Disección de un caballo, grabado del Cours d´Hippiatrique, ou traité complet de la médicine des chevaux, Philippe-Étienne Lafosse, París 1.772

jueves, 24 de febrero de 2011

PROXIMO ORIENTE (VI) Tabu antiporcino





Durante el siglo XII a.n.e., aparece en México la cultura Olmeca. Los olmecas construyeron centros ceremoniales y desarrollaron el arte sacro: altares monolíticos, estelas con bajorrelieves, esculturas. Idearon una escritura jeroglífica y tenían un calendario. Las aldeas aumentaron de tamaño y se construyeron casas sobre plataformas de tierra. Adoraban a deidades jaguares, relacionadas con la lluvia. El control social estaba en manos de chamanes y hechiceros.

Las estepas euroasiáticas, desde el Danubio hasta Siberia, fueron ocupadas por los Escitas, un pueblo indoeuropeo cuya lengua estaba emparentada con la de los arios. Eran ganaderos itinerantes, y sometieron a la población campesina.

El imperio hitita desaparece de la historia, desmembrado por los pueblos del mar y las sublevaciones internas. No obstante, la cultura hitita no se perdió, sino que se conservó en una serie de minúsculos reinos neohititas que sobrevivieron dominados por una u otra potencia según los tiempos. Al noroeste de Anatolia empezaron a destacar los Frigios. En la Ilíada son mencionados como aliados de Troya, luego ya estaban allí antes de la llegada de los pueblos del mar, pero su auge llegó tras ellos. Tal vez se aprovecharon de los desórdenes o tal vez los invasores ocuparon Frigia y se convirtieron así en "nuevos frigios".

Asiria inició un largo periodo de luchas frustrantes en las que trataba de dominar sin éxito a los territorios circundantes, pero no pudo controlar a Babilonia y, sobre todo, al poderoso reino de Urartu. En realidad Asiria ganaba la mayoría de las batallas, pero sus enemigos se recuperaban más fácilmente mientras estaba ocupada en otros lugares. De todos modos, la situación fue sin duda caótica e incierta para toda la zona.

Equipados con armas de hierro, los dorios fueron abriéndose paso lentamente sin que los orgullosos aqueos pudieran hacer nada por evitarlo. Los dorios ocupaban posiciones cada vez más al sur de Grecia y con sus movimientos desplazaban a las tribus eolias. Hacia 1.150 a.n.e., una de ellas, la formada por los tesalios ocupó la región en la que se establecerían definitivamente, y que tomó el nombre de Tesalia. Hacia 1.120 a.n.e., otra tribu eolia, los beocios, se vio obligada a asentarse al sur de Tesalia ante el avance dorio. La región se conoció desde entonces con el nombre de Beocia.

Sin la intervención egipcia, los Hebreos pudieron penetrar más fácilmente en Canaán. Poco a poco fueron enfrentándose a las ciudades locales, esclavizando a las más débiles y pasando a cuchillo a las más beligerantes. En cambio, no pudieron imponerse a los Filisteos que, pese a ser pocos, tenían armas de hierro. Más aún, los Filisteos consiguieron someter a tributo a la tribu israelita de Dan y a otras dos tribus invasoras que sólo más tarde fueron incluidas en la federación de Israel: las tribus de Judá y Simeón. La primera parece estar muy relacionada con los edomitas, mientras que la segunda fue una tribu menor que no tardó en ser absorbida por Judá.

Babilonia había quedado libre de la dominación asiria, pero sus gobernantes casitas no fueron capaces de aprovechar la situación y quedó en la anarquía. Quién sí supo reaccionar fue el antiguo Elam, que envió expediciones para saquear Babilonia. En 1.174 a.n.e., los elamitas se llevaron dos grandes reliquias: la estela con el código de Hammurabi y la estela de Naram-Sin. La frontera más conflictiva era Arabia. Durante los años de anarquía precedentes, las tribus árabes habían hostigado como de costumbre a Mesopotamia. Esta vez se trataba de los Arameos, contra los que Asiria inició una serie de campañas. En general, las campañas contra los nómadas nunca son definitivas, pues los guerreros nómadas se retiran fácilmente y aparecen por otras zonas indefensas, o sencillamente desaparecen hasta que pasa el peligro. También los israelitas sufrían ahora los ataques de los nómadas de Arabia, los llamados Madianitas

La aversión por la carne de cerdo parece, en principio, irracional, el cerdo es, de todos los mamíferos domesticados, el que posee una capacidad mayor para transformar las plantas en carne de forma rápida y eficaz, ¿Porqué, pues, prohibió el dios de los antiguos israelitas a su pueblo no sólo saborear su carne, sino incluso tocarlo, ya estuviera vivo o muerto? El Antiguo Testamento contiene una fórmula bien precisa para distinguir las carnes aptas para el consumo de las prohibidas:”Todo animal de casco partido y pezuña hendida y que rumie lo comeréis”. El ganado porcino es omnívoro, pero no rumiante, en la prohibición del cerdo intervinieron otros factores aparte de su incapacidad para criarse mediante hierbas y otras plantas ricas en celulosa.

Criar cerdos en Oriente Medio era, y todavía es, mucho más costoso que criar rumiantes, porque a los primeros debe proporcionárseles sombra artificial y agua para sus lodazales, y su dieta debe complementarse con cereales y otros productos vegetales aptos para el consumo humano. Para contrarrestar estos inconvenientes los porcinos tienen menos que ofrecer, en concepto de beneficios, que los rumiantes, no pueden tirar de arados, su pelo no se presta a la elaboración de fibras y tejidos, y no se les puede ordeñar, de todos los animales domesticados de gran tamaño son los únicos cuya utilidad principal radica en su carne. Los cerdos se han venido criando en diversas zonas de Oriente Medio desde hace 10.000 años, es decir, desde hace tanto como las ovejas y cabras, e incluso más que el ganado vacuno, en algunas de las aldeas neolíticas más antiguas excavadas han aparecido huesos de cerdo con rasgos indicativos de la transición de las variedades silvestres a las domesticadas.

Una explicación convincente del declive general de dicha ganadería en Oriente Medio se atribuye a la deforestación y al crecimiento demográfico, al principio del Neolítico los cerdos podían hozar en bosques de robles y hayas que proporcionaban sombra y lodazales, además de bellotas, hayucos, trufas y otros productos propios del sotobosque, al crecer la población humana aumentó la superficie cultivada y se destruyeron los bosques de hayas y robles con el fin de ganar espacio para los cultivos, en especial el olivo, eliminando con ello el nicho ecológico del cerdo.

A medida que se destruyeron los bosques, las tierras de pastoreo y cultivo marginales sufrieron un destino análogo, la sucesión general fue como sigue: de los bosques a las tierras de cultivo, de éstas a las tierras de pasto y de éstas a la estepa desértica, aumentando en cada etapa los beneficios de la cría de rumiantes y las pérdidas de la cría de cerdos, se ha calculado que, entre el 500 a.n.e. y el pasado más inmediato, los bosques de Anatolia se redujeron del 70 al 13 por 100 de la superficie total.

El derrumbe de la base práctica de la producción porcina fue causado por la sucesión ecológica, el peligro que entrañaba para esta ganadería era muy tangible y explica bastante bien su condición, el cerdo se domesticó con un solo propósito: Suministrar carne, cuando las condiciones ecológicas dejaron de favorecer su cría, ninguna función alternativa pudo redimir su existencia, se hizo no sólo inútil, sino algo todavía peor: Se convirtió en una criatura nociva, en un animal paria. Esta transformación ofrece, evidentemente, un contraste acusado con la que experimentó el ganado vacuno en la India, tras una serie análoga de acontecimientos ecológicos, deforestación-erosión-desertificación, las vacas dejaron de ser aptas para el consumo, pero en otros aspectos, en especial, la fuerza de tracción y la leche, se hicieron más útiles que nunca, convirtiéndose en divinidades animales que santificaban a quien las mirara o tocara.

Desde esta óptica, el hecho de que los israelitas siguieran teniendo la posibilidad de criar cerdos, a bajo coste en los bosques de montaña que aún quedaban o en hábitats pantanosos, con gasto extra allí donde escasearan sombra y agua, no entra en contradicción con la base ecológica del tabú, de no haber existido la posibilidad mínima de criar cerdos, el tabú hubiera carecido de razón de ser. Si los israelitas hubieran sido los únicos en prohibir el cerdo resultaría más difícil elegir entre distintas posibilidades a la hora de explicar el tabú antiporcino, pero la presencia repetida de aversiones en diferentes culturas del Oriente Medio brinda un fuerte respaldo a la tesis de que la proscripción israelita constituía una respuesta a unas condiciones prácticas muy extendidas, y no a un conjunto de creencias relacionadas exclusivamente con los conceptos de pureza e impureza de animales privativos de una religión determinada, al menos para otras tres civilizaciones importantes del Oriente Medio, fenicios, egipcios, y babilonios, el cerdo resultaba tan perturbador como para los israelitas.

En los tres casos antes citados la carne de cerdo se consumía sin restricciones en la remota antigüedad, una de las interpretaciones del tabú antiporcino de los egipcios es que fue un reflejo del conflicto fundamental entre la densa población humana que abarrotaba el Valle del Nilo, desprovisto de árboles, y las necesidades alimentarias del cerdo, que afectan a productos vegetales que los seres humanos también pueden consumir.

En Mesopotamia, lo mismo que en Egipto, el cerdo cayó en desgracia después de un largo periodo de popularidad, al parecer, cayó en desgracia cuando los campos de regadío sumerios se contaminaron con sal y hubo que sustituir el trigo por la cebada, especie vegetal que tolera mejor la sal, pero de rendimientos relativamente bajos, estos problemas agrícolas contribuyeron al derrumbamiento del Imperio Sumerio y al desplazamiento del centro de poder río arriba, a Babilonia, durante el reinado de Hammurabi (1.900 a.n.e.) se siguieron criando cerdos, pero éstos desaparecen totalmente del registro arqueológico e histórico de Mesopotamia a partir de esas fechas.

A propósito de la medicina en la Biblia: En el Deuterenomio (28 y 21-28) se lee: “Que el Señor envíe sobre ti la peste.... que el Señor te hiera de tisis y sarna... que el Señor te hiera la locura y ceguera. Yo soy Yahvé tu sanador”, y en Salmos: “ Yahvé el que sana todas las dolencias”, en el Antiguo Testamento y en el Talmud las referencias médicas son abundantes y precisas tanto de medicina como de cirugía, se describen estudios anatómicos post-morten de esófago, laringe, tráquea, membranas del cerebro, páncreas, órganos sexuales, bazo, riñones, médula, la sangre es considerada como principio vital, hay estudios de hígado, sobre la cirrosis, la necrosis hepática, la descripción de tumores, de enfermedades con ictericia, trastornos biliares, así como difteria y la descripción y estudios de la lepra y los esfuerzos para evitarla.

miércoles, 16 de febrero de 2011

PROXIMO ORIENTE (V) Los Pueblos del Mar




Hasta entonces el tránsito marítimo por el Mediterráneo había tenido un carácter esencialmente comercial. Es verdad que Creta había desarrollado una armada con la que había impuesto su hegemonía en el Egeo, pero debieron de encontrarse con una resistencia mínima. Los mismos egipcios usaban barcos para transportar sus tropas a Canaán, pero siempre bordeando la costa. Nadie hasta entonces había enviado tropas en barcos para librar una batalla importante lejos de sus costas. La idea de llevar tropas al otro lado del mar debía de ser considerada una locura para los egipcios.

Sin embargo, los griegos micénicos empezaron a aventurarse por el mar con fines militares. Sin duda les llegaron productos exóticos provenientes de tierras lejanas a través del mar Negro, pero esta vía comercial estaba enteramente bajo el control de Troya. Oriente debió de adquirir fama de ser una tierra rica y paradisíaca. En efecto, los griegos tenían una leyenda al respecto, según la cual mucho tiempo atrás un grupo de cincuenta héroes mitológicos capitaneados por Jasón emprendieron una arriesgada aventura hacia oriente en busca del vellocino de oro, la piel de un carnero divino cuya lana era de oro, símbolo de la prosperidad de las tierras lejanas. Embarcaron en la nave Argos, por lo que eran conocidos como los Argonautas, entre los cuales estaban el mismo Teseo, el que venció al Minotauro y liberó a Atenas del dominio cretense, y con él Hércules, y su padre Peleas, y Orfeo, y muchos otros. Respecto a Troya, resultó ser un pequeño obstáculo en el camino pues, cuando trató de impedir el paso a la expedición, Hércules desembarcó, saqueó la ciudad y mató al rey Laomedonte junto con todos sus hijos excepto Príamo, que era el rey a la sazón. Nada de esto tiene visos de realidad. Más bien debemos suponer que estas historias fueron inventadas por los griegos micénicos para animar al pueblo, o tal vez a los aqueos, pueblo tan poco interesado por el mar como Egipto, a lanzarse sobre Troya y acabar con su hegemonía. Las leyendas griegas al respecto hablan de una coalición de Argivos y Aqueos en una expedición contra Troya. En principio "argivo" hace referencia a la ciudad de Argos, que era una de las ciudades micénicas más importantes, pero es probable que el término se usara para referirse indistintamente a todos los griegos micénicos. Naturalmente, el casus belli según los griegos no fue tan prosaico como el de borrar del mapa una ciudad molesta. Según la tradición, la guerra se debió a que Paris, el hijo de Príamo, se llevó (no está muy claro si por la fuerza o de mutuo acuerdo) a Helena, la mujer de Menelao, rey de Esparta, quien solicitó la ayuda de su hermano Agamenón, rey de Micenas, para recuperarla. A su vez, éstos reclamaron la ayuda de otros reyes, como Ulises de Ítaca o el aqueo Aquiles. Al margen de los detalles poéticos, las tradiciones griegas parecen describir dos facciones en pie de igualdad: los argivos, capitaneados por Agamenón y los aqueos, capitaneados por Aquiles. La ciudad de Troya fue destruida y los griegos convirtieron el acontecimiento en una de sus gestas más memorables.

Las leyendas griegas continúan explicando que, al volver a su patria, los héroes se encontraron con una situación turbulenta. Las fábulas se inclinan hacia sucesos más románticos en torno a adulterios, envenenamientos y disputas por el poder, pero la realidad histórica subyacente era de otra naturaleza. Los pueblos indoeuropeos se habían ido extendiendo por la Europa oriental, eran belicosos y en estos momentos debían de pasar por un periodo de escasez o superpoblación, por lo que se expandían en todas direcciones y desplazaban a su vez a otros pueblos. La Grecia micénica empezó a sufrir el acoso de otro pueblo indoeuropeo, emparentado con los griegos pero mucho menos civilizado: los Dorios. Los dorios tenían armas de hierro, lo que les concedía una superioridad contra la que los griegos micénicos no tenían nada que hacer. Como fruto de estas convulsiones el Mediterráneo se llenó de hordas de piratas que sobrevivían atacando y saqueando las ciudades costeras. Estaban formados por mezclas heterogéneas de dorios, griegos micénicos y habitantes de poblaciones variadas que no encontraron mejor salida que lanzarse al mar. Un grupo numeroso de estos piratas desembarcó en las costas de Libia y se unió a los nativos en un ataque contra Egipto.

Parece que hacía los siglos XII y XI a.n.e., los Dorios invadieron Grecia desde el norte acabando con la civilización micénica, que luego trataremos. No está claramente establecidos si subyugaron inmediatamente a los aqueos o si, durante un tiempo, casi fueron compañeros de viaje. Las crónicas de Egipto y de Ugarit mencionan también a los Sherden, cuyo casco adornado con cornamentas puede denotar un origen balcánico, algunos de sus grupos fueron contratados como mercenarios por los faraones, destinándolos a luchar contra los hititas, y el grueso fue finalmente rechazado, marchando hacia Chipre, parece que posteriormente su peregrinaje había partido de Cerdeña, a la que dieron el nombre, otros pueblos emparentados con ellos siguieron itinerarios parecidos cuando fueron rechazados por los egipcios: los Tirrenos se instalaron en la costa italiana y los Shekelesh acabaron asentados en Sicilia, donde fueron conocidos con el nombre de Sículos.

También los testimonios egipcios mencionan a los Lukka como otro pueblo de mar, estos contaban con una flota poderosa, cuyas bases estaban en Lidia y pirateaban toda la costa de Anatolia. Los confusos testimonios mencionan también a los Akamasha, probablemente pobladores aqueos de los estados micénicos que, una vez desplazados por las Dorios, se reasentaron en zonas de influencia de la costa anatólica, amenazando ahora a los hititas, cuyas crónicas citan también a los Tursha, pueblo enigmático que apareció en Anatolia, fue rechazado y reemprendió la navegación por el Mediterráneo, con tan ignorado destino que se les ha llegado a relacionar con los etruscos e incluso con la gaditana Tartesos.

Probablemente también eran aqueos los Denyen, que desembarcaron en las costas anatólicas y sirioplaestinas, una teoría apunta que se fundieron con los hebreos, dando origen a la tribu de Dan, una de las doce tribus de Israel, establecida en las fuentes del río Jordán, los ilirios y los frigios parece que procedían de los Balcanes, se instalaron en Anatolia y fueron responsables de una de las destrucciones de Troya, contribuyeron a la ruina del imperio hitita, poco sabemos de los Weshesh, posiblemente vinculados a Troya.

Los Peleset eran sin duda los filisteos de la Biblia, pueblo de origen Egeo, probablemente griegos cretenses, tenían un asentamiento anterior en las costas croatas, al parecer desde allí saltaron a Creta empujados por los Dorios. En el siglo XII a.n.e., los filisteos participaron en la invasión de Egipto junto con otros pueblos del mar, más adelante ocuparon la costa sur de Palestina, que les debe su nombre. Esencialmente, los filisteos ocuparon cinco ciudades gobernadas cada una por su propio rey, pero que mantenían una débil coalición. Tres de ellas estaban junto a la costa: Asdod, Ascalón y Gaza, mientras que otras dos estaban en el interior: Ecrón y Gat.

jueves, 10 de febrero de 2011

ORIENTE PROXIMO (IV) Las 12 tribus




En el último cuarto del II milenio a.n.e., los grandes imperios del momento, Egipto, Hatti y Asiria, sufrieron el ataque de numerosos invasores, llamados por los egipcios “pueblos del mar”, aunque su irrupción está poco documentada históricamente. Durante el reinado de Amenofis III había ascendido al poder un general semita llamado Yanhamu, que llegó a ser gobernador de los territorios egipcios en Canaan. No fue el único cananeo que gozó de una posición de prestigio en Egipto. Es probable que alguno de ellos (o varios) diera origen al mito bíblico sobre José, un cananeo que ascendió de la esclavitud a virrey de Egipto. Bajo el reinado de Akenatón, Yanhamu estuvo en Egipto, y es plausible que ocupara el alto cargo de "director de los graneros", lo que acabaría vinculándolo con una antigua leyenda egipcia, originariamente atribuida a Imhotep, según la cual José interpretó los sueños del faraón y previno siete años de hambre, y así ordenó a tiempo almacenar las provisiones necesarias para alimentar al pueblo en los años de escasez.

Se suponía que Mitanni era aliado de Egipto, pero Akenatón no respondió a sus peticiones de ayuda, ni tampoco a las de los virreyes y generales de Egipto en Siria, que le informaban de que las posiciones egipcias se veían seriamente amenazadas y solicitaban que enviara a Yanhamu con un ejército. En efecto, unas nuevas tribus nómadas semíticas habían surgido, al igual que sucediera con los amorreos tiempo atrás, y amenazaban las posesiones egipcias en Canaán. Eran los hebreos. Pese a la negligencia de Akenatón, los ejércitos egipcios pudieron impedir que los hebreos se instalaran permanentemente al oeste del Jordán. Sin embargo, los recién llegados formaron tres reinos al este: Amón, Moab y Edom. Los hebreos adoptaron la lengua cananea (estrechamente emparentada con la suya), así como el alfabeto, con algunas adaptaciones. Paulatinamente fueron asimilando diversos aspectos de la cultura cananea.

Los hebreos eran, en origen, mesopotámicos (tal vez arábigos), que emigraron hacia el norte acosados especialmente por la gran invasión amorrea de hacia el 2.000 a.n.e. en sucesivas oleadas llegaron a Canaan desde comienzos del II milenio a.n.e., también es posible que junto a ellos llegaran tribus amorreas incapaces de adaptarse al mundo sedentario de Mesopotamia, donde se habían instalado la mayoría de sus parientes. Los estudios recientes sobre la documentación completa en relación con los habiru nos han permitido unas seguridades limitadas: que se trataba de bandas incontroladas, sin unidad de mando, que se dedicaban a expediciones de rapiña, que a veces concedían sus servicios como mercenarios a los príncipes que les requirieran.

Todos los autores tienden a ver en ellos semitas desarraigados, si bien la referencia inmediata del término sugiere menos un particular grupo humano que un modo de comportarse: Retraídos de la sociedad, apátridas ajenos a los marcos sociales del entorno, aunque en principio podían ser multirraciales, lo normal es que mayoritariamente fueran semitas, si hebreo es lo mismo que habiru, ello no supone nombre propio de pueblo, sino que estas tribus recibieron ese apelativo porque como habiru se comportan, curiosamente los israelitas no se atribuyen así mismos el nombre de hebreos en la Biblia, sino que así se les llama desde fuera y así se denominan ellos sólo cuando hablan con extranjeros, muchos habiru, además, se incorporarían más o menos pronto a las tribus de Israel en su proceso de constitución.

Hacia el año 1.250 a.n.e., en la cuenca oriental del Mediterráneo se produjeron migraciones masivas de distintos pueblos que chocaron entre sí y se empujaron violentamente hasta atacar a los grandes estados establecidos en la región, la mayor parte procedían de la misma cuenca oriental del Mediterráneo y migraron masivamente por causas todavía desconocidas. Puede que drásticos cambios climáticos, como un enfriamiento en el centro de Europa y en los Balcanes, empujaran a sus habitantes hacia el Sur, su migración también pudo estar provocada por razones económicas, como un colapso comercial causado por el bloqueo comercial del rey hitita Tudhaliya III y de su intento de conquistar Chipre ayudado por Ugarit.

Canaán empezó a recibir el embate de nuevas tribus nómadas emparentadas con los hebreos que cien años antes habían ocupado el este de Canaán. Sin embargo, este parentesco no influyó en los hebreos, que rechazaron a los recién llegados. Las primeras en hacer su aparición debieron de ser las tribus de Rubén, Isacar y Zabulón, formaron la coalición de Lía (el nombre de una diosa de los pastores cananeos, vinculada con la Luna), a la que luego se sumaron como tributarios Gad y Aser. La primera de estas dos tribus deriva su nombre de un dios de la buena fortuna, cuyo culto se extendía desde Fenicia hasta Arabia. Aser proviene de Ashir, que era una diosa cananea también de culto muy difundido. La ciudad de Hesbón, situada en el límite septentrional de Moab, aprovechó que el ejército moabita estaba concentrado al este contra los recién llegados y se rebeló con éxito, deshaciéndose de las pocas tropas moabitas de la zona. Las tribus de Lía reaccionaron rápidamente y aprovecharon el caos creado por Hesbón. Atacaron la ciudad y la arrollaron, con lo que se abrieron paso hasta el Jordán. Ocuparon un territorio entre Amón y Moab que más adelante se quedaría en exclusiva la tribu de Rubén.

Durante los últimos años del reinado de Ramsés II la presión sobre los reinos hebreos de Edom, Amón y Moab seguía aumentando. Llegó una nueva tribu dirigida por un caudillo poderoso: Josué. Esta tribu debió de ser especialmente belicosa y parecía tener muy claro el objetivo de cruzar el Jordán e invadir Canaán. Tal vez por ello acogió gustosa en su seno a los hombres más fieros que encontró en la zona: por una parte a una tribu de honderos ambidiestros de gran puntería y por otra a un pueblo de pastores oriundo del norte de Palestina llamado Bene-jamina, cuyo caudillo tenía el título de Dawidum, (posible origen del nombre David). Éstos formaron la tribu de Benjamín, y formaron con los hombres de Josué una coalición identificada con el nombre de Raquel, una diosa de características similares a las de Lía (tal vez las diferencias de culto Lía / Raquel se usaron como signos distintivos de los dos grandes grupos tribales que acechaban Canaán). La coalición de Raquel se engrosó pronto con las tribus de Dan y Neftalí.

Josué debió de pactar una alianza con las tribus de Lía para facilitar su plan de invasión. La confederación se llamó Israel, que significa algo así como "Dios lucha con nosotros". Hacia 1226, Josué cruzó el Jordán con sus hombres y ocupó una rica franja de tierra a la que llamaron Efraím (región fértil), mientras que Benjamín ocupó la zona inmediatamente más al sur. Probablemente, la tribu original de Josué estaba formada por dos clanes poderosos, uno de los cuales ocupó Efraím y el otro fue extendiéndose hacia el norte hasta tener su territorio propio, al que dio el nombre de Manasés. Así, las tribus de Raquel pasaron a ser tres: Efraím, Manasés y Benjamín. De la federación de Raquel original surgió también una tribu diminuta: la tribu de Leví, que en realidad era una clase sacerdotal que no ocupó más que unas pocas ciudades dispersas. Posteriormente la tribu de Leví fue considerada como una tribu de Lía, en lugar de una tribu de Raquel.

jueves, 3 de febrero de 2011

ORIENTE PROXIMO (III) enemigos de Egipto





El principal objetivo militar de Egipto fue preservar su integridad territorial. Por una parte, se defendió contra los intentos de invasión de los pueblos vecinos. Por otra parte, sus campañas en el exterior no iban encaminadas tanto a la anexión de territorios como a ocupar posiciones para alejar lo más posible a los enemigos de las fronteras naturales del estado egipcio y, de paso, someter a pueblos vasallos a aportar tributos. Al sur, los faraones construyeron fortalezas a lo largo del Nilo para defenderse de los ataques de los nubios, contrarios a su expansión meridional.

Egipto nunca consideró a Nubia un país extranjero, sino una parte menos importante de su propio territorio. Los egipcios reclutaron a sus vecinos de sur como soldados auxiliares ya en tiempos de Reino Antiguo, en el III milenio a.n.e., Nubia proporcionó buenos arqueros y los medjai, un cuerpo de exploradores y policías especializados que formó parte del ejército egipcio que expulsó a los invasores hicsos. Mientras a sur de la tercera catarata se formaba el reino de Kush, que resultaría ser un incomodo adversario de Egipto. Durante la dinastía XVIII, Tutmisis I destruyó Kerma, la capital de Kush, y remontó el río hasta Tebas con el cadáver del rey kushita balanceándose boca abajo en la proa de su barco. Las tropas del faraón llegaron más allá de la cuarta catarata, el punto más meridional jamás alcanzado por el ejército egipcio. La gran irrupción de los nubios en Egipto se produjo seiscientos años más tarde, cuando los kushitas avanzaron desde su nueva capital, Napata, para ampliar sus fronteras hacia el norte. Esta expansión culminó en tiempos del rey Piankhy, que completó la conquista de Egipto; con él comenzó la dinastía XXV. Cinco faraones de la familia real khushita gobernaron Egipto en nombre del dios Ammón y respetaron las costumbres egipcias, aunque sus sepulturas no están en las necrópolis reales egipcias, sino en El Kurru y en Nuri, cerca de Napata.

Al oeste, en el desierto occidental, los egipcios mantuvieron una pugna intermitente con los libios por la ocupación de los oasis. Aunque conocemos como libios a todos los habitantes del desierto occidental, éstos no constituían un solo pueblo, sino que formaban un conglomerado de diversas tribus que los egipcios dividieron en dos grandes grupos: los tjehenu, que ocupaban la zona próxima a la frontera de Egipto, y los tjemehu, pueblos del interior del desierto que probablemente descendían de los habitantes primitivos (bereberes) del Sahara. Al oeste del valle y emergiendo de entre la inmensidad desértica, cinco grandes oasis se distribuían de norte a sur: Siwa, Bahariya, Farafra, Dakhla,y Kharga. También podría añadirse la existencia de otros oasis menores, como Selima, Kurfur y dungul, estos últimos en latitudes más meridionales. Los oasis egipcios se asientan en tierras fértiles, en las que, gracias a los manantiales de agua que los sostienen, la vegetación llega a ser exuberante y próspera la actividad agrícola. Su potencial motivó el interés egipcio por explotarlos económicamente. Vino, aceite, higos y dátiles eran sus producciones más características, pero, gracias a la vida que proporcionaban a la región, se propiciaron otras actividades, como el pastoreo y la prospección minera: en sus alrededores se obtenían piedras para la construcción, piedras duras, metales, galena y natrón.

Su importancia también está derivada de su posición estratégica tanto a nivel militar como comercial. El estado egipcio, a partir del Reino Antiguo, destacó funcionarios para que ejercieran el control de esos vergeles. Conforme avanzó el tiempo, el rango de estos “gobernadores de los oasis” iría en aumento, paralelamente a la necesidad cada vez mayor de asegurar los recursos económicos y estratégicos. A partir del Reino antiguo, Egipto consideró a las tribus libias, al desierto y a los oasis como una fuente de la que obtener recursos económicos de importancia a través de campañas periódicas o razzias. Las referencias procedentes del reinado de Snefru (Dinastía IV) y del templo funerario de Sahure (Dinastía V) aportan información iconográfica del botín capturado, consistente en éste último caso en 123400 bovinos, 223200 asnos, 232413 cabras y 243689 ovejas, lo que evidencia el carácter pastoril de la sociedad libia y la importancia de su ganadería.

En el Reino Nuevo el mosaico étnico-cultural sufre un cambio importantísimo. Para empezar aparecen nuevos grupos como los libu y los meshwesh. La investigación respecto a estos dos grupos se encuentra ante diversas polémicas. Por un lado, su origen no está nada claro y algunos les suponen autóctonos, mientras que otros les consideran extranjeros. Por otro lado, el hábitat de estas tribus estuvo situado en la Cirenaica. Los meshwesh habrían ocupado la zona más occidental mientras que los libu la Cirenaica oriental. Este hábitat era idóneo para la economía pastoril que practicaban estas tribus, al contrario que la Marmarica, ya en contacto con la frontera egipcia, enclave poco adecuado para este tipo de actividad. La coyuntura en el Mediterráneo Oriental, marcada por el comienzo de movimientos migratorios masivos, tanto por parte de los libios como de los distintos Pueblos del Mar, parece ajustarse a un incremento en la política defensiva de Egipto.

La fortaleza de Zawiyet umn el-Rakham es la construcción más occidental de ese sistema defensivo. Situada a unos 350 kilómetros de Alejandría, ha proporcionado importante información para conocer las relaciones que mantuvieron egipcios y libios. Según los datos arqueológicos, su función no era sólo de carácter militar: los soldados egipcios aprovechaban los alrededores, cultivando cereales y lino, mientras que en el interior de la fortaleza existían graneros, útiles de siega, corrales para ovejas y cabras, hornos para cocer pan, tinajas para fermentación de cerveza, etc. Es decir, las guarniciones de estas fortalezas contribuían a su abastecimiento cultivando los alrededores. Los arqueólogos han hallado también, objetos de procedencia mediterránea, lo que indica que el fuerte actuó como centro de intercambio comercial con los mercaderes mediterráneos y con los propios libios. De lo que se deduce que los tehenu, los temehu habrían desarrollado una actividad económica con los egipcios, mientras que el verdadero peligro procedía de los libu y de los meshwesh, llegados desde tierras más occidentales, y, posteriormente, de los Pueblos del Mar.

El movimiento de los pueblos hacia el este pudo estar ocasionado porque, dado el incremento de la población, se hicieron necesarios más pastos para el ganado y las tierras de cultivo, a lo que también pudieron añadirse la sequía y los efectos de la desertización. Otros autores defienden que la sociedad libia había alcanzado un gran crecimiento y prosperidad nunca antes lograda. El comercio con el exterior habría sido el motor de la mejore económica de las tribus libias y pudo ser uno de los principales motivos de una estratificación social cada vez más profunda. En este caso, la emigración hacia el este pudo estar provocada por unas élites tan poderosas como interesadas en mantener su status. El crecimiento demográfico, la crisis climática o la presión de unos pueblos sobre otros son distintas causas que también pudieron influir en este complejo proceso.

El paso siguiente consistiría en la transición de la tradicional economía pastoril de las sociedades libias a una economía de carácter agrícola. Para conseguirlo, sería necesaria la expansión y la ocupación de regiones habitadas por agricultores sedentarios. De esta manera, la actuación de estos pueblos libios sugiere un proceso progresivo de infiltración, establecimiento y sedentarización. La necesidad de ocupar nuevas tierras no se debió tanto a una crisis de la sociedad, como a su crecimiento, cuya viabilidad requería esa expansión. Los prisioneros capturados por los egipcios durante estos enfrentamientos fueron recluidos en fortalezas situadas en tierra egipcia, en donde pasaron a tener progresivamente un papel cada vez más significativo dentro de la jerarquía del ejército del faraón. Paralelamente, se llevó a cabo un proceso de egiptianización, si bien conservaron sus nombres y sus señas de identidad externa.

Estos nuevos enclaves se convirtieron en centros emergentes de poder político y militar en donde los libios adquirieron progresivamente mayor influencia y jerarquía dentro de la sociedad egipcia. De esta manera, ciudades como Menfis, Heracleópolis y otras del Delta, se convirtieron en núcleos importantes desde dónde se expandió el emergente poder libio, lo que les permitió asumir poco mas tarde el control político de un estado en plena decadencia. Los libios se convirtieron en príncipes y sacerdotes de las divinidades locales, controlaron cada vez mayores territorios en el norte del país y elevaron al trono de Egipto a Sheshonq, uno de los “Grandes jefes de los Ma. (shwash)”, que inauguró la dinastía XXII.

Expulsados los hicsos, protagonistas del llamado Segundo Periodo Intermedio, inicia Egipto, por 1.580 a.n.e. aproximadamente, la brillante aventura de su Nuevo Imperio, los faraones de este Egipto otra vez reunificado no pierden de vista sus intereses en Canaán y repiten una y otra vez sus expediciones militares, ocupan la tierra y la organizan mediante guarniciones, mandos y funcionarios. Mientras Canaán florecía bajo el protectorado egipcio, los fenicios revolucionaron la escritura. Todos los sistemas de escritura conocidos hasta entonces se basaban en asignar un signo a cada palabra. Esto hacía que la escritura fuera un arte muy complejo, pues había que recordar cientos de signos distintos. Ocasionalmente, algunos signos se usaban con valor fonético para modificar el significado de otro signo, pero los fenicios fueron los primeros que desarrollaron la idea y crearon un sistema de escritura alfabética, es decir, un sistema en el que cada signo representa un sonido, de tal modo que con un reducido inventario de signos (alfabeto) se puede representar cualquier palabra. Para ello eligieron palabras que empezaran por cada uno de los signos de su lengua y convinieron en usar sus signos para representar únicamente a dicho sonido inicial. Por ejemplo, la palabra "buey" era aleph, cuyo primer sonido era una oclusión glótica que no existe en castellano, y su signo pasó a ser la primera letra del alfabeto cananeo. Las siguentes fueron beth, gimel y daleth, que significan "casa", "camello" y "puerta", pero que para los fenicios pasaron a representar los sonidos b, g y d, respectivamente. El alfabeto fenicio no tenía signos para las vocales. Ello se debe a que en las lenguas semíticas cada raíz léxica está asociada a un grupo específico de consonantes, de modo que las vocales sólo tienen una función de apoyo, en todo caso con un valor gramatical que puede deducirse del contexto, es decir, en la lengua cananea no había grupos de palabras como "peso" y "piso", que comparten las mismas consonantes con significados completamente distintos, por lo que, si se escribían las consonantes, cualquier hablante podía reconstruir las vocales. La escritura ha sido inventada independientemente por varias culturas a lo largo de la historia, pero todos los sistemas de escritura alfabética conocidos provienen del fenicio.

Por otra parte, el comercio fenicio se enriqueció con productos novedosos. Mejoraron las técnicas egipcias de fabricación del vidrio, pero sobre todo descubrieron la púrpura, un tinte rojo extraído de unos moluscos con el que se elaboraban tejidos de color brillante que no desteñían al ser lavados. Los fenicios guardaron celosamente el secreto de la elaboración de este tinte, con lo que monopolizaron su comercio durante siglos. La púrpura fue muy codiciada, y se vendía a precios elevados. Entre las ciudades que más se beneficiaron de estas innovaciones estaban Tiro y Sidón.

jueves, 27 de enero de 2011

ORIENTE PROXIMO (II) MEDITERRANEO





En 1750 a.n.e., la cultura cretense inició un periodo de apogeo, se construyeron grandes palacios, construcciones complejas con salas de uso religioso, de ceremonias y de banquetes. Había almacenes con reservas de vino, aceite, grano, lana, metales, etc. Alrededor de los palacios estaban los talleres de los artesanos metalúrgicos, de los grabadores y los alfareros. Se conservan magníficas piezas de cerámica y orfebrería. La influencia de Creta sobre las islas del Egeo y el sur de Grecia debió de reforzarse en esta época. Probablemente, fue este periodo el que dio origen a la leyenda griega sobre un poderoso rey cretense llamado Minos, al cual los atenienses debían pagar anualmente un tributo humano para alimentar al Minotauro, un monstruo, hijo de Minos, con cabeza de toro. Ciertamente en Creta se celebraban rituales con toros.

Por estas fechas un terremoto sembró la destrucción en la isla de Creta, que perdió temporalmente su hegemonía en el Mediterráneo. Es posible que los griegos aprovecharan la situación para infligir una derrota a los cretenses. Tal vez esto diera pie a la leyenda sobre Teseo, el príncipe ateniense que mató a Minotauro.l

Durante el siglo XVI a.n.e, la isla de Creta se recuperó de su declive. Se volvieron a construir palacios más grandiosos que los de los tiempos anteriores. Los nuevos palacios tenían un gran patio central con gradas monumentales para espectadores, donde se celebraban competiciones de lucha (algo similar al boxeo, aunque también se golpeaba con los pies) y juegos rituales con toros: unos atletas saltaban sobre los animales y, tras una voltereta, caían de pie. El toro tenía una gran importancia religiosa en esta cultura. La parte de la leyenda griega sobre el Laberinto, que el rey Minos había hecho construir para encerrar al Minotauro, parece remontarse a esta época. Las casas particulares tenían hasta cinco plantas con escaleras interiores. Se conservan pinturas de escenas cotidianas, en las que los hombres juegan a un cierto juego de tablero mientras el ama de casa teje lana, hay escenas de caza, otras de hombres acompañados de perros y gatos, etc. Los cretenses tenían un dios principal poderoso e iracundo, pero también había una diosa Madre a la que se podía rogar que aplacara a su hijo. El rey era descendiente de este dios y, de hecho, era éste quien le decía en cada momento lo que convenía hacer, de modo que oponerse a una orden real era oponerse a la voluntad divina. Todo esto es lo que se desprende de las numerosas pinturas de la época. De los testimonios escritos no se puede concluir nada, pues no se conoce la lengua cretense. La escritura del periodo anterior (la que terminó en 1700 a.n.e) era pictográfica, pero ahora se usaba una nueva en forma de líneas onduladas irregulares (escritura Lineal A).

La cultura cretense se extendió por las islas Cícladas y por el Peloponeso, cuyas ciudades principales a la sazón eran Micenas, Tirinto y Argos. Otras ciudades que más adelante adquirirían importancia eran Esparta y Corinto y, ya fuera del Peloponeso, Atenas y Tebas. Mientras tanto, el dominio de Creta sobre el Mediterráneo fue decayendo en favor de la civilización micénica. Hacia 1450 a.n.e., se aprecian signos de destrucción en muchas ciudades cretenses, e incluso periodos de ocupación griega.

Con el siglo XIV a.n.e., se inicia la llamada Edad Micénica griega. Las ciudades del Peloponeso, con Micenas a la cabeza, arrebataron gradualmente a Creta su dominio sobre el mar Egeo. Al parecer, los griegos micénicos eran el resultado de la fusión entre un pueblo indoeuropeo que llevaba ya siglos ocupando el norte de Grecia con un pueblo nativo no indoeuropeo, conocido como Pelásgico, que ocupaba las costas y las islas. No tenemos muchos detalles de este periodo, pero de algún modo los indoeuropeos grecohablantes absorbieron la cultura de los pelásgicos (que a su vez éstos habían tomado de los cretenses) y se convirtieron en una clase dominante. Prueba de ello es que en 1400 a.n.e., cayó definitivamente en manos de los griegos micénicos la ciudad de Cnosos, y a partir de entonces la escritura lineal A (no descifrada) fue sustituida por una escritura de aspecto similar, la lineal B, que ha resultado ser una forma de griego arcaico. Los documentos descifrados contienen recetas e instrucciones para el trabajo. No hay literatura, ni ciencia, ni historia, por lo que podemos pensar que los micénicos eran una mezcla sencilla de comerciantes, navegantes y guerreros. Tal vez los griegos indoeuropeos fueron los que promovieron la rebelión contra el dominio cretense y ello les diera a su vez el predominio sobre los pelásgicos. La lengua pelásgica debió de conservarse en un segundo plano frente a la griega durante varios siglos. Por su parte, los griegos situados más hacia el interior no recibieron con igual intensidad la antigua cultura cretense, sino que permanecieron en un estadio más primitivo frente a los griegos micénicos. Es probable que esta diferenciación cultural se corresponda con la diferenciación de dos de los dialectos más importantes del griego clásico: los griegos micénicos debían de hablar el dialecto jónico, mientras los griegos del interior debían de hablar el eólico. La cultura micénica se extendió hasta el sur y el centro de Italia.

El hierro llegó hasta Grecia. Hay constancia de que las tribus eolias que habitaban la Grecia interior, menos civilizadas que las tribus jónicas de la Grecia micénica, importaban del norte hierro fundido en pequeñas cantidades, si bien no lo fabricaban. Los historiadores griegos se refieren a estas tribus con el nombre de Aqueos. No hay muchos datos sobre quiénes eran los aqueos. Tal vez fueran simplemente los griegos eólios o tal vez éstos absorbieron, pacíficamente o no, a nuevas tribus del norte que les trajeron el conocimiento del hierro junto con nuevos rasgos culturales. Por ejemplo, una costumbre diferenciada de los aqueos que permite seguirles el rastro frente a los micénicos es que en lugar de enterrar a sus muertos los incineraban. La incineración parece haber surgido con las nuevas técnicas de fundición que requería el hierro. Los aqueos debieron de ser un pueblo más rudo que los micénicos, pero éstos debieron de ver en ellos un refuerzo conveniente para sus campañas militares.

Combinando la arqueología con la tradición griega posterior, la Grecia micénica ofrece esta imagen: había una oligarquía dominante (probablemente indoeuropea, frente a un pueblo de origen pelásgico). Los nobles son carnívoros y prefieren los lechones, mientras que el pueblo es vegetariano y se alimenta principalmente de trigo tostado y pescado. Los nobles beben vino y usan la miel como edulcorante, mientras que el pueblo bebe agua. La propiedad de la tierra está vinculada a la familia, en cuyo seno rige una especie de régimen comunista. No hay una división del trabajo en oficios, sino que cada familia se fabrica lo que necesita. Hasta el rey siega, cose y clava tachuelas. No labraban metales, sino que importaban el bronce del norte y, en escasas cantidades, el hierro. Usaban carros tirados por mulos, aunque eran caros y pocos podían permitírselos. Había esclavos, pero poco numerosos y, por lo general, bien tratados. Principalmente eran mujeres que se ocupaban de las labores domésticas. Usaban el oro como dinero (a peso, sin acuñar monedas), pero sólo para transacciones importantes, lo habitual era pagar con pollos, medidas de trigo, cerdos, etc. La riqueza de una familia no se medía por su dinero sino por sus posesiones. Daban gran importancia a la elegancia y la belleza física. Sus trajes eran de lino, a modo de saco con un agujero para la cabeza, si bien trataban de adornarlos con bordados y otros detalles. Un buen vestido era considerado como algo muy valioso. Las casas de los pobres eran de adobe y paja, las de los ricos de piedra y ladrillo. Constaban de una estancia única con un agujero en el techo a modo de chimenea. No tenían templos, sino que las estatuas de los dioses quedaban al aire libre.

Por esta época debió de empezar a cobrar importancia la ciudad de Troya. Estaba situada en la costa de Anatolia, en un lugar estratégico para controlar el paso por el Helesponto, un estrecho que comunica el Mediterráneo con un pequeño mar, la Propóntide, que a través del estrecho del Bósforo comunica a su vez con el Mar Negro. El Mar Negro, ofrecía grandes posibilidades para el comercio, alejado del disputado Mediterráneo y con una extensa costa llena de pueblos no muy civilizados a los que se podía ofrecer artículos de lujo a cambio de minerales y otras materias primas. Algunos comerciantes llegaron incluso a China por esta vía, de donde importaban artículos exóticos, como el Jade. Así pues, Troya estaba en condiciones de aprovecharse directa e indirectamente de este comercio, sin más que exigir un tributo a todo el que quisiera cruzar el Helesponto.

No se sabe a ciencia cierta quiénes eran los troyanos. La ciudad estuvo habitada desde mucho tiempo atrás, pero ahora había caído bajo el control de una nobleza grecohablante. Tal vez fueran griegos micénicos que la habían ocupado a modo de colonia, pero es más plausible que los "nuevos" troyanos fueran un grupo de cretenses que, ante la decadencia de su nación, decidieron trasladarse a un lugar más propicio para "volver a empezar". Su buen conocimiento del Mediterráneo les habría llevado a Troya, donde habrían sometido a la población asiática y se habrían convertido en un molesto rival para los griegos micénicos.

jueves, 20 de enero de 2011

Oriente próximo. (I)





La documentación egipcia nos brinda aspectos interesantes, las invasiones de asiáticos semitas en el Primer Periodo Intermedio demostraron a Egipto la necesidad de controlar Palestina como zona de contención. Tradicionalmente se ha venido diciendo que los invasores hicsos eran hurritas, con elementos culturales indoeuropeos, sino, mezcla real, y algunos semitas incorporados, hoy se prefiere, más bien, suponer mayoría semítica en este movimiento pues aparecen nombres semíticos claros, algunos muy cercanos a los bíblicos, en escarabeos de los dominadores hicsos.

Aún más al este, en China, tras el largo periodo de la dinastía Xia, se instauró la primera dinastía de la que se tiene un auténtico conocimiento histórico: la dinastía de los Chang. Su capital estaba en la ciudad de Erlitou y dominaba una buena parte del valle del río Amarillo. La organización política era rudimentaria y no estuvo exenta de tensiones y luchas con los vecinos. Durante el reinado de los Chang se fijaron los rasgos específicos de la antigua China: la escritura actual, el transporte mediante carros, la fundición del bronce, y una organización política estructurada en torno al rey y la capital.

Mesopotamia y Egipto son las piedras angulares de la historia escrita. Durante largo tiempo, estos dos primeros grandes centros de civilización dominan la cronología y pueden tratarse de forma más o menos aislada. Pero evidentemente su historia no es toda la historia del mundo antiguo, después del 2000 a.n.e., los movimientos de otros pueblos ya estaban dividiendo al mundo en nuevos modelos. No hay una unidad simple y evidente para esta historia ni siquiera en el creciente fértil, que durante largo tiempo continuó mostrando más creatividad y dinamismo que ninguna otra parte del mundo.

En algunos lugares, los pueblos ya establecidos resisten durante siglos, en otros, se convirtieron en siervos de nuevos conquistadores que llevaban migrando desde siglos antes, o fueron expulsados por ellos. No parece probable que los nuevos conquistadores se asentaran siempre en las tierras que asolaban, pero acabaron con estructuras políticas existentes y el futuro se construiría sobre sus tronos. Este panorama es confuso en el mejor de los casos, y sólo quedan testimonios fragmentarios de parte de él. La historia se aceleraba y la civilización proporcionaba al ser humano nuevas oportunidades, en lugar de sumergirnos en la avalancha de acontecimientos, vale la pena que tratemos de comprender algunas de las fuerzas de cambio que actuaban La más patente de estas fuerzas sigue siendo la de las grandes migraciones humanas, su modelo básico no cambia mucho durante mil años aproximadamente después del 2000 a.n.e., ni tampoco los protagonistas étnicos. La dinámica fundamental es la que proporcionaba la presión de los pueblos indoeuropeos sobre el Creciente Fértil, tanto desde el Este como desde el Oeste, la variedad y el número de éstos aumentan.

Lo sorprendente sería sin duda que los imperios y reinos de la antigüedad no hubieran sido finalmente frágiles, ya que actuaban también otras nuevas fuerzas que multiplicaban los revolucionarios efectos de los desplazamientos masivos de las poblaciones. Una de ellas, que ha dejado profundos rastros, es el perfeccionamiento de la técnica militar. El acceso a los pastos altos del Norte y del Este del Creciente Fértil les abrió las puertas a las reservas de caballos de las tierras de los nómadas, en los valles fluviales los caballos eran al principio escasos, apreciadas posesiones de reyes o de grandes jefes, y los bárbaros disfrutaban por tanto de una gran superioridad militar y psicológica. La guerra cambió también con la aparición de los jinetes. Un soldado de caballería propiamente dicho no sólo se mueve a caballo, sino que combate a caballo, este arte tardó mucho en desarrollarse, dada la complejidad de manejar un caballo y una lanza o un arco al mismo tiempo. La equitación procedía de las tierras altas de la meseta irania, donde puede que se practicara ya en el 2000 a.n.e., y se difundió a través de Oriente Próximo y del Egeo mucho antes del final del siguiente milenio.

Las ventajas militares del hierro son manifiestas y no sorprende que su uso se difundiera con rapidez por todo el mundo, pese a los intentos de limitarlo por quienes lo poseían. Al principio, fueron los hititas. Tras su declive, el forjado del hierro se extendió con rapidez, no sólo por que era un metal más efectivo para la fabricación de armas, sino porque el mineral de hierro, aunque escaso, era más abundante que el cobre o el estaño. En la agricultura los pueblos que lo utilizaban podían cultivar suelos impenetrables hasta entonces. Ya en el siglo XI a.n.e., se utilizaba el hierro para fabricar armas en Chipre. La industria del hierro experimentó un rápido progreso en la meseta irania, en el Cáucaso, y en Asiria y Canaán, desde donde se extendió a toda Mesopotamia. En la península Ibérica, la metalurgia del hierro fue introducida por poblaciones indoeuropeas.

La demanda de metal contribuye a explicar otro cambio: el nuevo y cada vez más complejo comercio, tanto dentro de la región como a gran distancia, en una de esas complicadas interacciones que parecen conferir cierta unidad al mundo antiguo. El estaño, por ejemplo, tenía que transportarse desde Mesopotamia y el actual Afganistán, así como desde Anatolia, hasta lo que ahora llamaríamos centros de transformación. El cobre de Chipre era otro producto que conoció un amplio comercio, y la búsqueda de más minerales dio a Europa, pese a estar en los márgenes de la historia antigua, una nueva importancia.

El comercio a gran distancia depende del transporte. Al principio, los productos se llevaban a lomos de asnos y bueyes; la domesticación de caballos a mediados del segundo milenio a.n.e., hizo posible las caravanas comerciales de Asia y la península Arábiga, que posteriormente parecerían de inmemorial antigüedad y que abrió un entorno hasta entonces impenetrable, el del desierto. Salvo entre los pueblos nómadas, probablemente la rueda no tuvo más que una importancia local para el transporte, dada la exigua calidad de los primeros caminos. Probablemente para acarrear grandes cantidades de productos el transporte marítimo y fluvial era ya más barato y sencillo que el terrestre. Mucho antes que las caravanas empezaran a llevar hasta Mesopotamia y Egipto las gomas y resinas de las costas árabes del sur, las transportaban los barcos por el mar Rojo y las mercancías iban y venían en navíos mercantes por el mar Mediterráneo.

Incluso en épocas recientes se intercambiaban o hacían trueques de productos, y sin duda eso fue lo que significó comerciar durante la mayor parte de la antigüedad. Pero el invento del dinero supuso un gran paso adelante. El primer medio de intercambio sellado oficialmente que ha llegado a nuestros días procede de Capadocia, tiene forma de lingotes de plata y corresponde a finales del tercer milenio a.n.e., una auténtica moneda de metal. Los mecanismos monetarios refinados (Mesopotamia tenía un sistema de crédito y efectos de cambio en épocas muy tempranas) ayudaron a promover el comercio.

La vida urbana también ofrecía una nueva intensidad de creatividad cultural, una nueva aceleración de la civilización. Una señal de la aceleración de la civilización es la difusión de la escritura. Los reyes se rodean de burocracias y los recaudadores de impuestos buscan recursos para realizar empresas cada vez mayores. La ley se convierte en una idea aceptada generalmente, ahí donde penetra, se produce una limitación, aún cuando al principio sólo fuera implícita, del poder del individuo y un aumento del que ostenta el legislador. A pesar del nuevo cosmopolitismo que permitió unas relaciones y una influencia recíproca más fructíferas y fáciles, las sociedades tomaros caminos muy diversos. En el pensamiento, la expresión más llamativa de esa diversidad es la religión. Aunque algunos han creído ver en la era preclásica una tendencia hacia sistemas más simples y monoteístas, el hecho más evidente es la existencia de un enorme y variado panteón de divinidades locales y especializadas, que en su mayoría coexistían en tolerancia, con sólo alguna indicación ocasional de que un dios estaba celoso de su distinción.

Junto con la prosperidad agrícola, el comercio hizo posible una civilización de considerable solidez. La nueva civilización que al final surgiría de los siglos de confusión debió mucho a la reanudación de las relaciones Este-Oeste. Fue muy importante que los helenos (nombre con el que se distinguía a los invasores de Grecia respecto a sus antecesores) se extendieran por las islas y hasta el continente asiático, proporcionando muchos puntos de contacto entre dos mundos culturales. Pero no fueron ellos los únicos lazos entre Asia y Europa, los intermediarios de la Historia Universal, los grandes pueblos comerciantes, siempre llevaron consigo las semillas de la civilización. Los cananeos de la costa y los fenicios fueron uno de los más grandes agentes transmisores de civilización, pero eso, de grado o de fuerza, también lo habían sido otros: los minoicos y los micénicos por su difusión de una cultura y los helenos y dorios por su agitación del mundo étnico del mar Egeo.

La “confusión” es una cuestión de perspectiva. Durante alrededor de ochocientos años desde el final de Cnosos, por ejemplo, la historia del Oriente Próximo es, en efecto, muy confusa. Los invasores llegaban y se marchaban con rapidez, algunos de ellos dejando tras de sí algunas comunidades, mientras otros fundaban nuevos Estados que sustituían a los que derrocaban. Esta situación apenas podían entenderla quienes no eran conscientes de estos hechos más que ocasionalmente y de forma repentina, cuando (por ejemplo) quemaban sus casas, violaban a sus mujeres y se llevaban a sus hijos como esclavos; o, por decirlo con menos dramatismo, cuando descubrían que un nuevo gobernante iba a recaudar más impuestos. Tales acontecimientos serían lo bastante preocupantes, por no emplear una palabra más enérgica. Por otra parte, seguramente millones de personas vivieron aquella época sin conocer un cambio más espectacular que la llegada un día a su aldea de la primera hoz o espada de hierro; cientos de comunidades vivieron dentro de un sistema de ideas e instituciones que permaneció inmutable durante muchas generaciones. Ésta es una reserva importante que no hay que olvidar.

En el continente euroasiatico, los pueblos errantes se movían en una zona donde había centros consolidados de gobierno, estructuras políticas poderosas y duraderas, y numerosas jerarquías de especialistas en administración, religión y aprendizaje. Esto explica en parte por qué la llegada de nuevos pueblos destruye menos lo que ya se había logrado en el Egeo. Otra fuerza conservadora la constituía el largo contacto que muchos de los bárbaros tenían ya con la civilización en esta región, lo que hizo que no desearan destruirla, sino disfrutar de sus frutos. Estas dos fuerzas contribuyeron a largo plazo a difundir más la civilización y a producir el creciente cosmopolitismo de un oriente Próximo grande y confuso, pero civilizado e interconectado.

miércoles, 22 de diciembre de 2010

LOS OTROS RIOS (II) Med. y Vet India





El concepto básico del culto hindú, ya hemos dicho, es el de la metempsicosis, transmigración de las almas de unos cuerpos a otros, que justifican su creencia en la migración del alma de un ser humano al cuerpo de un animal, lo que explica el enorme respeto que el hindú siente por los animales y que muchos de ellos sean considerados animales sagrados. De hecho, en la India los procedimientos de la medicina humana y de la medicina veterinaria tradicionales se hallan en pie de igualdad tal que sólo difieren, en la práctica, por la pertenencia a la casta sacerdotal de algunos médicos de humanos.

En los Veda se hallan numerosas referencias a ambas medicinas, en el Atharveveda se contienen las fórmulas mágicas de los exorcismos y conjuros, conteniendo 731 plegarias o encantamientos para el tratamiento de las enfermedades de los seres humanos y de los animales. El códice que podemos considerar realmente médico es el Aiurveda (conocimiento de la longevidad o de la vida), para sus recopiladores, la enfermedad emanaba (siguiendo la tradición mesopotámica) de la obra demoníaca de Písacos y Raksasas, cada enfermedad era traída por uno de estos diablos, que podía ser neutralizado, transformando en inofensivo, si se llegaba a conocer su nombre.

Los tratamientos se aplicaban por igual a seres humanos y animales, asociando los conjuros, ensalmos y extractos de plantas, la planta “Kustha” se utilizaba para curar la fiebre, la “Apanarga” para las enfermedades gastrointestinales, la “Arundhati” curaba al toro y era utilizada para devolver la leche a la vaca. La castración se utilizaba en los bóvidos y en los carneros, en el Veda se describen tres métodos para la castración:

El aplastamiento de los testículos entre dos piedras.

El aplastamiento del cordón espermático entre dos estaquillas de madera.

La creación de un hipospadias artificial mediante un cuchillo de piedra.

Según el Veda, son numerosas las plantas que se utilizaban como elementos curativos, para incrementar la producción de leche de los bóvidos y como coagulante de la leche. Hacia el siglo VIII a.n.e., del códice de Manu se desprende que los médicos eran ordenados por castas y que existían escuelas de medicina. Los animales estaban protegidos por ley de una forma tan amplia como las personas, la vaca es la madre del Dios Brama, Indra es el toro posesivo y fiero en las plegarias de Brahama, se citan algunas bestias antes que al ser humano, una de estas preces dirigida a Brama dice: “tú eres el que cura al buey, al caballo, de ti la curación para el hombre, de ti la salud para la cabra y la oveja”.

Cinco son los animales que pueden ser ofrecidos para el sacrificio, en orden decreciente de valor: el buey, el caballo, el hombre, el carnero, y la cabra. Con la llegada de Buda, la protección de los animales se acentúa y el “raja” (veterinario) pasa a ser un personaje muy importante, en los escritos de Sushruta, el más ilustre médico de la India, se niega el beneficio del tratamiento médico a los cazadores y a todo aquel que mate o capture animales con trampas, siguiendo la ley de Asoka, el soberano filósofo (270-222 a.n.e.) manda que todo ser humano seguidor de Buda nunca mate animales, en la segunda parte de su códice, Asoka anuncia haber creado dos clases de hospitales, uno para seres humanos y otro para animales, estos hospitales veterinarios (pasoukicisa) fueron establecidos en todo el reino y todavía existen.

El Mahavanma ó crónica Zingalesa, recuerda que el rey Duttha Gamani (161 a.n.e.), ordenó que hubiera un médico veterinario por cada 10 pueblos e hizo construir hospitales en los cruces de las principales vías de paso, en los que se pudiera curar tanto a los seres humanos como a los animales enfermos, en muchos casos, por ejemplo en Sri Lanka, la begum Buddhadasa (siglo IV a.n.e.) tenía médicos capacitados para curar tanto a los soldados de su ejercito como a los caballos y los elefantes (Hastyayurveda, es el tratado especial para los elefantes). El médico Charaka escribió un tratado de medicina veterinaria sobre las enfermedades del caballo, y otras dos obras sobre el tratamiento de las enfermedades de otros animales, Charaka vivió en el siglo IV a.n.e., fue médico del rey Kamiska y en su tratado recogió las nociones de la medicina veterinaria de todo el periodo védico, mucho más tarde, las ideas de Charaka pasaron a la medicina veterinaria árabe (albeytería) cuya influencia fue decisiva para el desarrollo de la veterinaria hispana (El “llibre dels caballs” de Díez , en la Sicilia medieval, esta directamente influenciado, cuando no es copia literal, del tratado de Charaka).

Los hindúes otorgaban una gran importancia a los aspectos externos de los animales, por ejemplo el pelo, la edad del animal se reconocía en la dentadura y en diversos tratados se describen las triquiñuelas que empleaban algunos tratantes de animales para embaucar a los compradores mediante la modificación de la dentadura de las bestias. El médico y el veterinario hindú practicaban la sangría, utilizaban vesicantes, la cauterización, la aplicación de sinapismos y diversos medicamentos, junto a esta medicina racional convivían los encantamientos y el empirismo.

En el Aiurveda los desequilibrios en la relación del individuo con el medio son las causas más importantes de enfermedad, el tratamiento médico tenía un sentido de ser una ayuda de los seres humanos al restablecimiento del orden del cosmos, un orden religioso, moral y físico, que la enfermedad había alterado. Concebía el mundo físico y psíquico como una unidad y una constitución común del macro y microcosmos a base de cinco elementos: el éter o vacío, el viento, el fuego, el agua y la tierra. Hay tres elementos biológicos o esenciales para la vida:

El viento, presentado como soplo o corriente del cuerpo, prama, idéntico al que recorre el universo.

El fuego, presentado bajo la forma de bilis

El agua, bajo la forma de pituita que recorre todo el cuerpo.

En la terapéutica se hallan desarrolladas la dietética, la farmacología y la cirugía, esta última en alto grado, incluso la cirugía plástica, de la que es continuación directa la cirugía plástica europea aparecida en la Italia medieval, la cirugía plástica se desarrolló por vía de los castigos de la religión que profesaban, ciertas faltas, como el adulterio, eran penadas con la extirpación de la oreja o de la nariz, para suplirlas se ideó la técnica de colgajos cutáneos sea del cuello o del cuero cabelludo. Como técnica anestésica se usaba la droga “sammohini” y la hipnosis, método que llevó a Europa desde la India el cirujano inglés Esdaile en la primera mitad del siglo XIX.

La cirugía aiurvédica fue la más notable y sus principales técnicas fueron: escisión, incisión, escarificación, puntura, vendaje, extracción, drenaje y suturas, los cirujanos tenían un rico instrumental quirúrgico que demuestra la habilidad y adelanto de las intervenciones de diversos tipos, cirugía plástica, oftalmología, amputaciones, y otras, y desinfectaban los instrumentos quirúrgicos, requieren más de 100 instrumentos quirúrgicos diferentes, y el uso de la sutura de hormigas, para suturar intestino con cabezas de grandes hormigas haciendo morder los bordes de las herida, también usaban cauterizaciones y cirugía de los cálculos renales por vía perineal.

Sushruta es el médico que nos dejó un tratado, el “Sushruta Samhita”, en el que desarrolla y perfecciona la rinoplastia, el labio leporino, las hernias, los cálculos vesicales y la cirugía de los ojos, principalmente cataratas, escribió: “Solamente la unión de la medicina y cirugía conducen al médico completo, el médico que carece del conocimiento de una de esas ramas es como un pájaro que sólo tiene un ala”; pertenecía al grupo de Ashirin, médicos formados por Prajapati “ señor de todas las criaturas” que fue creado por Brama “ el ser que existe por sí mismo”.

La aceptación de los Mandamientos de Charaka, eran un requisito preliminar al estudio y normas de conducta para el futuro médico en el ejercicio de su profesión, el Charaka Anhita un texto (que en algunos párrafos se remonta al tercer milenio a.n.e., si bien no sería el más antiguo de los textos de medicina pues el Nei-Jing chino se remonta al 2.600 a.n.e.) relata que el cuerpo humano tiene 360 huesos, que 80 son las enfermedades debidas al aire, 40 a la bilis, 20 a la flema, relata 8 diferentes enfermedades del estómago, 7 formas de lepra, 8 de retención urinaria, 6 de diarreas, 14 tipos de tumefacciones intestinales, también afecciones por gusanos, asma, enfermedades de la nariz, también que la orina en algunos casos es dulce, describiendo los síntomas de la diabetes: Sed, orina dulce y mucosa húmeda y prescribe dieta y régimen alimenticio sumamente detallado para su curación, relata el pulso y la auscultación, describe 500 fármacos entre ellos la Rauwolfia serpentina, de propiedades sedantes para el tratamiento de la cefalea y la mordedura de serpientes.

De acuerdo con las traducciones de Charaka, salud y enfermedad no están predeterminadas, y la vida puede prolongarse por el esfuerzo humano y el cuidado en el estilo de vida. Se atribuye a Charaka la siguiente cita: «Un médico que falla en entrar en el cuerpo de un paciente con la lámpara del conocimiento y el entendimiento, nunca podrá tratar enfermedades. Deberá primero estudiar todos los factores, incluyendo el entorno, que influencian la enfermedad, y luego prescribir tratamiento. Es mas importante prevenir una enfermedad que buscar su cura». Charaka fue el primer estudioso en presentar los conceptos de digestión, metabolismo e inmunidad. De acuerdo con su traducción de los Vedas, el cuerpo funciona porque contiene tres dosha o principios, llamados movimiento (vata), transformación (pitta) y lubricación y estabilidad (kapha). Los doshas son a menudo llamados «humores», producidos cuando la sangre, la carne y los huesos interactúan con el alimento consumido. Para la misma cantidad de alimento ingerido, un cuerpo produce dosha en cantidad distinta a otro cuerpo, por eso un cuerpo es diferente a otro. Además la enfermedad se produce cuando el balance entre los tres dosha se desequilibra. Para restaurar el balance Charaka prescribía drogas medicinales

Realizó las exploraciones anatómicas topográficas en cadáveres humanos sobre todas las estructuras. Fue el primero en descubrir el aparato circulatorio, alrededor del siglo III a. n.e., nominado desde entonces Mahatma Amar. Charaka estableció un método sobre prevención de la salud, funcional hasta la actualidad, por lo que es también considerado a nivel mundial como el padre de la Medicina Preventiva, la Cirugía Plástica y la Medicina Interna. A su vez Charaka fue pionero en manufacturar más de 113 instrumentos quirúrgicos, hasta la actualidad ciertos de sus diseños siguen siendo empleados en la práctica quirúrgica.