Disección de un caballo, grabado del Cours d´Hippiatrique, ou traité complet de la médicine des chevaux, Philippe-Étienne Lafosse, París 1.772

jueves, 25 de noviembre de 2010

LA CIENCIA EN MESOPOTAMIA (I)







Numerosos pueblos, como hititas y hurritas, invadieron en la antigüedad el Asia Menor y Mesopotamia, todos ellos se establecieron en aquellos territorios, aunque finalmente desaparecieron bajo el impulso de otros invasores. Hacia el año 2.000 a.n.e., los amorreos invadieron Mesopotamia desde el oeste y el sur en busca de pastos, pronto se fusionaron con la población local, adoptando muchas de las costumbres acadias, revitalizaron las ciudades-estado mesopotámicas, enzarzadas en continuas disputas y ascendieron hacia el norte en dirección a Assur, en 1.814 a.n.e., un príncipe amorreo había formado el reino de Asiria que aterrorizaría al mundo durante más de mil años.

Otros amorreos, acostumbrados a la vida nómada, se adaptaron con mayores dificultades y mantuvieron una vida semiambulante, probablemente el bíblico Abraham fue uno de ellos y prosiguió su migración hacia el oeste. El sexto miembro de la dinastía amorrea de Babilonia pasó a la historia con el nombre de Hammurabi, subió al poder en el año 1.792 a.n.e., Hammurabi murió en el año 1.750 a.n.e., sin que sus sucesores pudieran sostener el imperio, acosado por los cassitas y los hurritas, que combatían en formaciones de carros de guerra. En 1.513 a.n.e., el rey hitita Mursil I saqueó Babilonia, y, en 1.530 a.n.e., la ciudad fue dominada por los cassitas, una tribu procedente del actual Irán, pero no pudo dominar toda la región de Mesopotamia, a causa de la resistencia que presentaron los asirios.

En 1.160 a.n.e., los cassitas fueron derrotados por los elamitas y estos se adueñaron de Babilonia, éstos últimos fueron expulsados en 1.137 a.n.e. por Nabucodonosor I, cuyo reino ya sí se extendió a toda Mesopotamia, sin embargo, cuando murió, Babilonia pasó a manos de los asirios. El dominio asirio perduró a pesar de que los habitantes caldeos promovieron numerosas sublevaciones, siempre ahogadas en sangre.

Asiria fue el pueblo antiguo con una técnica militar más avanzada, siendo el más belicoso hasta la aparición de los romanos, aterrorizó Oriente Medio durante cerca de seis siglos, hasta que una coalición derrotó a su ejército y lo hizo desaparecer. En cualquier caso, hay que ver en su imparable ascenso factores tanto culturales (los asirios pasaron de comerciantes a expertos guerreros en una sociedad militarista) y económicos (posesión de medios de producción y floreciente comercio) como de coyuntura política (situación internacional favorable en no pocas ocasiones), la suma de todos estos factores posibilitó la gran expansión territorial de Asiria y su diseño como Imperio.

Es muy difícil evaluar la economía asiria, dada la documentación existente, su carácter parcial o incompleto y la relatividad de los programas económicos que se pueden deducir del material que nos ha llegado. Haciendo del problema un todo unitario, los especialistas han señalado que la economía asiria se basó en la agricultura, la ganadería y el comercio, la agricultura, con las fluctuaciones y los problemas derivados de las extensas zonas dedicadas a tal actividad, permitió el excedente necesario (cereales, sésamo, vid y productos de huerta) para la manutención del ejercito, al menos en las primeras etapas del imperio asirio, y el abastecimiento de las ciudades.

La ganadería (Assur-dan II a finales del siglo X a.n.e., le dio un gran impulso) fue también importante, dada la riqueza de pastos de las colinas y prados de las zonas norteñas del enorme territorio que logró reunir Asiria: Caballos (muy importantes a partir del siglo XIII a.n.e.) asnos, vacuno, ovino, destacaron por su cantidad y calidad, como nota curiosa debemos señalar la introducción del camello árabe que, si bien ya era conocido, se aclimató en Asiria sólo a partir del siglo VI a.n.e. El comercio fue, si cabe, la actividad económica más importante, controlándolo prácticamente durante toda su historia grandes familias de Assur y de otras capitales. Las invasiones arameas provocaron serias alteraciones económicas, hasta el extremo de modificar la propia naturaleza comercial asiria, de un negocio de importación-exportación, basado al comienzo en el trueque, se pasó al más rentable y seguro del simple transporte de mercancías.

Los escribas asirios, junto a la copia de textos literarios, también se ocuparon de los textos científicos, dado el afán enciclopédico de su cultura y el enfoque de sus bibliotecas reales. Dichas copias, que no aportaron nada original, demuestran, sin embargo, intentos de sistematización. Entre las ciencias, se cultivaron especialmente la astronomía, la medicina, la farmacología y la matemática, sin embargo, los conocimientos aportados por los asirios a esas ramas del saber apenas modificaron los de la etapa sumeria anterior y los de la babilónica coetánea.

La medicina apenas progresó con los asirios, sin embargo, junto a la práctica medica usual, que descansaba en presupuestos mágicos (manipulación del agua, fuego, cuerdas, nudos, amuletos y fórmulas de conjuro), también se enfocaron la curación de algunas enfermedades mediante la aplicación de remedios físicos y a base de una reducida, pero práctica, farmacopea empírica, consistente en hierbas, productos animales y unas pocas sustancias minerales, el personal encargado de las actividades médicas a la vieja usanza fueron los adivinos (baru) y los exorcistas (ashipu), mientras que los que practicaron la medicina racional recibían el nombre de asu (médico), algunos de éstos tuvieron justa fama, como Arad-Nanna, médico personal de Assurbanipal.

La economía de Babilonia descansó a lo largo de su historia en cuatro pilares fundamentales: la agricultura, la ganadería, los productos manufacturados y el comercio, actividades regidas, tuteladas e incentivadas por las dos grandes instituciones económicas de su Imperio: el palacio y los templos.

La agricultura babilónica fue en líneas generales, muy próspera, a pesar de la progresiva salinidad de las tierras mesopotámicas, dada la buena utilización de sus recursos hidráulicos, convenientemente desarrollados, lo cierto es que la producción de cereales, sobre todo cebada y trigo, fue considerable, también el cultivo del sésamo, para la obtención de aceite, y de la palma datilera (básica en la civilización del Próximo Oriente) gozaron de amplio cultivo, en algunos casos regulado incluso por ley. Se criaron también buenos rebaños de bovinos en los amplios pastizales y de ovino en las estepas, el asno fue otro animal de gran importancia económica y el caballo no se llegó a difundir y a utilizar más que a partir de la época cassita, jugando, desde entonces, un gran papel socioeconómico, la industria que se articuló en torno a dicho animal.

Desde el punto de vista jurídico, la edad de oro del Derecho en Mesopotamia coincidió con las primeras etapas de la historia de Babilonia, según prueban la serie de códigos que nos han llegado, junto a los millares de tablillas conectadas también con el campo del Derecho en sus distintas ramas.

La obra cumbre fue, sin embargo, el código de Hammurabi, que nos ha llegado prácticamente intacto en una estela de diorita (hoy en el Museo del Louvre), tal monumento jurídico, el “corpus” legislativo más célebre del antiguo mundo oriental, y aún de toda la Antigüedad, quedó ordenado siguiendo los modelos anteriores: prólogo, cuerpo legal y epílogo. El cuerpo legal, que carece de ordenación sistemática, desarrolla, a lo largo de los 282 artículos conservados, materias como infracciones procesales, estatutos de propiedad, beneficios y obligaciones derivadas de feudos militares, relaciones de posesión y de otras especies, préstamos y negocios mercantiles, matrimonio y familia, sacerdotisas, adopción, aborto y lesiones corporales (recuérdese el famoso ojo por ojo y diente por diente), médicos, arquitectos y banqueros, asuntos agrícolas y ganaderos con sanciones penales, salarios y alquileres y por último, compraventa de esclavos.

martes, 23 de noviembre de 2010

CABALLOS (v)







Los artesanos hititas, llamados “hombres de la herramienta”, gozaban de gran consideración porque de ellos dependían los carros de guerra, las armas y el trabajo del hierro, nuevo y misterioso material capaz de cortar el bronce, aunque difícil de fabricar porque los hornos debían alcanzar una temperatura muy superior a los 1.200 grados. Descubierto en las montañas anatolicas, su elaboración era secreto de estado y su naturaleza preciosa lo hizo escaso entre los ejércitos hititas cuyas grandes victorias se debieron más a la organización de sus cuerpos de carros que a las armas del maravilloso metal, sólo los nobles estaban armados con espadas de hierro.

La historia de la cetrería forma parte de la historia de la domesticación de los animales, por lo que sus orígenes se pierden en la noche de los tiempos. Parece ser, por los restos iconográficos que han sobrevivido, que se debió de originar en las planicies de la Turquía asiática a partir del siglo XIII a.C., pues así lo demuestra un bajorrelieve, en el que se ve a un personaje que lleva en su mano derecha una ave de rapiña y sujeta a las piuelas con la mano izquierda.

En otra estela hitita, descubierta en Cilicia y fechada también en el siglo XIII a.C., se puede ver el escriba Tarhunpija de pie sobre el regazo de su madre mientras sujeta con la mano izquierda las piuelas de un ave de rapiña. Los asirios también nos han legado pruebas gráficas de que practicaban la cetrería, en un bajorrelieve procedente de Nínive y fechado en el siglo VIII a.n.e., se ve a un cazador con un ave de rapiña en su mano derecha que está aleteando.

Los hititas eran hombres con talento, de origen indoeuropeo, impusieron su cultura a los pueblos que dominaron y que ya estaban curtidos en la tecnología del metal, fueron ellos quienes, a partir de los recursos del hierro de Anatolia, extrajeron por fusión, por primera vez, el hierro de su mineral. Considerando que el hombre ya había estado en contacto con los metales durante unos 7.000 años, puede parecer extraño que en todo aquel tiempo no hubieran explotado el hierro, pero esto es fácil de explicar, el hierro necesitaba una temperatura de fusión de 2.000º C, el hierro tenía que estar al rojo vivo para que fuera maleable, las impurezas del hierro tenían que sacarse por martillado mientras el metal esta todavía incandescente. Los herreros no pudieron trabajar el hierro eficazmente hasta que no dispusieron de una especie de tenazas con las que poder coger el metal incandescente.

El hierro nativo es muy escaso, se encuentra principalmente en meteoritos, y los meteoritos que alcanzan la superficie terrestre son pocos y muy alejados entre sí, sólo las sideritas, los meteoritos comúnmente utilizados por los antiguos herreros del próximo Oriente, están casi completamente formadas de hierro, así se explica que los sumerios llamaran a esta forma de hierro “metal del cielo”, y no es extraño que en el mundo antiguo se le atribuyera un valor superior al oro. Las sideritas, los meteoritos metálicos, son de todos los tamaños, desde bolitas que pesan algunos gramos hasta enormes masas de cientos de toneladas.

El estudio de las costumbre de culturas primitivas ofrece algunas interesantes indicaciones. Durante generaciones, hasta hace poco, los fabricantes de útiles esquimales habían estado extrayendo pequeños trozos de hierro de tres meteoritos que se llamaban la Tienda (36 toneladas), la Mujer (3 toneladas) y el Perro (0,5 toneladas), martillando repetidamente sus bordes con percutores de piedra, después cogían las piezas rotas, cada una de ellas de cerca de un centímetro, y las acuñaban en ranuras abiertas a lo largo de hueso o colmillos de morsa para construir una especie de cuchillo aserrado. Mas al sur, los indios americanos trabajaron aparentemente meteoritos del mismo modo, introduciendo cinceles de cobre en las hendiduras para desprender trozos de metal, en el norte de México, en el famoso meteorito La Descubridora, que pesa unos tres quintos de tonelada, se descubrió una hoja rota de un cincel de cobre clavada en él.

Pero cuando el hombre empezó a fundir el hierro a partir de minerales, en vez de desmenuzar el metal de los meteoritos, todo cambió, el hierro, al ser tan abundante y tan fácil de extraer, acabó reemplazando al cobre y al bronce como material para la fabricación de útiles.

Los óxidos de hierro comunes, (hematites, limonita y magnetita), eran ya ampliamente utilizados en todo el mundo antiguo, la hematites, por ejemplo, en forma de ocre rojo, servía de pigmento utilizado para dar color a las cerámicas y para aplicar a los cuerpos de los muertos, devolviéndoles el color de la vida, además, el óxido de hierro, en cualquiera de sus tres formas, era frecuentemente utilizado en la fundición del plomo y del cobre, operación en la que el hierro combinaba con la sílice mineral para formar una escoria que se derretía y era finalmente evacuada, si el horno estaba lo suficientemente caliente existía una atmósfera reductora, quizás se producirían pequeños trozos de hierro relativamente puro, junto con plomo, durante el proceso de fundición.

En un horno primitivo, la obtención de una temperatura elevada y de un volumen de monóxido de carbono apropiado sólo podía conseguirse a expensas de grandes cantidades de combustibles, los primeros hornos para fundir hierro, ineficaces en cuanto al diseño, probablemente requerían 4 Kg de carbón de leña para obtener 1 Kg de hierro fundido, no es extraño que las colinas de los territorios del Próximo Oriente donde se fundía el metal quedaran finalmente desprovistas de sus bosques de acacias y pistachos, las demandas de combustible, en la antigua Edad de Hierro modificaron radicalmente el medio ambiente, disminuyendo la fertilidad del suelo, erosionándolo y ahuyentando a los animales que dependían del arbolado para su supervivencia.

El producto final era un bloque esponjoso, calcinado y negruzco, técnicamente, estos hornos corresponderían a los primeros modelos conocidos con el nombre de hornos de zamarras, uno de los dos tipos clásicos utilizados para la extracción del hierro a partir de mineral, de hecho, es el único modelo de que habrían podido disponer los antiguos fundidores, tanto del próximo Oriente como de Europa, el segundo tipo, el alto horno, no apareció en Europa hasta el siglo XIV. Algunos expertos creen que los hititas habrían monopolizado la fundición del hierro, otros dicen que ellos simplemente estuvieron mejor organizados que sus contemporáneos cuyas necesidades de hierro iban en aumento.

Desde sus fraguas los hititas hicieron llegar el hierro a clientes de Egipto, de Siria, de Irán y de las ciudades fenicias de la costa libanesa. Quizás era una industria estacional, los hombres que recogían y procesaban el mineral podían muy bien ser agricultores “nocturnos”, que cuando llegaba el invierno producían metal para que el rey lo almacenara “bajo sello” en sus almacenes, aquellos campesinos trabajadores del hierro debieron de extender su conocimiento de la fundición del hierro en todas direcciones, expulsados de sus tierras cuando el imperio hitita fue invadido hacia el 1.200 a.n.e., por bárbaros europeos, los supervivientes se refugiaron donde pudieron, desde entonces la producción de hierro aumentó considerablemente en todo Oriente Próximo, y los centros de producción de hierro se extendieron hasta Grecia, Siria e Italia, gracias quizá a los conocimientos trasmitidos por los herreros hititas expulsados.

jueves, 18 de noviembre de 2010

Los caballos (IV)






En cuanto al origen del carro ligero, es más sencillo analizar la estructura y funcionamiento del carro ligero que desentrañar su lugar de invención. Ningún grupo étnico o lingüístico concreto parece haber sido el maestro innovador en la historia del carro en la Edad del Bronce del Próximo Oriente. Una diversidad de gentes y circunstancias explican probablemente la naturaleza gradual e incremental de los cambios observables en la evidencia disponible, por inadecuada que ésta sea. La continuada innovación tecnológica del tipo visible en estos vehículos parece más probable en los talleres palaciales donde, en tiempos de conflicto, existía una acuciante necesidad de armamento mejorado. No parece pues que indoeuropeos o hurritas-mitannios hayan sido responsables en exclusiva de esta innovación.

Es en Egipto donde conocemos la mayor cantidad de datos sobre estos carros, por la enorme cantidad de relieves y pinturas conservados en templos y tumbas, y por la sequedad de un clima que ha favorecido la preservación de bastantes carros en tumbas tebanas, en especial los seis hallados desmontados en la de Tutankamon. Sin embargo, la cuestión de la introducción del carro y del caballo en Egipto ha hecho correr ríos de tinta. Tradicionalmente se ha asociado a la penetración de los hicsos en el Segundo Periodo Intermedio, c. 1650-1540 a.n.e. Ahora bien, todo indica que estos hicsos no eran étnicamente homogéneos, sino que incluían elementos amoritas, hurritas e incluso arios –según algunos estudiosos-, y tampoco invadieron Egipto sino que se infiltraron en el Delta a lo largo de un periodo prolongado. Muchos investigadores creen que el caballo se introdujo en el momento final del periodo hicso, coincidiendo con su expulsión por parte de los príncipes tebanos que fundaron la Dinastía XVIIII y el Reino Nuevo: Hicsos y egipcios habrían adquirido los carros de manera casi simultánea. Pero el esqueleto de caballo más antiguo hallado en Egipto, datado en torno al 1640 a.n.e., procede paradójicamente del extremo Sur del país, en Buhen, donde los hicsos no llegaron nunca y es un siglo anterior a su expulsión. Más fácil resulta explicar los restos de caballo hallados en la capital hicsa de Avaris-Tell el Daba, en el Delta, donde se conocen restos de équidos de la primera fase de la dominación hicsa, hacia el 1650- 1600 a.n.e.

Los textos más antiguos referentes al empleo de estos carros aluden a su uso para ceremonias, ostentación y recreo o para un transporte digno, rápido y relativamente confortable. Estos usos pudieron anteceder hasta en dos siglos a su empleo militar efectivo. Así, una carta hallada en Mari y fechada hacia el 1800 a.n.e., presenta a Shamsi-Adad I escribiendo a su hijo, el rey de Mari Iasmakh-Adad pidiendo un carro y un tiro de caballos para emplearlo en el Festival de Año Nuevo (akitu) en Asur. Poco después, el rey Zimri-Lim de Mari escribía a su homólogo de Karkemish, Aplachanda, pidiendo un tiro de caballos blancos. A lo que el rey menor le respondió que carecía de caballos blancos, pero que confiaba en poder mandarle castaños de Kharsamna, una región del Sureste de Anatolia. Algún siglo más tarde, cuando un rey mitannio o cassita escribía al faraón de Egipto, saludaba en la correspondencia diplomática formalmente al faraón “y a sus esposas, carros, caballos, nobles...”, y habitualmente en ese orden. Las cartas del archivo real de Tell el Amarna en Egipto muestran que los carros eran objeto de regalo entre reyes. De este modo, y poco a poco, los soberanos llegaron a enorgullecerse de su trabajo con los caballos, como lo expresó Amenofis II en una estela hallada cerca de la esfinge de Giza: “cuando era joven amaba sus caballos y se alegraba en ellos [...] entrenaba caballos sin igual: no se cansaban cuando él tomaba las riendas, y no sudaban ni siquiera al galope”.

Así, los hombres configuraron al caballo, y poco a poco se aproximó el día en que los montarían con regularidad, la prueba más antigua que se conoce de que alguien lo hizo, descubierta en una tumba egipcia de 1.350 a.n.e., es la figurilla de madera de un caballo montado por un palafrenero, además, en unas escenas egipcias de batalla, talladas en monumentos que fueron terminados hacia el año 1.300 a.n.e., figuran jinetes ocasionales, algunos de ellos, aparentemente, correos, otros, enemigos derrotados que huyen de la carnicería en caballos soltados de los carros. Lo interesante de todos estos hallazgos es que muestran un método deficiente de montar: los hombres usan el llamado asiento de asno, es decir, se sientan muy hacia la grupa del caballo, además al sentarse en la grupa de un animal pequeño daba al jinete un poco más de altura para evitar que los pies tocaron el suelo.

Después del siglo XIV a.n.e., las representaciones de caballos montados se hicieron cada vez más comunes, pero todavía se ve que se les montaba desmañadamente, así, por ejemplo, los jinetes asirios del siglo IX a.n.e., necesitaban escuderos que marchaban a su lado y manejaban sus monturas a fin de que ellos tuvieran libertad para usar sus armas. Pasó más de un siglo antes de que los asirios, que aprendieron de jinetes más hábiles, empezaron a sentirse a sus anchas a caballo, pero debe de haber sido un aprendizaje muy penoso: La silla contorneada que conocemos no apareció sino hasta el siglo IV de nuestra era, y los estribos, hasta el VI, los primeros jinetes sólo ponían mantas sobre sus monturas para suavizar la cabalgata, y les colgaban, sueltas, las piernas.

Aproximadamente desde 1.400 a.n.e., Mitanni quedó emparedada entre dos pueblos en ascenso: los asirios al este y los hititas al oeste. Hacia el año 2.000 a.n.e., llegaban del Cáucaso dos nuevos pueblos, los hititas y los luvitas, que se instalaron en la cuenca del río Halys, en el área central de Asia Menor, habitada desde unos 400 años antes por los pueblos llamados protohititas. Tanto en el frente sur, contra los egipcios, como en el este, ante los asirios, los ejércitos hititas lucharon con la superioridad proporcionada por sus escuadrones de carros de guerra, apoyados por una eficaz infantería y los primeros esbozos de fuerzas de caballería, hasta entonces desconocidas en el área.

martes, 16 de noviembre de 2010

Los caballos (III)






En el Oriente Medio, donde se desarrolló por primera vez el arte de la domesticación y tuvo su origen la rueda, al principio no había caballos para el acarreo, los pueblos civilizados que vivían en el valle del Tigris y del Eúfrates, en Mesopotamia, usaban el buey y una variedad de asno llamada onagro, el buey se le dirigía con la voz y la aguijada, y ambos animales se prestaban a ser gobernados con un anilla que les traspasaba la nariz.

Según parece, el caballo llegó al Oriente Medio hacía el año 2.000 a.n.e., y como era algo nuevo y extraño, se le conocía por “el asno de la montaña”, es de presumir que los pastores habían aprendido a usar los caballos para tirar de trineos de carga o carretas ligeras y a dominar a los animales con una muserola, una correa o cuerda que rodeaba el hocico del animal y se sujetaba con una banda que le pasaba detrás de las orejas, la anilla que guiaba los movimientos de los bueyes y los onagros habría provocado el pánico en un animal tan excitable como el caballo. Pero hubo algo, aparte del temperamento del animal, que retardó su uso como montura: el pequeño tamaño de los primeros caballos domesticados, los animales tomados de las manadas salvajes que recorrían las estepas centrales y occidentales probablemente no excedían de lo que viene a ser poco más de 1,20 metros, es éste el tamaño medio del caballo de Przewalski, única especie salvaje que sobrevive en nuestros días.

Sin embargo, estos caballos pequeños demostraron ser muy superiores a los onagros para tirar de los carros de guerra, y en este papel el caballo se hizo común en el Oriente Medio durante el segundo milenio a.C., según descripciones que se remontan al 3.000 a.n.e., en Mesopotamia los vehículos de cuatro y de dos ruedas eran muy limitados. Andando el tiempo los caballos reemplazaron a los onagros para tirar de los carros, no sólo eran más fuertes, sino también más rápidos, con la introducción de la rueda de rayos, más ligera, hacia el año 1.700 a.n.e., el carro no fue ya un pesado y ruidoso vehículo, sino que estaba en camino de convertirse en una rapidísima plataforma para el guerrero.

La línea temporal de expansión histórica del carro sería:

4500-4000 a.n.a.: cultura de Sredny Stog, cultura de Dnieper-Donets, domesticación del caballo (1ª oleada).

4000-3500 a.n.a.: la cultura de Jamna, la cultura prototípica de constructores de kurganes, emerge en la estepa, y la cultura de Maykop en el Cáucaso septentrional. Los modelos de lengua Indo-Hitita postulan la separación del protoanatolio con anterioridad a este período.

3500-3000 a.n.e.: La cultura de Jamna se encuentra en el culmen, siendo representativa de la reconstrucción clásica de la sociedad protoindoeuropea, con ídolos de piedra, proto-carros de dos ruedas para équidos, estructura familiar patriarcal, además de asentamientos permanentes fortificados en posiciones elevadas. Subsisten de la agricultura y la pesca. El contacto de la cultura de Jamna con las culturas de la Europa neolítica tardía dan como resultado las culturas kurganizadas del ánfora globular y de Baden (2ª oleada). La cultura de Maykop muestra las evidencias más antiguas del inicio de la Edad de Bronce, y artefactos y armas de bronce se introducen en el territorio de Jamna.

3000-2500 a.n.e.: La cultura de Jamna se extiende por toda la estepa póntica (3ª oleada). La cultura de la cerámica de cuerdas se extiende desde el Rin al Volga. Se corresponde con la última fase de unidad indoeuropea, la vasta región "kurganizada" se divide en varias lenguas y culturas, todavía en débil contacto permitiendo la difusión de tecnología y préstamos antiguos entre los grupos, excepto las ramas anatolia y tocaria, que ya estaban aisladas.

2500-2000 a.n.e.: La separación en protolenguas de los diferentes dialectos conocidos se completa. El protogriego se habla en los Balcanes, el protoindoiranio al norte del mar Caspio, en la emergente cultura de Andronovo. La Edad de Bronce alcanza Europa Central, con la cultura del Vaso Campaniforme, probablemente compuesta de varios dialectos. Las momias de Tarim se corresponderían con los proto-tocarios con gran posibilidad.

2000-1500 a.n.e.: Se inventa el carro de guerra con caballos, lo que posibilita la división y rápida expansión de las lenguas iranias e indoarias desde el complejo arqueológico bactriano margiano a grandes regiones de Asia central, India septentrional, Irán y Anatolia oriental. El proto-anatolio se separa en hitita y luvio. La cultura pre-protocéltica de Unetice desarrolla una activa industria del metal (disco celeste de Nebra).

Este progreso en el diseño del carro estuvo acompañado por otro gran adelanto tecnológico: la adición de frenos a la muserola, hechos de cuero, cuerda y, más adelante, de metal, con quijera para fijar las riendas, a medida que el carro de combate se convertía en instrumento de comunicación, y no sólo de guerra, los pueblos conquistadores como los hititas, los asirios y los egipcios pudieron aprovecharlos para construir imperios más vastos y más cohesivos. Al aumentar la necesidad de carros de guerra, aumentó también la de caballos más grandes y vigorosos, y los hombres, en su domesticación de los animales empezaron a aumentar el tamaño de caballo mediante selección y cría.

El primer intento reseñable en el progreso paulatino del sometimiento equino, parece pudo ser atar una soga ó cordel a modo de lazo al cuello, actuando al tirar el conductor sobre el animal como ahogadero. De este modo, al tensar la soga se presiona el propio cuello, colapsa parcialmente la tráquea, y en parte por el dolor o por la progresiva dificultad respiratoria que esta interferencia ocasiona, el équido desiste en su locomoción. Sin embargo, el uso de esta burda forma de atadura, que buscaba preferentemente el frenado de la marcha del animal, no debió resultar muy satisfactorio, ni tampoco duradero en el tiempo.

Un ahogadero a nivel nasal se describe en textos egipcios, utilizado especialmente en el asno. Consiste en una atadura mediante una muserola sobre el hocico. A esta muserola se atan dos cordeles de conducción (riendas), que al tensar una o ambas obligan a bajar la cabeza, a la vez que al presionar sobre los cartílagos de la nariz, se les infieren dolor y colapsa el paso de aire respiratorio.

Este tipo de cabestro en el hocico, que hoy aún conocemos como jáquima, tuvo mayor pervivencia de uso, pues la muserola, con diversas variantes, ha sido combinada con el bocado, al que más adelante nos referiremos, con el objetivo de hacer más severo el castigo y obtener un mayor sometimiento. Para ello, a la primitiva muserola se les incorporaron púas o pernos que accionaban la región nasal. Una modificación aún más severa de estas muserolas, fue realizada por los íberos, quienes la convirtieron en lo que ha llegado a nuestros días como serreta. La serreta, era utilizada de modo habitual en la monta a la jineta que se practicó en el Al Andalus medieval.

Sin duda el modo más eficaz para el dominio de un caballo se produce mediante el uso del bocado, un arnés que aún en nuestros días sigue vigente. El mismo, consiste en un dispositivo rígido que ocupa el espacio interdentario existente entre los incisivos y premolares maxilar (superior) y mandibular (inferior). Este dispositivo se mantiene mediante unos soportes laterales que lo acomodan a la boca e impiden su expulsión. Dichos soportes laterales, las camas, se adaptan a la comisura labial y también a los carrillos, para, desde unas argollas, enlazar las riendas que controla el jinete. En principio el dispositivo utilizado como filete, era de madera dura, hueso, asta, o de algún material lo suficientemente resistente como para soportar la presión y tracción de la boca del caballo, pero llegado la edad de los metales, sin duda, se impusieron estos otros materiales más resistentes.

Inicialmente, el bocado, era una pieza rígida cuyos soportes actuaban para el sometimiento del animal sobre las comisuras labiales, y también dada sus primitivas ataduras sobre la porción incisiva mandibular. Incluso es bastante probable que la atadura de una correa a estas barras inferiores, fuera simultáneo e incluso previo, a la incorporación del soporte en el interior de la boca.

Al bocado, para su mejor colocación y estabilidad en la boca, se le fue dotando de dispositivos laterales que presionaban sobre las comisuras labiales y luego también sobre la carrillada: las camas. A estas se les enlazaban unas correas que se relacionaban con el auriga o jinete. Este tipo de bocados se han encontrado en Mesopotamia a partir del 2.300 a.n.e., y supusieron un arma importante para los pueblos que los conocían, de modo especial supuso en la región un plus de poder para el pueblo hitita. Los Hititas en la región merced al carro de combate ligero del que mas adelante comentaremos, el cual controlaban y conducían mediante el bocado, lograron la hegemonía en el Oriente próximo durante casi cinco siglos (XVIII a XIII a.n.e.). El uso del filete y camas bastante severos se considera consolidado a partir de 1300 a.n.e.

Otro bocado bastante coetáneo al anterior, pero con diferente objetivo de acción, fue el que utilizaba el filete articulado. Consistía en articular el soporte, mediante una atadura o argolla, para que al traccionar desde las asas laterales, ejerciera su acción sobre los labios y barras mandibulares, produciéndose de esta manera sobre ellas un efecto de cascanueces.

jueves, 11 de noviembre de 2010

Los caballos. (II)






Hacia el año 1.750 a.n.e., había llegado al norte de Mesopotamia un pueblo indoeuropeo de idioma y religión muy parecido a los indios, se trataba de los hurritas, los horim bíblicos, de orígenes desconocidos y procedentes de la región del lago Van, formaban su aristocracia los marjanni o “caballeros”, hábiles en la doma de caballos y la construcción y dominio de los carros de guerra, extendieron sus incursiones por todo Oriente Medio y Asia Menor, aunque no lograron penetrar en Mesopotamia, donde chocaron con las únicas resistencias sólidas, Después de incontables incursiones y saqueos, formaron el reino de Mitanni, al norte de Mesopotamia, Mitanni impuso el vasallaje, como ya se ha dicho anteriormente, a varios pueblos circundantes, entre ellos los asirios.

Otra rama de los hurritas no se estabilizó y continuó su carrera de saqueos hasta que, junto a diversos grupos de amorreos nómadas, invadió Egipto, como más adelante veremos, estos guerreros fueron conocidos, como los hicsos y sus carros de guerra tirados por caballos resultaron un arma decisiva ante los egipcios, entonces muy anticuados militarmente. En el año 1.570 a.n.e., los egipcios, que habían aprendido de sus dominadores la técnica de los carros de guerra, lograron derrotarlos y arrojarlos del país.

Los indoarios se separaron, la mayor parte de las tribus, tal vez a comienzos del II milenio, continuó su marcha hacia el este, y, en una verdadera epopeya de los siglos, como luego veremos, alcanzó el valle del Indo en torno al 1.500 a.n.e., allí, como quedaría reservado en los sagrados Vedas, cayó como un alud sobre la ya decadente civilización harappita, y al destruirla, los héroes compañeros de Indra, como sus hermanos en la Siria del norte, daban a luz un mundo nuevo, el de los arios. En el oeste, un pequeño grupo de indoarios, una tribu acaso y nada más, se mezcló con los pueblos hurritas y, poco a poco, adoptó su lengua, y, aunque todavía no sepamos cómo, en torno al 1.500 a.n.e., en la alta Mesopotamia y la Siria Septentrional, se constituyó un reino poderoso de guerreros hurritas e indoarios, así nació Mitanni.

Los indoeuropeos entraron en la Historia como amos del caballo, pero fueron, además su hechura, este animal no sólo les dio su insólita movilidad, sino también su impetuosa concepción del mundo, en cuanto perfeccionaron la técnica de montar, dejaron de ser, al igual que otros semejantes suyos de las estepas, los lentos pastores nómadas que habían sido para convertirse en una hueste notable y audaz.

La transformación se produjo como culminación de un larguísimo proceso evolutivo que tuvo sus comienzos hace por lo menos 60 millones de años, cuando aún no existía el hombre, y el caballo, si podía considerársele tal, medía 30 centímetros de altura: se le conoce como hiracoterio, y los paleontólogos han desenterrado sus fósiles. El hiracoterio tenía el lomo arqueado, el cuello y el hocico un tanto cortos, y dientes de coronas desprovistas del duro recubrimiento que protege a los de sus descendientes actuales, sus patas, acojinadas como las del perro, eran muy distintas de la extremidad básica de los mamíferos de cinco dedos: no tenía más que cuatro en cada miembro anterior y tres en cada miembro posterior, además, cada dedo estaba guarnecido, proféticamente, con un minúsculo casco, que aún era poco más que una uña ogana.

Durante el Oligoceno, el clima cambió para hacerse más marcadamente estacional, y, a medida que se modificaba el ambiente, también se modificaba el caballo ancestral, los bosques cálidos y húmedos empezaron a ceder su lugar a las llanuras herbosas, adaptados a las condiciones del bosque, los pies del hiracoterio, de varios dedos, le habían dado sostén en el suelo poroso, pero ahora, se necesitaba otra adaptación que capacitaría al caballo de la aurora para la vida en el suelo más firme y terreno abierto de las llanuras, antes de que terminara el Oligoceno, un descendiente del hiracoterio, llamado mesohipo, y otro posterior, el miohipo, habían perdido el cuarto dedo de las patas anteriores, y el dedo medio de las cuatro patas, se había vuelto mucho más grande que los dedos exteriores, la nueva conformación facilitó la carrera en las llanuras, además, el miohipo sobrepasó a todos sus antecesores en tamaño, sus patas se alargaron, elevando al animal a una majestuosa altura de casi dos metros, no sólo se iban especializando cada vez más sus piernas y dedos para la huida en superficies duras, sino que también se habían alargado el cuello y la cabeza para permitirles pacer la hierba en vez de ramonear el follaje de los arbustos.

Se produjeron también otros cambios en el interior de la boca del miohipo, sus dientes evolucionaron de un modo que acabaría permitiendo al caballo consumir hierbas ásperas sin que los dañaran las sustancias abrasivas que ingería con los alimentos, el duro esmalte, que contornea las complicadas anfractuosidades, recubre la dentina de los dientes laterales, el cemento cubre y ayuda a proteger el esmalte, soldando la corona en una sola pieza, las coronas, de longitud sorprendente, cinco a ocho centímetros, penetran profundamente en las quijadas bajo la línea de la encía, y el hueso que se forma debajo de las raíces da corona de reserva a medida que la acción trituradora desgasta la superficie superior, los dientes anteriores, que se usan para cortar o tronchar, son más cortos que los laterales y únicamente están recubiertos por una capa de esmalte y cemento.

Pero no fue sino hasta 10 millones de años después, a fines del Mioceno, cuando aparecieron los primeros caballos ancestrales de un solo dedo, dos grupos, el pliohipo y el dinohipo, tenían diferencias anatómicas relativamente pequeñas con el animal de hoy, más habrían de pasar otros ocho millones de años antes de que el animal ungulado que se clasifica como Equus apareciera junto al Homo sapiens. Antes de que se iniciara la última edad de Hielo, Equus medró en Norteamérica, cuando los glaciares que avanzaban redujeron la extensión de los pastos, las manadas de caballos se internaron en los bosques y llanuras de Asia y Europa cruzando el puente terrestre que ascendía y descendía en lo que hoy es el estrecho de Bering, los caballos que se quedaron en el Nuevo Mundo sobrevivieron hasta hace unos 11.000 o 10.000 años, luego desaparecieron, probablemente por presión cinegética.

Los antepasados del caballo actual empezaron a extenderse por el norte de Asia y Europa y produjeron diversas variedades de caballos: uno de huesos grandes, cráneo largo y cara prominente, el segundo, de esqueleto delgado y hocico más corto, los Nearderthales y los hombres de Cro-Magnon conocieron a los dos animales, que les servían de alimento. El indicio más antiguo de la domesticación del caballo no viene de Oriente Medio, sino de esa región de la estepa que hoy conocemos con el nombre de Ucrania.

Muchos expertos consideran que el caballo fue domesticado a partir del tarpán, un caballo salvaje, el Equuus ferus ferus, que habitaba en las estepas de Europa oriental, Sur de Rusia y Ucrania.

El tarpán como caballo salvaje se extinguió en Ucrania a finales del siglo XIX de nuestra era, me inclino por aceptar esta tesis sobre el tarpán como origen de las distintas razas de caballos domésticos que pueblan el planeta. Sin embargo, otros especialistas particularmente los hipólogos, mantienen que el origen de nuestro caballo fue el Equus ferus perzewalskii, único caballo salvaje, también originario de las estepas euroasiáticas, que pervive en nuestros días. No obstante, su estudio citogenético ha demostrado que el perzewalskii, cuenta con un cariotipo de 66 cromosomas, mientras que todas las razas de caballos domésticos poseen en su cariotipo sólo 64 cromosomas. Ciertamente que el cambio de 66 a 64 cromosomas en el cariotipo del caballo perzewalskii salvaje al doméstico, pudiera haberse producido después de la domesticación: difícil aunque no imposible. No obstante, resulta más probable pensar que el caballo derive de un antecesor salvaje de 64 cromosomas. De ahí, que aunque no contamos con datos citogenéticos sobre el extinguido tarpán, es más fácil pensar que aquel caballo del sur de Rusia tenía 64 cromosomas, que mantener el hecho de que después de la domesticación, se ha producido la modificación del cariotipo de nuestro caballo,

Respecto al todavía existente perzewalskii, un reciente estudio, donde se realiza un test mitocondrial de ADN a 600 caballos pertenecientes a 25 razas diferentes, ha concluido que estos procedían de al menos a 17 grupos genéticos distintos, los cuales fueron domesticados en al menos 6 localizaciones diferentes. Por tanto, determinar dónde y cuando se produjo la domesticación del caballo no puede ser tratado de un modo simplista. No obstante, este estudio no descarta que la primera domesticación del caballo se realizara en las estepas Euroasiáticas, y casi con toda seguridad con el objetivo primario de producir carne. Tampoco sería descartable suponer que dicha domesticación se produjera entre Mongolia y Kazajistán alrededor del 3.500 a 3.000 a.n.e., y se utilizaran como rebaños de vida para aprovechar también la leche de las yeguas.

Con toda seguridad el asno, el hemión y alguno de sus híbridos, precedieron, al menos en Mesopotamia, al caballo. Este no logró imponerse en el escenario que comentamos hasta 1.800 a.n.e. Incluso una vez introducido el caballo en la región, durante bastante tiempo sus habitantes siguieron teniendo preferencias por los otros équidos domesticados. Esto se puede constatar en una de las ciudades caravaneras de Mari en el alto Eúfrates, en las cartas reales de Mari se insta a Zimrilim su monarca más importante que en su viaje no monte en caballo, dado que éste era considerado un animal salvaje. “Que mi señor conserve su dignidad real. Que mi señor no monte a un caballo, sino que viaje en un carro con mulas”.

La creciente importancia que tuvo el caballo para los agricultores se manifiesta en la constante disminución de los restos de animales de caza en sus montones de deshechos y la creciente preponderancia de los huesos de caballo, y, hacia principios del segundo milenio, se interrumpen los testimonios arqueológicos, evidentemente, ante la presión de otros pueblos que invadían sus dominios, los agricultores de la estepa ucraniana cambiaron su vida sedentaria por una existencia seminómada, muy bien pudo suceder que comenzaran a usar los caballos como bestias de carga cuando levantaban el campo, y hacia el final de su vida sedentaria tal vez los engancharan en carretas, existe también la posibilidad de que a veces se sentaran a horcajadas sobre los caballos más mansos cuando lo llevaban a pastar, más si acaso iban montados de un lado a otro, es más que probable que usaran para ello reses de ganado vacuno, más dóciles y menos caprichosos.

Es un hecho demostrado por la arqueozoología que en la antigüedad, incluso hasta el final del Imperio Romano, los caballos eran animales pequeños, con alturas en la cruz por lo general inferiores a 140 cm, y a menudo por debajo de 130 cm, lo que los colocaría en prácticamente todos los casos en la categoría moderna de póneys -hasta 148 cm-. Aunque algunos ejemplares de la Edad del Bronce Pleno, como el caballo de Buhen en Nubia, alcanzaron los 150 cm en la cruz, esto es excepcional. Durante la Edad del Bronce la media de altura estaba en torno a los 138 cm en el Próximo Oriente, y los recientes estudios en Europa Central proporcionan datos incluso menores, de entre 125-130 cm. La generalización de caballos de más de 140 cm debió esperar hasta la Edad del Hierro, en el primer milenio a.n.e., y aún así en amplias zonas del Imperio Romano persistieron grupos amplios con tallas menores.

Así pues, cuando en el Próximo Oriente antiguo los textos nos hablan de la demanda de caballos grandes, cuando Hattusil III de Hatti escribía al rey de Babilonia, Kadashman-Enlil, en la primera mitad del siglo XIII a.n.e.: «Envíame caballos, pero sementales jóvenes y grandes: porque los sementales que tu padre me había enviado, lo mismo que los que tú me has enviado, eran hermosos pero pequeños y en todo caso se han hecho viejos... [...] Que los caballos que me envíe mi hermano sean jóvenes sementales de gran talla, porque mi país está lleno de caballos pequeños». Debemos pensar mejor que en grandes caballos modernos de 160-170 cm, en alzadas de 145 a 150 cm.

martes, 9 de noviembre de 2010

Los caballos. (I)





Habíamos interrumpido la historia del sur de Mesopotamia en el momento de la caída de la tercera dinastía de Ur, circunstancia que abocaría a una etapa de luchas interminables. Esos mismos siglos conocieron la independencia y el ascenso a gran potencia de otro país, situado geográficamente mucho más al norte: Asiria, los más antiguos jefes asirios (wakhum) “vivían en tiendas“, esto es, todavía se hallaban gobernando sobre un pueblo nómada, que se desplazaba por la alta Mesopotamia.

Ya hacía 1.900 a.n.e., Asiria, tras unos tanteos iniciales, había establecido colonias (karum= muelle) y estaciones comerciales (mabaratum) en algunos puntos de Capadocia, siendo el más significativo el Karum de Kanish. Las actividades desarrolladas en este Karum, y en los otros 15 existentes en Capadocia, fueron fundamentalmente de índole económica, tanto de carácter oficial como privado, a ellos arribaban las caravanas de asnos que desde Assur (distante más de 1.000 kilómetros) transportaban productos manufacturados (tejidos, estaño) que cambiaban sobre todo por lana y metales, tras pagar los correspondientes impuestos. La capital asiria pasó, hacia el año 1.754 a.n.e., a manos de Hammurabi, el poderoso rey de Babilonia.

Durante los años siguientes los asirios parecen haberse perdido en las tinieblas, ni siguiera los historiadores consiguen hoy averiguar qué fue de ellos durante un tiempo, A finales del siglo XVIII a.n.e., Mesopotamia sufrió una fuerte inestabilidad política, motivada por la invasión de diferentes pueblos montañeses, cuyo mecanismo de entrada es prácticamente desconocido, dado que no existe ningún tipo de información escrita. Hay que suponer que tales invasiones habrían sido desencadenadas por el empuje de los indoeuropeos, pueblos que al final del tercer milenio habían convulsionado amplias zonas de Europa y Asia.

Entre el V y el III milenio a.n.e., en las inmensas planicies del sur de Rusia, el mundo cultural de “los Kurganes” (los túmulos), había significado con seguridad el hogar y el corazón primero de los más remotos indoeuropeos, entre las regiones situadas entre el bajo Dnieper y la Siberia meridional, asistimos entonces al desarrollo y expansión, en tres fases, de una cultura distinguida por el tipo de tumba preferida, un pozo cubierto por un túmulo, el Kurgan.

La cultura Afanasevo es principalmente notable por las inhumaciones, con el difunto sepultado en fosas rectangulares o cónicas y en posición supina, esto es, de un modo similar al de las sepulturas de la cultura Jamna; sin embargo existe también una discreta cantidad de otros restos de asentamientos, el área de los afanasevo abarcó la Mongolia Occidental, el Xinjiang septentrional, el Kazajstán centromeridional encontrándose ramificaciones afanasevo en Tayikistán y en el área del Mar de Aral. La economía de los afanasevo parece haber sido predominantemente de tipo pastoril seminómada, esto es fuertemente sugerido por el hallazgo de restos de bovinos, ovinos ¡y equinos!-junto con restos de animales de caza- en muchos de los yacimientos afanasevo; en dichos yacimientos se documentan asimismo indicios de una agricultura primitiva

Las sepulturas presentan también notables semejanzas con las correspondientes a la cultura de Sredny-Stog y la cultura de Poltavka, que se considera son culturas correspondientes a paleo-europeos o incluso indoeuropeos. Mientras que no está aún claro el nexo con la más reciente y occidental cultura de Andronovo pese a que con ésta se evidencian semejanzas. La cultura Afanasevo fue substituida en la región más oriental por la cultura de Karasuk. La cultura Afanasevo parece ser el principal antecedente de los tocarios. En la aldea rusa de Okunevo se descubrió un sitio datado en el III milenio a.n.e., parece ser sucesiva a la de Afanasevo, una evolución de la misma. En Okunevo se han encontrado artefactos de cobre y bronce, además de objetos funerarios decorados con figuras de animales (generalmente en rebaño).

Nuevas pruebas, en el actual Kazajstán, indican que el la cultura Botai los caballos eran utilizados como bestias de carga, y como fuente de carne y leche, unos 1000 años antes de lo que se cree. Se ha desarrollado una tríada de pruebas para demostrarlo:

Estudios de las mandíbulas de caballos muestran desgaste del diente similar a la causada en los caballos modernos, sería una indicación de conducción.

Los huesos de la pata de caballos de la cultura Botai son más delgados que los de los caballos salvajes, indica una cierta selección en la cría de caballos, se muestra por primera vez que en la cultura Botai caballos estaban más cerca en la conformación de la pata de caballos actuales que de los caballos salvajes.

Por último, de complejos estudios en antiguas cerámicas de esta cultura quedó en evidencia que un recipiente contenía restos de leche de yegua, si se ordeñó caballos, no eran salvajes.

Con la domesticación del caballo, por primera vez, la estepa de Eurasia, anteriormente una barrera ecológica hostil para los seres humanos, se convirtió en un pasillo de comunicación a través de Eurasia que une a China a Europa y el Cercano Oriente. La equitación también cambió para siempre la guerra, los límites fueron cambiados, fueron adquiridos nuevos socios comerciales, nuevas alianzas se hicieron posibles, y los recursos que habían estado fuera del alcance de la estepa pudieron llegar a ella.

Además de las personas y sus bienes, y los caballos de trabajo, de carne y de leche, algunas culturas fermentaron la leche en una bebida alcohólica suave. Los actuales kazakos obtienen hoy, fermentando leche de yegua, una bebida de un agrio de sabor y ligeramente alcohólica llamada « kumis ». Es evidente que se remonta, en su técnica actual, cientos de años, ¿Quién hubiera pensado que era una práctica que se remonta 5.500 años, al menos?

La hipótesis de los kurganes como los orígenes del indoeuropeo se asume como una expansión gradual de la cultura de los kurganes hasta abarcar todas las estepas del Mar Negro -Kurgan IV-, siendo identificada con la cultura de Jamna entre el IV y III milenio a.n.e. Se identifican cuatro etapas sucesivas de la cultura Kurgan y tres oleadas de expansión sucesivas:

Kurgan I, región del Dniéper/Volga, primera mitad del IV milenio a.n.e. Aparentemente evoluciona desde las culturas de la cuenca del Volga.

Kurgan II-III, segunda mitad del IV milenio a. n.e. Incluye las culturas de Sredny Stog y de Maykop del norte del Cáucaso. Nos encontramos con Crómlech, primitivos carros de dos ruedas y estelas pétreas antropomórficas de deidades.

Kurgan IV o cultura de Jamna, primera mitad del III milenio a.n.e., abarca toda la región de las estepas desde el río Ural hasta Rumania.

La 1ª oleada, antecede a Kurgan I, expansión desde el bajo Volga hasta el Dniéper, llevando a la coexistencia de Kurgan I y la cultura de Cucuteni. Las repercusiones de las migraciones se extienden hasta los Balcanes y a lo largo del Danubio hasta las culturas Vinca y Lengyel en Hungría.

La 2ª oleada, a mediados del IV milenio a.n.e., se origina en la cultura de Maykop, como resultado de su avance produce una serie de culturas híbridas kurganizadas en el norte de Europa alrededor del año 3000 a.n.e. (cultura del Ánfora Globular, cultura de Baden, y cultura de la Cerámica de Cuerdas). Esto se correspondería con la primera intrusión de las lenguas indoeuropeas en el oeste y el norte de Europa.

La 3ª oleada. 3000-2800 a.ne., expansión de la cultura de Jamna más allá de las estepas, con la aparición de las características de Jamna en lugares tan lejanos como las modernas Rumania, Bulgaria y Hungría oriental.

En sus estados iniciales, la cultura Kurgan poseía un limitado conocimiento del metal y del caballo, utilizando acaso éste, en principio, como nueva provisión de carne, pronto sería domesticado y crecería su importancia. Desde los primeros frenos en asta de ciervo, hallados en el norte y oeste del mar Negro se pasaría a la fabricación de toda suerte de arreos en metal, encontrados hoy con frecuencia entre el ajuar de los túmulos.

Los “Kurganes” se movían mucho, y conocían el carro. Los ritos funerarios utilizados, que incluían sacrificios de bueyes, caballos, ciervos, jabalíes, perros, osos, ovejas, cabras y seres humanos, tenían evidentes resonancias de lo indoeuropeo posterior. Las creencias del pueblo Kurgan señalaban a un dios de la tormenta y a divinidades relacionadas con el sol, el fuego, el caballo, el lobo, el perro, el jabalí o la serpiente.

En diferentes movimientos, y formando grupos más o menos numerosos, en el curso de los siglos los pueblos indoeuropeos fueron dispersándose, y empujando a otras culturas por delante, por las estepas europeas, el Cáucaso y Anatolia, Irán y la India, y el Egeo. Ciertamente los antiguos indoeuropeos poseían un peculiar fondo cultural común, pero al haberse desarrollado en un marco geográfico tan inmenso, cuando se pusieron en camino lo hicieron separadamente unos de otros, y así, su épica emigración fue múltiple en sus direcciones y en su cronología. A finales del III milenio y comienzo de II a.n.e., las regiones del norte y centro minoasiáticas recogían a la mayor parte de la población indoeuropea.

jueves, 4 de noviembre de 2010

LOS SANADORES EGIPCIOS (V) MOMIAS






Los antiguos egipcios, además de embalsamar los cuerpos de sus difuntos también embalsamaban a sus animales, lo hacían principalmente por motivos religiosos, en algunos animales los egipcios veían la representación de sus dioses. Al principio, sólo se momificaban algunos animales considerados más especiales como el toro Apis en Menfis, posteriormente, y sobre todo en el periodo grecorromano el número de animales a los que se rendía culto fue muy grande, citemos toros, perros, ibis, carneros, halcones, gatos, peces y cocodrilos.

Para algunos animales los egipcios empleaban la misma técnica de embalsamamiento que para el hombre, se extraían los órganos blandos, salvo en el caso de los halcones, y se vendaba el cadáver animal cuidadosamente con trozos de lino, después se aplicaba natrón y, en ocasiones, se pintaba algún rasgo del animal en las vendas, el sarcófago se fabricaba de madera o cartonaje, se pintaba con representaciones del dios Horus, dios solar y protector. Los peces también fueron momificados, aunque de forma bastante sencilla, fueron percas, y en algunos lugares, los oxirrincos, tampoco se extraían sus órganos, sólo se deshidrataban, sobre las vendas se pintaban la cara y otras partes del cuerpo.

Durante la baja época egipcia hubo mercenarios helenos en los ejércitos faraónicos, algunos de los cuales, sin duda, se llevaron como recuerdo a su hogar una de esas momias de animales que por entonces se vendían por millares para ser ofrendadas en los templos. La llegada de Alejandro y la aparición del mundo ptolemaico no hizo sino difundir el conocimiento de esa costumbre egipcia, que fue adoptada por muchos griegos, instalados en el valle del Nilo, lo mismo que después harían ciudadanos romanos asentados en Egipto.

Resulta curioso, no obstante, que su nombre actual no sea aquel con que eran conocidas por los egipcios: sah, sino por una palabra de origen persa. Todo se debe a un peculiar remedio de botica mencionado por sus grandes virtudes por Plinio el viejo, se trataba de una sustancia blanda y oscura de olor penetrante, que afloraba de forma natural en las llanuras persas y que hoy conocemos como “ betún”. El nombre persa de esta sustancia era mumia y como otros autores como Dioscórides y Avicena cantaron sus alabanzas, su fama y su nombre se extendieron por todo Occidente.

Pasados los siglos, las fuentes naturales de betún prácticamente se secaron y los mercaderes orientales se vieron incapaces de seguir proporcionando a sus clientes la medicina que, según ellos, paliaba casi cualquier tipo de mal. El negocio era grande y no era cuestión de dejarlo perder, por lo que algún taimado proveedor no tardó en encontrar sustituto: los cadáveres deshidratados y vendados de los antiguos egipcios. El motivo es sencillo: tras ser vendados los cadáveres eran ungidos con aceite y luego bañados en resina, sustancias que al secarse y oxidarse adquieren un aspecto muy similar al betún. Para los médicos occidentales de la época el cambio, incluso, supuso una mejora, pues consideraban que los trozos de carne que a veces acompañaban a la nueva mumia mejoraban sus propiedades curativas. Así fue como las momias terminaron por ser conocidas con un nombre que no era el suyo.

Para abastecerse, algunos mercaderes alejandrinos carentes de momias y de escrúpulos recurrieron a embalsamar a reos ajusticiados, vagabundos muertos y demás cuerpos sin reclamar disponibles. Sólo los muy avezados en momias distinguían el engaño, que únicamente consiguió erradicarse en el siglo XVIII, justo cunado la demanda de polvo de mumia decreció en picado. No obstante, se encontraron otros usos para el polifacético producto egipcio, todos ellos bastante peculiares: por ejemplo, un fragmento de momia de algunos miles de años de antigüedad, mezclado en la justa combinación con resinas y disolventes, se transformaba en una pintura de un bello color marrón, el “marrón de momia”, de gran durabilidad. Igual de particular sería el uso de las momias, más bien de los casi 20 kilos de vendas que las envolvían, como materia prima para la fabricación de papel durante la guerra de secesión norteamericana, ó su empleo como abono agrícola. Otro uso, cuando menos atípico, de las momias fue el de combustible para alimentar las calderas de los ferrocarriles egipcios a principios del siglo XX.

La momia falsa no ha de extrañarnos, pues se trata de una costumbre muy arraigada entre los egipcios, que llevaban poniéndola en práctica desde la época de mayor esplendor de la momificación. Se creó alrededor de las momias una “industria” que en ocasiones estaba ligada al propio templo donde se presentaban como exvotos. Sólo el interior es falso, por lo general una masa de barro y madera, con algún hueso, a la que se daba la forma requerida y que luego era vendada con todo cuidado

martes, 2 de noviembre de 2010

SANADORES AGIPCIOS(IV) MAGOS






Lo que sí parece claro es el hecho de que, en la medicina egipcia, ocupaban el mismo lugar la aplicación del remedio terapéutico y la recitación de la fórmula mágica, de este modo magia y remedio físico iban íntimamente unidos en la creencia de que el uno sin la otra hacía poco a favor del enfermo.

Para atacar las enfermedades, los egipcios utilizaban amuletos con fórmulas mágicas. Se conserva en el Museo de El Cairo la prótesis funcional más antigua conocida, se trata de un dedo del pie que permanece todavía unido a la momia, una mujer de entre 50 y 60 años en cuyo pie hay una señal de una cicatriz de amputación. Fue manufacturado con piel y madera y está articulado, se calcula que se construyó entre los años 1069 y 664 a.n.e. Hasta este hallazgo la prótesis funcional mas antigua conocida era una pierna de bronce, hierro y madera fabricada en Roma hacia el 300 a.n.e. Existe una segunda prótesis egipcia, otro dedo de pie fabricado con lino endurecido (a modo de papel maché) que fue adquirida por el Museo Británico.

Por otra parte en una región desértica del actual Irán se encontró la más antigua prótesis no funcional, tiene unos 5000 años de antigüedad, es un ojo, un hemisferio ya ennegrecido de unos 25 milímetros de diámetro, estaba incrustado en la órbita izquierda del cráneo de una mujer de entre 25 y 30 años de edad, de alta clase social, que estaba enterrada en la tumba número 6.708 de la necrópolis de Shahr-i Sokhte. La mujer, que había sido sepultada junto con un espejo, tenía rasgos africanos y medía cerca de dos metros, una altura del todo atípica entre las mujeres iraníes de la época, que no solían medir más de un metro y medio. El ojo artificial estaba hecho de betún, un material resinoso, similar al alquitrán, mezclado con grasa animal, y tenía dos pequeños orificios, uno en cada extremo, que permitían, con una cuerda, sostener el ojo al modo de un parche en la cabeza, tenía grabado un iris y unas pequeñas líneas paralelas que imitaban las venas capilares del ojo, que estaban rellenas de finas hebras de oro, mientras que el resto estaba pintado de blanco, imitando, en la medida de lo posible, los rasgos del ojo humano. Se sabe también que la mujer, posiblemente una sacerdotisa, hacía años que llevaba el ojo artificial, ya que las cuerdas que lo sustentaban en la cuenca habían desgastado levemente los huesos de su cabeza.

Durante el Bajo Egipto (747-332 a.n.e.) se hizo muy común el uso de estatuas de personajes, ya fueran éstos una divinidad o un médico de prestigio que, recubiertos de fórmulas mágicas, eran representados avanzando en pie, o sentados con las piernas recogidas, en forma de estatua-cubo. La finalidad de estas estatuas era proteger y curar a cualquiera que hubiera sido víctima de un animal venenoso o peligroso como el cocodrilo. La idea profiláctico-mágica reside en cargar el agua que se vertía sobre las estelas o estatuas, con el poder que residía en las inscripciones e imágenes que las cubrían, el agua, una vez había discurrido por la superficie del monumento curativo, quedaba depositada en una pileta existente a los pies, de modo que podía ser bebida o simplemente aplicada por el paciente, quien se beneficia de las propiedades que el líquido había adquirido por el contacto con la superficie de la estatua o estela.

Los egipcios utilizaron desde el Imperio Medio (hacia el 1.994 a.n.e.) en adelante, unos objetos de utilidad mágica protectora de varias finalidades, contra picaduras de serpientes o escorpiones, contra los malos sueños y otros peligros y molestias, consistentes en placas de marfil fabricadas sobre incisivos de hipopótamo. Había otros magos de gran relevancia en el mundo egipcio, eran los Jerp Serket, los encantadores de escorpiones, su nombre significaba “aquél que tiene poder sobre los escorpiones”, estos especialistas en combatir los riesgos y las picaduras de estos arácnidos, que también utilizaban sus poderes con las serpientes venenosas, actuaban habitualmente ayudados por sacerdotes lectores encargados de recitar las fórmulas mágicas existentes contra animales tan peligrosos, mientras ellos desarrollaban su arriesgado cometido. Estos auténticos encantadores trabajaban, probablemente, protegiéndose contra las picaduras por medio de autoinoculaciones en pequeñas dosis que terminaban produciéndoles inmunidad contra el veneno o picadura de estos animales. Los encantadores de escorpiones no eran, en modo alguno, personas de baja condición, su cometido debía requerir especiales conocimientos también en todas las ramas de la sabiduría egipcia. Un papiro, conservado en Brooklyn, contiene un Tratado de ofiología en el que se clasifican describen y estudian las principales serpientes del Egipto antiguo.

A pesar de la multitud de textos mágicos que protegían la vida, lo cierto es que, inevitablemente, habría de llegar un momento para encontrarse con la muerte, se iniciaba entonces un proceso histérico que pretendía conseguir que el espíritu difunto, asimilado a Osiris, alcanzase el Reino de la Luz de Atom-Ra. Uno de los rituales con los que se pretendía que la vida llegase de nuevo al cuerpo difunto era la apertura de la boca, antiguo rito que se practicaba sobre la momia o su representación escultórica para insuflarle la vida y hacerla capaz de recibir a los componentes espirituales del ser, el ka y el ba. Además de los sarcófagos y los vasos canopos, en las tumbas egipcias había también figuras que representaban el ka y estatuas de dioses, junto con objetos de la vida cotidiana también se contaba con ushbetis, figuritas que realizaban para el difunto los trabajos en el más allá, en los Campos de Latu.

Otros elementos rituales eran los osiris vegetales, se trataba de sarcófagos con la imagen de Osiris, cuyo interior se llenaba con limo y semillas, que germinaban tras el cierre de la tumba y tenían que ver con el renacimiento. Además de los ritos funerarios efectuados inmediatamente después de la muerte, la magia egipcia proporcionaba en vida una certidumbre de felicidad para el día después de la muerte: era la repetición de los cultos histéricos del viaje a la eternidad que estaba contenida en los ritos osiriacos. Estos misterios se celebraban cada año a principios de invierno, en el curso de estas ceremonias sagradas se recreaba parte de las escenas de muerte del dios, su descuartizamiento, la búsqueda de sus restos por Isis, así como la recomposición y reanimación por medio de la magia, incluyendo el consumo de la carne del dios. Se hacía, así mismo, una figura de Osiris con barro y harina, o bien se echaba trigo sobre un lienzo donde estaba dibujada la forma del dios, es decir, se confeccionaba anualmente un semillero a modo de la divinidad, se esparcían semillas de esprilla y se regaban cuidadosamente, “… el grano de trigo obtenido que germina produce la espiga con la que se fabricará el pan que proporcionará alimento es el dios, .., renace para acumular sus favores en la tierra…todo en la naturaleza vive para morir y muere para renacer.”