como de Europa, el segundo tipo, el alto horno, no apareció en Europa hasta el siglo XIV. Algunos expertos creen que los hititas habrían monopolizado la fundición del hierro, otros dicen que ellos simplemente estuvieron mejor organizados que sus contemporáneos cuyas necesidades de hierro iban en aumento.

Desde sus fraguas los hititas hicieron llegar el hierro a clientes de Egipto, de Siria, de Irán y de las ciudades fenicias de la costa libanesa. Quizás era una industria estacional, los hombres que recogían y procesaban el mineral podían muy bien ser agricultores “nocturnos”, que cuando llegaba el invierno producían metal para que el rey lo almacenara “bajo sello” en sus almacenes, aquellos campesinos trabajadores del hierro debieron de extender su conocimiento de la fundición del hierro en todas direcciones, expulsados de sus tierras cuando el imperio hitita fue invadido hacia el 1.200 a.n.e., por bárbaros europeos, los supervivientes se refugiaron donde pudieron, desde entonces la producción de hierro aumentó considerablemente en todo Oriente Próximo, y los centros de producción de hierro se extendieron hasta Grecia, Siria e Italia, gracias quizá a los conocimientos trasmitidos por los herreros hititas expulsados.

jueves, 18 de noviembre de 2010

Los caballos (IV)






En cuanto al origen del carro ligero, es más sencillo analizar la estructura y funcionamiento del carro ligero que desentrañar su lugar de invención. Ningún grupo étnico o lingüístico concreto parece haber sido el maestro innovador en la historia del carro en la Edad del Bronce del Próximo Oriente. Una diversidad de gentes y circunstancias explican probablemente la naturaleza gradual e incremental de los cambios observables en la evidencia disponible, por inadecuada que ésta sea. La continuada innovación tecnológica del tipo visible en estos vehículos parece más probable en los talleres palaciales donde, en tiempos de conflicto, existía una acuciante necesidad de armamento mejorado. No parece pues que indoeuropeos o hurritas-mitannios hayan sido responsables en exclusiva de esta innovación.

Es en Egipto donde conocemos la mayor cantidad de datos sobre estos carros, por la enorme cantidad de relieves y pinturas conservados en templos y tumbas, y por la sequedad de un clima que ha favorecido la preservación de bastantes carros en tumbas tebanas, en especial los seis hallados desmontados en la de Tutankamon. Sin embargo, la cuestión de la introducción del carro y del caballo en Egipto ha hecho correr ríos de tinta. Tradicionalmente se ha asociado a la penetración de los hicsos en el Segundo Periodo Intermedio, c. 1650-1540 a.n.e. Ahora bien, todo indica que estos hicsos no eran étnicamente homogéneos, sino que incluían elementos amoritas, hurritas e incluso arios –según algunos estudiosos-, y tampoco invadieron Egipto sino que se infiltraron en el Delta a lo largo de un periodo prolongado. Muchos investigadores creen que el caballo se introdujo en el momento final del periodo hicso, coincidiendo con su expulsión por parte de los príncipes tebanos que fundaron la Dinastía XVIIII y el Reino Nuevo: Hicsos y egipcios habrían adquirido los carros de manera casi simultánea. Pero el esqueleto de caballo más antiguo hallado en Egipto, datado en torno al 1640 a.n.e., procede paradójicamente del extremo Sur del país, en Buhen, donde los hicsos no llegaron nunca y es un siglo anterior a su expulsión. Más fácil resulta explicar los restos de caballo hallados en la capital hicsa de Avaris-Tell el Daba, en el Delta, donde se conocen restos de équidos de la primera fase de la dominación hicsa, hacia el 1650- 1600 a.n.e.

Los textos más antiguos referentes al empleo de estos carros aluden a su uso para ceremonias, ostentación y recreo o para un transporte digno, rápido y relativamente confortable. Estos usos pudieron anteceder hasta en dos siglos a su empleo militar efectivo. Así, una carta hallada en Mari y fechada hacia el 1800 a.n.e., presenta a Shamsi-Adad I escribiendo a su hijo, el rey de Mari Iasmakh-Adad pidiendo un carro y un tiro de caballos para emplearlo en el Festival de Año Nuevo (akitu) en Asur. Poco después, el rey Zimri-Lim de Mari escribía a su homólogo de Karkemish, Aplachanda, pidiendo un tiro de caballos blancos. A lo que el rey menor le respondió que carecía de caballos blancos, pero que confiaba en poder mandarle castaños de Kharsamna, una región del Sureste de Anatolia. Algún siglo más tarde, cuando un rey mitannio o cassita escribía al faraón de Egipto, saludaba en la correspondencia diplomática formalmente al faraón “y a sus esposas, carros, caballos, nobles...”, y habitualmente en ese orden. Las cartas del archivo real de Tell el Amarna en Egipto muestran que los carros eran objeto de regalo entre reyes. De este modo, y poco a poco, los soberanos llegaron a enorgullecerse de su trabajo con los caballos, como lo expresó Amenofis II en una estela hallada cerca de la esfinge de Giza: “cuando era joven amaba sus caballos y se alegraba en ellos [...] entrenaba caballos sin igual: no se cansaban cuando él tomaba las riendas, y no sudaban ni siquiera al galope”.

Así, los hombres configuraron al caballo, y poco a poco se aproximó el día en que los montarían con regularidad, la prueba más antigua que se conoce de que alguien lo hizo, descubierta en una tumba egipcia de 1.350 a.n.e., es la figurilla de madera de un caballo montado por un palafrenero, además, en unas escenas egipcias de batalla, talladas en monumentos que fueron terminados hacia el año 1.300 a.n.e., figuran jinetes ocasionales, algunos de ellos, aparentemente, correos, otros, enemigos derrotados que huyen de la carnicería en caballos soltados de los carros. Lo interesante de todos estos hallazgos es que muestran un método deficiente de montar: los hombres usan el llamado asiento de asno, es decir, se sientan muy hacia la grupa del caballo, además al sentarse en la grupa de un animal pequeño daba al jinete un poco más de altura para evitar que los pies tocaron el suelo.

Después del siglo XIV a.n.e., las representaciones de caballos montados se hicieron cada vez más comunes, pero todavía se ve que se les montaba desmañadamente, así, por ejemplo, los jinetes asirios del siglo IX a.n.e., necesitaban escuderos que marchaban a su lado y manejaban sus monturas a fin de que ellos tuvieran libertad para usar sus armas. Pasó más de un siglo antes de que los asirios, que aprendieron de jinetes más hábiles, empezaron a sentirse a sus anchas a caballo, pero debe de haber sido un aprendizaje muy penoso: La silla contorneada que conocemos no apareció sino hasta el siglo IV de nuestra era, y los estribos, hasta el VI, los primeros jinetes sólo ponían mantas sobre sus monturas para suavizar la cabalgata, y les colgaban, sueltas, las piernas.

Aproximadamente desde 1.400 a.n.e., Mitanni quedó emparedada entre dos pueblos en ascenso: los asirios al este y los hititas al oeste. Hacia el año 2.000 a.n.e., llegaban del Cáucaso dos nuevos pueblos, los hititas y los luvitas, que se instalaron en la cuenca del río Halys, en el área central de Asia Menor, habitada desde unos 400 años antes por los pueblos llamados protohititas. Tanto en el frente sur, contra los egipcios, como en el este, ante los asirios, los ejércitos hititas lucharon con la superioridad proporcionada por sus escuadrones de carros de guerra, apoyados por una eficaz infantería y los primeros esbozos de fuerzas de caballería, hasta entonces desconocidas en el área.

martes, 16 de noviembre de 2010

Los caballos (III)






En el Oriente Medio, donde se desarrolló por primera vez el arte de la domesticación y tuvo su origen la rueda, al principio no había caballos para el acarreo, los pueblos civilizados que vivían en el valle del Tigris y del Eúfrates, en Mesopotamia, usaban el buey y una variedad de asno llamada onagro, el buey se le dirigía con la voz y la aguijada, y ambos animales se prestaban a ser gobernados con un anilla que les traspasaba la nariz.

Según parece, el caballo llegó al Oriente Medio hacía el año 2.000 a.n.e., y como era algo nuevo y extraño, se le conocía por “el asno de la montaña”, es de presumir que los pastores habían aprendido a usar los caballos para tirar de trineos de carga o carretas ligeras y a dominar a los animales con una muserola, una correa o cuerda que rodeaba el hocico del animal y se sujetaba con una banda que le pasaba detrás de las orejas, la anilla que guiaba los movimientos de los bueyes y los onagros habría provocado el pánico en un animal tan excitable como el caballo. Pero hubo algo, aparte del temperamento del animal, que retardó su uso como montura: el pequeño tamaño de los primeros caballos domesticados, los animales tomados de las manadas salvajes que recorrían las estepas centrales y occidentales probablemente no excedían de lo que viene a ser poco más de 1,20 metros, es éste el tamaño medio del caballo de Przewalski, única especie salvaje que sobrevive en nuestros días.

Sin embargo, estos caballos pequeños demostraron ser muy superiores a los onagros para tirar de los carros de guerra, y en este papel el caballo se hizo común en el Oriente Medio durante el segundo milenio a.C., según descripciones que se remontan al 3.000 a.n.e., en Mesopotamia los vehículos de cuatro y de dos ruedas eran muy limitados. Andando el tiempo los caballos reemplazaron a los onagros para tirar de los carros, no sólo eran más fuertes, sino también más rápidos, con la introducción de la rueda de rayos, más ligera, hacia el año 1.700 a.n.e., el carro no fue ya un pesado y ruidoso vehículo, sino que estaba en camino de convertirse en una rapidísima plataforma para el guerrero.

La línea temporal de expansión histórica del carro sería:

4500-4000 a.n.a.: cultura de Sredny Stog, cultura de Dnieper-Donets, domesticación del caballo (1ª oleada).

4000-3500 a.n.a.: la cultura de Jamna, la cultura prototípica de constructores de kurganes, emerge en la estepa, y la cultura de Maykop en el Cáucaso septentrional. Los modelos de lengua Indo-Hitita postulan la separación del protoanatolio con anterioridad a este período.

3500-3000 a.n.e.: La cultura de Jamna se encuentra en el culmen, siendo representativa de la reconstrucción clásica de la sociedad protoindoeuropea, con ídolos de piedra, proto-carros de dos ruedas para équidos, estructura familiar patriarcal, además de asentamientos permanentes fortificados en posiciones elevadas. Subsisten de la agricultura y la pesca. El contacto de la cultura de Jamna con las culturas de la Europa neolítica tardía dan como resultado las culturas kurganizadas del ánfora globular y de Baden (2ª oleada). La cultura de Maykop muestra las evidencias más antiguas del inicio de la Edad de Bronce, y artefactos y armas de bronce se introducen en el territorio de Jamna.

3000-2500 a.n.e.: La cultura de Jamna se extiende por toda la estepa póntica (3ª oleada). La cultura de la cerámica de cuerdas se extiende desde el Rin al Volga. Se corresponde con la última fase de unidad indoeuropea, la vasta región "kurganizada" se divide en varias lenguas y culturas, todavía en débil contacto permitiendo la difusión de tecnología y préstamos antiguos entre los grupos, excepto las ramas anatolia y tocaria, que ya estaban aisladas.

2500-2000 a.n.e.: La separación en protolenguas de los diferentes dialectos conocidos se completa. El protogriego se habla en los Balcanes, el protoindoiranio al norte del mar Caspio, en la emergente cultura de Andronovo. La Edad de Bronce alcanza Europa Central, con la cultura del Vaso Campaniforme, probablemente compuesta de varios dialectos. Las momias de Tarim se corresponderían con los proto-tocarios con gran posibilidad.

2000-1500 a.n.e.: Se inventa el carro de guerra con caballos, lo que posibilita la división y rápida expansión de las lenguas iranias e indoarias desde el complejo arqueológico bactriano margiano a grandes regiones de Asia central, India septentrional, Irán y Anatolia oriental. El proto-anatolio se separa en hitita y luvio. La cultura pre-protocéltica de Unetice desarrolla una activa industria del metal (disco celeste de Nebra).

Este progreso en el diseño del carro estuvo acompañado por otro gran adelanto tecnológico: la adición de frenos a la muserola, hechos de cuero, cuerda y, más adelante, de metal, con quijera para fijar las riendas, a medida que el carro de combate se convertía en instrumento de comunicación, y no sólo de guerra, los pueblos conquistadores como los hititas, los asirios y los egipcios pudieron aprovecharlos para construir imperios más vastos y más cohesivos. Al aumentar la necesidad de carros de guerra, aumentó también la de caballos más grandes y vigorosos, y los hombres, en su domesticación de los animales empezaron a aumentar el tamaño de caballo mediante selección y cría.

El primer intento reseñable en el progreso paulatino del sometimiento equino, parece pudo ser atar una soga ó cordel a modo de lazo al cuello, actuando al tirar el conductor sobre el animal como ahogadero. De este modo, al tensar la soga se presiona el propio cuello, colapsa parcialmente la tráquea, y en parte por el dolor o por la progresiva dificultad respiratoria que esta interferencia ocasiona, el équido desiste en su locomoción. Sin embargo, el uso de esta burda forma de atadura, que buscaba preferentemente el frenado de la marcha del animal, no debió resultar muy satisfactorio, ni tampoco duradero en el tiempo.

Un ahogadero a nivel nasal se describe en textos egipcios, utilizado especialmente en el asno. Consiste en una atadura mediante una muserola sobre el hocico. A esta muserola se atan dos cordeles de conducción (riendas), que al tensar una o ambas obligan a bajar la cabeza, a la vez que al presionar sobre los cartílagos de la nariz, se les infieren dolor y colapsa el paso de aire respiratorio.

Este tipo de cabestro en el hocico, que hoy aún conocemos como jáquima, tuvo mayor pervivencia de uso, pues la muserola, con diversas variantes, ha sido combinada con el bocado, al que más adelante nos referiremos, con el objetivo de hacer más severo el castigo y obtener un mayor sometimiento. Para ello, a la primitiva muserola se les incorporaron púas o pernos que accionaban la región nasal. Una modificación aún más severa de estas muserolas, fue realizada por los íberos, quienes la convirtieron en lo que ha llegado a nuestros días como serreta. La serreta, era utilizada de modo habitual en la monta a la jineta que se practicó en el Al Andalus medieval.

Sin duda el modo más eficaz para el dominio de un caballo se produce mediante el uso del bocado, un arnés que aún en nuestros días sigue vigente. El mismo, consiste en un dispositivo rígido que ocupa el espacio interdentario existente entre los incisivos y premolares maxilar (superior) y mandibular (inferior). Este dispositivo se mantiene mediante unos soportes laterales que lo acomodan a la boca e impiden su expulsión. Dichos soportes laterales, las camas, se adaptan a la comisura labial y también a los carrillos, para, desde unas argollas, enlazar las riendas que controla el jinete. En principio el dispositivo utilizado como filete, era de madera dura, hueso, asta, o de algún material lo suficientemente resistente como para soportar la presión y tracción de la boca del caballo, pero llegado la edad de los metales, sin duda, se impusieron estos otros materiales más resistentes.

Inicialmente, el bocado, era una pieza rígida cuyos soportes actuaban para el sometimiento del animal sobre las comisuras labiales, y también dada sus primitivas ataduras sobre la porción incisiva mandibular. Incluso es bastante probable que la atadura de una correa a estas barras inferiores, fuera simultáneo e incluso previo, a la incorporación del soporte en el interior de la boca.

Al bocado, para su mejor colocación y estabilidad en la boca, se le fue dotando de dispositivos laterales que presionaban sobre las comisuras labiales y luego también sobre la carrillada: las camas. A estas se les enlazaban unas correas que se relacionaban con el auriga o jinete. Este tipo de bocados se han encontrado en Mesopotamia a partir del 2.300 a.n.e., y supusieron un arma importante para los pueblos que los conocían, de modo especial supuso en la región un plus de poder para el pueblo hitita. Los Hititas en la región merced al carro de combate ligero del que mas adelante comentaremos, el cual controlaban y conducían mediante el bocado, lograron la hegemonía en el Oriente próximo durante casi cinco siglos (XVIII a XIII a.n.e.). El uso del filete y camas bastante severos se considera consolidado a partir de 1300 a.n.e.

Otro bocado bastante coetáneo al anterior, pero con diferente objetivo de acción, fue el que utilizaba el filete articulado. Consistía en articular el soporte, mediante una atadura o argolla, para que al traccionar desde las asas laterales, ejerciera su acción sobre los labios y barras mandibulares, produciéndose de esta manera sobre ellas un efecto de cascanueces.

jueves, 11 de noviembre de 2010

Los caballos. (II)






Hacia el año 1.750 a.n.e., había llegado al norte de Mesopotamia un pueblo indoeuropeo de idioma y religión muy parecido a los indios, se trataba de los hurritas, los horim bíblicos, de orígenes desconocidos y procedentes de la región del lago Van, formaban su aristocracia los marjanni o “caballeros”, hábiles en la doma de caballos y la construcción y dominio de los carros de guerra, extendieron sus incursiones por todo Oriente Medio y Asia Menor, aunque no lograron penetrar en Mesopotamia, donde chocaron con las únicas resistencias sólidas, Después de incontables incursiones y saqueos, formaron el reino de Mitanni, al norte de Mesopotamia, Mitanni impuso el vasallaje, como ya se ha dicho anteriormente, a varios pueblos circundantes, entre ellos los asirios.

Otra rama de los hurritas no se estabilizó y continuó su carrera de saqueos hasta que, junto a diversos grupos de amorreos nómadas, invadió Egipto, como más adelante veremos, estos guerreros fueron conocidos, como los hicsos y sus carros de guerra tirados por caballos resultaron un arma decisiva ante los egipcios, entonces muy anticuados militarmente. En el año 1.570 a.n.e., los egipcios, que habían aprendido de sus dominadores la técnica de los carros de guerra, lograron derrotarlos y arrojarlos del país.

Los indoarios se separaron, la mayor parte de las tribus, tal vez a comienzos del II milenio, continuó su marcha hacia el este, y, en una verdadera epopeya de los siglos, como luego veremos, alcanzó el valle del Indo en torno al 1.500 a.n.e., allí, como quedaría reservado en los sagrados Vedas, cayó como un alud sobre la ya decadente civilización harappita, y al destruirla, los héroes compañeros de Indra, como sus hermanos en la Siria del norte, daban a luz un mundo nuevo, el de los arios. En el oeste, un pequeño grupo de indoarios, una tribu acaso y nada más, se mezcló con los pueblos hurritas y, poco a poco, adoptó su lengua, y, aunque todavía no sepamos cómo, en torno al 1.500 a.n.e., en la alta Mesopotamia y la Siria Septentrional, se constituyó un reino poderoso de guerreros hurritas e indoarios, así nació Mitanni.

Los indoeuropeos entraron en la Historia como amos del caballo, pero fueron, además su hechura, este animal no sólo les dio su insólita movilidad, sino también su impetuosa concepción del mundo, en cuanto perfeccionaron la técnica de montar, dejaron de ser, al igual que otros semejantes suyos de las estepas, los lentos pastores nómadas que habían sido para convertirse en una hueste notable y audaz.

La transformación se produjo como culminación de un larguísimo proceso evolutivo que tuvo sus comienzos hace por lo menos 60 millones de años, cuando aún no existía el hombre, y el caballo, si podía considerársele tal, medía 30 centímetros de altura: se le conoce como hiracoterio, y los paleontólogos han desenterrado sus fósiles. El hiracoterio tenía el lomo arqueado, el cuello y el hocico un tanto cortos, y dientes de coronas desprovistas del duro recubrimiento que protege a los de sus descendientes actuales, sus patas, acojinadas como las del perro, eran muy distintas de la extremidad básica de los mamíferos de cinco dedos: no tenía más que cuatro en cada miembro anterior y tres en cada miembro posterior, además, cada dedo estaba guarnecido, proféticamente, con un minúsculo casco, que aún era poco más que una uña ogana.

Durante el Oligoceno, el clima cambió para hacerse más marcadamente estacional, y, a medida que se modificaba el ambiente, también se modificaba el caballo ancestral, los bosques cálidos y húmedos empezaron a ceder su lugar a las llanuras herbosas, adaptados a las condiciones del bosque, los pies del hiracoterio, de varios dedos, le habían dado sostén en el suelo poroso, pero ahora, se necesitaba otra adaptación que capacitaría al caballo de la aurora para la vida en el suelo más firme y terreno abierto de las llanuras, antes de que terminara el Oligoceno, un descendiente del hiracoterio, llamado mesohipo, y otro posterior, el miohipo, habían perdido el cuarto dedo de las patas anteriores, y el dedo medio de las cuatro patas, se había vuelto mucho más grande que los dedos exteriores, la nueva conformación facilitó la carrera en las llanuras, además, el miohipo sobrepasó a todos sus antecesores en tamaño, sus patas se alargaron, elevando al animal a una majestuosa altura de casi dos metros, no sólo se iban especializando cada vez más sus piernas y dedos para la huida en superficies duras, sino que también se habían alargado el cuello y la cabeza para permitirles pacer la hierba en vez de ramonear el follaje de los arbustos.

Se produjeron también otros cambios en el interior de la boca del miohipo, sus dientes evolucionaron de un modo que acabaría permitiendo al caballo consumir hierbas ásperas sin que los dañaran las sustancias abrasivas que ingería con los alimentos, el duro esmalte, que contornea las complicadas anfractuosidades, recubre la dentina de los dientes laterales, el cemento cubre y ayuda a proteger el esmalte, soldando la corona en una sola pieza, las coronas, de longitud sorprendente, cinco a ocho centímetros, penetran profundamente en las quijadas bajo la línea de la encía, y el hueso que se forma debajo de las raíces da corona de reserva a medida que la acción trituradora desgasta la superficie superior, los dientes anteriores, que se usan para cortar o tronchar, son más cortos que los laterales y únicamente están recubiertos por una capa de esmalte y cemento.

Pero no fue sino hasta 10 millones de años después, a fines del Mioceno, cuando aparecieron los primeros caballos ancestrales de un solo dedo, dos grupos, el pliohipo y el dinohipo, tenían diferencias anatómicas relativamente pequeñas con el animal de hoy, más habrían de pasar otros ocho millones de años antes de que el animal ungulado que se clasifica como Equus apareciera junto al Homo sapiens. Antes de que se iniciara la última edad de Hielo, Equus medró en Norteamérica, cuando los glaciares que avanzaban redujeron la extensión de los pastos, las manadas de caballos se internaron en los bosques y llanuras de Asia y Europa cruzando el puente terrestre que ascendía y descendía en lo que hoy es el estrecho de Bering, los caballos que se quedaron en el Nuevo Mundo sobrevivieron hasta hace unos 11.000 o 10.000 años, luego desaparecieron, probablemente por presión cinegética.

Los antepasados del caballo actual empezaron a extenderse por el norte de Asia y Europa y produjeron diversas variedades de caballos: uno de huesos grandes, cráneo largo y cara prominente, el segundo, de esqueleto delgado y hocico más corto, los Nearderthales y los hombres de Cro-Magnon conocieron a los dos animales, que les servían de alimento. El indicio más antiguo de la domesticación del caballo no viene de Oriente Medio, sino de esa región de la estepa que hoy conocemos con el nombre de Ucrania.

Muchos expertos consideran que el caballo fue domesticado a partir del tarpán, un caballo salvaje, el Equuus ferus ferus, que habitaba en las estepas de Europa oriental, Sur de Rusia y Ucrania.

El tarpán como caballo salvaje se extinguió en Ucrania a finales del siglo XIX de nuestra era, me inclino por aceptar esta tesis sobre el tarpán como origen de las distintas razas de caballos domésticos que pueblan el planeta. Sin embargo, otros especialistas particularmente los hipólogos, mantienen que el origen de nuestro caballo fue el Equus ferus perzewalskii, único caballo salvaje, también originario de las estepas euroasiáticas, que pervive en nuestros días. No obstante, su estudio citogenético ha demostrado que el perzewalskii, cuenta con un cariotipo de 66 cromosomas, mientras que todas las razas de caballos domésticos poseen en su cariotipo sólo 64 cromosomas. Ciertamente que el cambio de 66 a 64 cromosomas en el cariotipo del caballo perzewalskii salvaje al doméstico, pudiera haberse producido después de la domesticación: difícil aunque no imposible. No obstante, resulta más probable pensar que el caballo derive de un antecesor salvaje de 64 cromosomas. De ahí, que aunque no contamos con datos citogenéticos sobre el extinguido tarpán, es más fácil pensar que aquel caballo del sur de Rusia tenía 64 cromosomas, que mantener el hecho de que después de la domesticación, se ha producido la modificación del cariotipo de nuestro caballo,

Respecto al todavía existente perzewalskii, un reciente estudio, donde se realiza un test mitocondrial de ADN a 600 caballos pertenecientes a 25 razas diferentes, ha concluido que estos procedían de al menos a 17 grupos genéticos distintos, los cuales fueron domesticados en al menos 6 localizaciones diferentes. Por tanto, determinar dónde y cuando se produjo la domesticación del caballo no puede ser tratado de un modo simplista. No obstante, este estudio no descarta que la primera domesticación del caballo se realizara en las estepas Euroasiáticas, y casi con toda seguridad con el objetivo primario de producir carne. Tampoco sería descartable suponer que dicha domesticación se produjera entre Mongolia y Kazajistán alrededor del 3.500 a 3.000 a.n.e., y se utilizaran como rebaños de vida para aprovechar también la leche de las yeguas.

Con toda seguridad el asno, el hemión y alguno de sus híbridos, precedieron, al menos en Mesopotamia, al caballo. Este no logró imponerse en el escenario que comentamos hasta 1.800 a.n.e. Incluso una vez introducido el caballo en la región, durante bastante tiempo sus habitantes siguieron teniendo preferencias por los otros équidos domesticados. Esto se puede constatar en una de las ciudades caravaneras de Mari en el alto Eúfrates, en las cartas reales de Mari se insta a Zimrilim su monarca más importante que en su viaje no monte en caballo, dado que éste era considerado un animal salvaje. “Que mi señor conserve su dignidad real. Que mi señor no monte a un caballo, sino que viaje en un carro con mulas”.

La creciente importancia que tuvo el caballo para los agricultores se manifiesta en la constante disminución de los restos de animales de caza en sus montones de deshechos y la creciente preponderancia de los huesos de caballo, y, hacia principios del segundo milenio, se interrumpen los testimonios arqueológicos, evidentemente, ante la presión de otros pueblos que invadían sus dominios, los agricultores de la estepa ucraniana cambiaron su vida sedentaria por una existencia seminómada, muy bien pudo suceder que comenzaran a usar los caballos como bestias de carga cuando levantaban el campo, y hacia el final de su vida sedentaria tal vez los engancharan en carretas, existe también la posibilidad de que a veces se sentaran a horcajadas sobre los caballos más mansos cuando lo llevaban a pastar, más si acaso iban montados de un lado a otro, es más que probable que usaran para ello reses de ganado vacuno, más dóciles y menos caprichosos.

Es un hecho demostrado por la arqueozoología que en la antigüedad, incluso hasta el final del Imperio Romano, los caballos eran animales pequeños, con alturas en la cruz por lo general inferiores a 140 cm, y a menudo por debajo de 130 cm, lo que los colocaría en prácticamente todos los casos en la categoría moderna de póneys -hasta 148 cm-. Aunque algunos ejemplares de la Edad del Bronce Pleno, como el caballo de Buhen en Nubia, alcanzaron los 150 cm en la cruz, esto es excepcional. Durante la Edad del Bronce la media de altura estaba en torno a los 138 cm en el Próximo Oriente, y los recientes estudios en Europa Central proporcionan datos incluso menores, de entre 125-130 cm. La generalización de caballos de más de 140 cm debió esperar hasta la Edad del Hierro, en el primer milenio a.n.e., y aún así en amplias zonas del Imperio Romano persistieron grupos amplios con tallas menores.

Así pues, cuando en el Próximo Oriente antiguo los textos nos hablan de la demanda de caballos grandes, cuando Hattusil III de Hatti escribía al rey de Babilonia, Kadashman-Enlil, en la primera mitad del siglo XIII a.n.e.: «Envíame caballos, pero sementales jóvenes y grandes: porque los sementales que tu padre me había enviado, lo mismo que los que tú me has enviado, eran hermosos pero pequeños y en todo caso se han hecho viejos... [...] Que los caballos que me envíe mi hermano sean jóvenes sementales de gran talla, porque mi país está lleno de caballos pequeños». Debemos pensar mejor que en grandes caballos modernos de 160-170 cm, en alzadas de 145 a 150 cm.