Disección de un caballo, grabado del Cours d´Hippiatrique, ou traité complet de la médicine des chevaux, Philippe-Étienne Lafosse, París 1.772

lunes, 14 de junio de 2010

Los dioses y la carne





Los yacimientos arqueológicos, desde los comienzos de la cultura humana y durante los 25.000 años de la prehistoria, están llenos de esculturas de imágenes femeninas, el grupo más importante se nos presenta constituido por las estatuillas en bulto redondo a las que se ha dado el nombre de Venus, surge la deducción obvia que reflejaban al sexo de la divinidad que ejercía la primacía en la estructura de una sociedad matriarcal: en la Prehistoria se adoraba a una diosa suprema, diosa que se creería habría creado todo. Las obras de arte religioso más arcaicas son figuras de la solitaria “gran diosa”, imagen paleolítica de la madre, antes de que el “padre” existiera en la tierra o en el cielo.

La divinidad es un invento humano, podemos afirmar que la humanidad ha creado a sus divinidades a imagen y semejanza suya, desde los primitivos mitos, los hombres crearon a sus dioses a su semejanza, en las primeras sociedades humanas, el estado social y las ocupaciones tribales dieron carácter a las concepciones religiosas donde prepondera el régimen de la maternidad, el dios es un fetiche femenino, la Tierra-Madre, que saca de sí los dioses y las cosas; donde prepondera el régimen de la paternidad, el dios es masculino. El sexo Divino ha sido consecuencia de un auténtico determinismo económico, lo confirma el que, tras la revolución habida, cuando la economía pasó a manos masculinas, igualmente cambió el sexo de la divinidad que coronaba el panteón. En los mitos históricos de época patriarcal (que empezó hace unos 5.000 años) domina en el panteón un dios varón, lo que refleja la revolución habida. Todos estos dioses brotaron en el pasado de la mente del hombre proyectada sobre animales y plantas, sobre montañas y torrentes, planetas en su órbitas, y en sus propias y peculiares costumbres sociales.

Desde el pensamiento animista, nuestra especie siempre ha esperado de los dioses, y demás espíritus, beneficios de algún tipo. La religión fue, ante todo, una técnica para alcanzar el éxito, recuperación de la enfermedad, éxito en las empresas comerciales, lluvias para regar cultivos agotados, victoria en el campo de batalla, el sacrificio era el camino para conseguirlo. La comida expuesta para consumo de los dioses no desaparecía de inmediato; se descomponía, como todo alimento normal sin consumir, estaba claro que los dioses, seres hechos de espíritu, sólo se alimentaban de la esencia espiritual de la comida que se les ofrecía, la sustancia material podía entonces redistribuirse bajo los auspicios de la autoridad eclesiástica y política y ser consumida como comida autorizada a los hombres por los dioses, ¿son familiares esas palabras?

Debería ser así, pues lo descrito es el aspecto espiritual de los sistemas de intercambio redistributivo, cuya importancia en la evolución de las jerarquías políticas ya hemos tratado en otra ocasión. A medida que se jerarquizaban las relaciones entre las minorías gobernantes y las gentes del común, los intercambios redistributivos se fueron equilibrando, y lo que había comenzado como ofrendas de los hombres a sus antepasados acabó en donaciones obligatorias, (impuestos en especie), recaudadas por el Templo y el Estado. Si bien la mayoría de los dioses son omnívoros y gustan de los alimentos vegetales y de las bebidas (sobre todo alcohólicas) un vistazo sobre cualquier religión primitiva nos pone de manifiesto que la carne ocupa un lugar preeminente en el ciclo del intercambio alimentario que une a los hombres con el mundo de los espíritus.

En general, las culturas agrícolas desarrollaron una religión más compleja y sofisticada que los pueblos nómadas. Los nómadas llevaban una vida relativamente cómoda. Se sentían capaces de dominar su entorno. Eran gente ruda y fuerte. A menudo efectuaban provechosas incursiones en aldeas de agricultores indefensos. Para sus pocas necesidades, desconocían lo que era la escasez o falta de recursos. Las únicas cosas que no podían controlar eran las tormentas, las enfermedades y tal vez los enfrentamientos con otros pueblos nómadas. Por ello sus religiones se limitaban a algún "dios de las tormentas" o "del trueno" o "del rayo", a quien implorar clemencia en las tempestades, o quizá a un "dios de la guerra" a quien encomendarse y pedir protección antes de un enfrentamiento. Por el contrario, los agricultores estaban rodeados de eventos que escapaban a su control. Su nivel de vida dependía de que lloviera en el momento oportuno, de que no hubiera tormentas devastadoras, de que las cosechas fueran buenas, de que los ríos trajesen agua suficiente pero no excesiva, etc. Conocían las diferentes estaciones del año y las vinculaban con los cambios de posición del Sol y las estrellas en la bóveda celeste. Así, el agricultor aprendió a rezar ante la adversidad.

En gran parte de Europa, Asia, África y Oceanía, ser sacerdote significaba poseer conocimientos, aptitudes y autoridad para matar animales del modo más grato a los dioses. Además, el sacrificio y consumo de carne no se dejaba al antojo de cualquiera que tuviera deseos de comer carne, sino que estaban reservados a ocasiones especiales como nacimientos, bodas, funerales y ritos de transición a edad adulta, ocasiones en que la carne podía ser redistribuida y compartida por los miembros de la comunidad. Como bien sabe todo lector del antiguo Testamento, los levitas, nombrados sacerdotes hereditarios del antiguo Israel, estuvieron encargados del sacrificio ritual de animales domésticos para su ofrenda y redistribución, el Levítico menciona, al menos, siete tipos de ofrendas: “holocausto”, “paz”, “pecado”, “delito”, “acción de gracias”, “expiación” y “fraude o engaño”. Con excepción, quizá, del holocausto, el sacrificio ritual no convertía el cadáver en incomestible, aunque siempre se procedía a desangrar al animal, y a derramar su sangre sobre el altar.

Las primitivas religiones eclesiásticas recurrían a menudo al sacrificio humano para congraciarse con los dioses, no obstante raramente consideraban la carne humana como un alimento que los dioses gustaban comer, ni redistribuían los restos humanos como hacían con la carne animal en los banquetes ofrecidos por los reyes generosos (con una importante excepción documentada, de la que luego hablaremos), cuando los especialistas eclesiásticos hacían uso de ofrendas humanas, éstas eran a menudo auténticos sacrificios, ofrendas destinadas a proporcionar a los dioses mediante la autoimposición de privaciones exorbitantes, y no mediante la reciprocidad equilibrada y los ciclos alimentarios, el sacrificio de niños es un exponente del género, las excavaciones arqueológicas indican que se mataba a niños y colocaban sus cuerpos bajo los fundamentos de templos y palacios. Los cautivos de guerra eran otra fuente común de víctimas sacrificatorias, las inscripciones dan testimonio del sacrificio frecuente de prisioneros de guerra por los sacerdotes de los templos.

La forma más difundida de sacrificio humano es el practicado con ocasión de la muerte y el entierro de reyes y otros personajes de sangre real. La lógica sacrificadora de estos ritos reside en la renuncia del nuevo soberano a las valiosas posesiones humanas del soberano precedente, antes que reservarlas para uso propio, los nuevos soberanos los despedían para que sirvieran al predecesor en el cielo como habían hecho sobre la tierra, con la esperanza de congraciarse con los exaltados antepasados divinos, de cuya colaboración dependía el éxito del nuevo monarca. Señalamos aún otra función secundaria del entierro de miembros del séquito, ¿qué otra cosa sino la certeza de morir con su rey hubiera movido a sus esposas y servidores a afanarse en la protección de su vida?

Querríamos poder afirmar que el extendido tabú contra el consumo de carne humana obedece al impulso ético de fortalecer la vida humana, pero el talante belicoso de las Jefaturas avanzadas y de los primeros Estados demuestra que la realidad es muy distinta, gran parte de las matanzas de animales en los altares no era otra cosa que el preludio a la matanza de seres humanos en el campo de batalla.

Antes de proseguir, dejemos bien claro que nuestra especie no siente una aversión natural hacia el consumo de carne humana, no resulta en verdad difícil encontrar ejemplos distintos a los conocidos de hambruna extrema. Ejemplo: desde el siglo XVI los manuales de medicina de Inglaterra, y del continente, recomendaban la administración de Caromomia, un “preparado medicinal hecho a partir de carne humana embalsamada, secada o “preparada” de alguien muerto de forma repentina, preferiblemente violenta“. Las farmacias londinenses estaban surtidas de esta panacea, pero los médicos recomendaban que los productos de primera calidad se adquiriesen en comercios especializados en Caromomia.

Expuestas algunas de las razones para creer en la amplia difusión de la antropofagia entre las sociedades del nivel de bandas y aldeas y las jefaturas, deberíamos volver sobre la cuestión de por qué las religiones eclesiásticas que encontramos en las sociedades de los primeros Estados solían imponer cierta restricción al canibalismo y no a la guerra, el quid de la cuestión reside en la capacidad que poseen las sociedades políticamente evolucionadas para integrar como mano de obra las poblaciones vencidas, esta capacidad, a su vez, está relacionada con una mayor productividad de los agricultores y demás trabajadores de esas sociedades.

La matanza y consumo a gran escala de cautivos sería contraria a los intereses de las clases en el poder por ampliar su base de tributación, puesto que los prisioneros pueden producir excedentes, resulta mucho más provechoso consumir el producto de su trabajo que la carne de sus cuerpos, sobre todo si la carne y la leche de los animales domésticos (fuera del alcance de la mayoría de los individuos del nivel de bandas y aldeas) forman parte del excedente. Añadamos que ningún grupo humano encontrará jamás rentable el canibalismo fuera del contexto de la guerra, los seres humanos son las criaturas más costosas y molestas de capturar y domesticar.

La religión precolombina de los aztecas constituye la gran excepción anteriormente referida. A diferencia de otras deidades eclesiásticas, los dioses del Estado Azteca tenían ansia de carne humana, sobre todo de corazones. El destino habitual del resto de cadáver de la víctima era el de ser comido, cuando el sol iniciaba su descenso a poniente, los guerreros celebraban un gran festín con muchos bailes, ceremonias y canibalismo. El banquete redistributivo antropófago de los aztecas proporcionaba a los guerreros cantidades sustanciales de carne en recompensa de su éxito en el combate, al contrario que prácticamente todos los demás Estados, los aztecas nunca lograron domesticar el tipo de animales con cuya carne contaban las otras sociedades eclesiásticas para sus banquetes redistributivos, en otras palabras, carecían de rumiantes como ovejas, cabras, vacunos, llamas o alpacas, que se alimentan de hierbas y hojas incomestibles para el hombre, tampoco conocían el cerdo, en su lugar, su principal fuente doméstica de carne era el pavo y el perro, ambos poco aptos para la producción masiva de carne según los procedimientos preindustriales. Los aztecas intentaron criar razas de perros que se pudieran engordar con alimentos vegetales cocidos, hecho que ya nos da una idea de su ansia insatisfecha de carne.

De significación similar es la sorprendente variedad de fuentes de proteínas y grasas animales pequeñas, ineficaces y silvestres que los aztecas devoraban con avidez a la menor oportunidad; serpientes, ranas, escarabajos, larvas de libélula, saltamontes, hormigas, gusanos, renacuajos, moscas acuáticas y los huevos de éstas. Claro está que también comían animales de mayor tamaño como venado, pescado y aves acuáticas siempre que podían, pero si había que distribuirlos entre el millón y medio de habitantes del radio de 32 kilómetros de Tenochtitlan, la ingestión total de carne de origen silvestre no podía pasar de pocos gramos diarios, en consecuencia, en el caso de los aztecas la relación coste-beneficios de la renuncia al consumo de carne de cautivos de guerra no era la misma que en otras sociedades estatales.

Se seguía “produciendo” prisioneros como productor derivado de la guerra, pero su utilidad como esclavos y campesinos era mínima, preservar sus vidas no podía resolver el acuciante problema de la escasez de recursos animales, pues no había forma de aprovechar la mano de obra suplementaria para aumentar el abastecimiento de alimentos de origen animal, el alto valor que los aztecas atribuían al consumo de carne no era consecuencia arbitraria de sus creencias religiosas, más bien ocurría lo contrario, sus creencias religiosas (el ansia de sus dioses por comer carne humana) reflejaban la importancia de los alimentos de origen animal en relación con las necesidades dietéticas humanas y la escasa disponibilidad en su hábitat de cualquier tipo de animal con excepción del hombre.

miércoles, 9 de junio de 2010

Transición mesolítico/neolítico






Tal vez los cereales no fueron los primeros cultivos de la humanidad, la agricultura pudo iniciarse con la plantación de higueras hace 11.400 años, así parecen indicarlo los restos carbonizados de sus frutos y sus más de 300 gránulos, en el poblado neolítico de Gigal I, en el valle del Jordán, pertenecen a una variedad que no producía semillas, por lo que sólo pudieron reproducirse gracias a la intervención humana, es decir, por esquejes.

La transición preboreal finaliza con la aparición de comunidades productoras de alimentos. Desde el punto de vista de los cambios medioambientales se aprecia que las diferencias son mucho más claras, se produce un incremento de asentamientos al aire libre, posiblemente debido a la mejora de las condiciones climáticas y también porque las zonas que quedan libres de los glaciares no permiten la formación de cuevas. Se aprecia una disminución de la movilidad que da lugar, en algunas situaciones, a hablar de poblaciones semipermanentes.

Comienzan a proliferar la construcción de estructuras de habitación. Las cabañas más conocidas son las del yacimiento de Lepenski Vir. El número de cabañas es aproximadamente de 30 y se habla de una cierta urbanización. Los enterramientos se realizan en los lugares de habitación. Las cabañas son de planta trapezoidal de 6 m de largo con el suelo hecho de una especie de argamasa. El armazón de la cabaña se llevaría a cabo mediante la colocación de postes de madera.

Se produce la culminación de la diversificación en el aprovechamiento de recursos. Aumentan muchas actividades de aprovechamiento distintas a la caza como son la pesca y la recolección. El bosque llega a su máxima expansión y por lo tanto especies propias de bosque como el corzo forman parte importante de la estrategia de aprovechamiento de recurso. Ya se ha acabado la especialización a la hora de cazar y se diversifica las especies cazadas con arco, instrumento que ya aparece en el registro arqueológico. Se introduce la utilización del perro, que ya aparece domesticado para la actividad cinegética, se llegan a dar enterramientos de perros, lo que indica la importancia que tuvieron en la caza.

También se da diversificación en actividades alternativas, especialmente en la pesca, donde la pesca marina sufre un importante impulso (se pescan bacalaos y pescadillas entre otros). Se encuentra una mayor cantidad de especies grandes como la ballena y el delfín, que pudieron ser objeto de carroñeo y también pudieron ser cazados. Existe la barca y el remo para la captura de peces marinos. Hay un incremento de moluscos marinos y terrestres. Esta actividad se incrementa tanto en algunas comunidades que da lugar a los concheros.

En este periodo decae considerablemente el arte rupestre. Una de las razones para su desaparición vendría de una interpretación de su existencia. Según esa interpretación serían lugares de reunión para hacer disminuir el estrés demográfico entre poblaciones, por lo que en esta época de regionalización de comunidades no habría estrés demográfico y por lo tanto no habría necesidad de establecer estos santuarios. Las representaciones artísticas que se dan son distintas y destacan esculturas esquemáticas de figuras de hombres.

Se pueden establecer dos grandes periodos en la evolución del ambiente en el próximo oriente durante el Holoceno. La primera fase sería desde el 12.500 hasta el 9.000 a.n.e., donde el clima sería relativamente frío y donde el nivel de humedad es mayor en la zona de Siria – Palestina, las herbáceas tienen un mayor predominio pero ya se advierte una expansión de los cereales silvestres como el trigo y la cebada.

Ya en el 9.000 a.n.e. se registra un aumento de las temperaturas y del nivel de la humedad que va a favorecer el desarrollo de la vegetación arbórea (sobre todo en Siria y Palestina) sin quitar los cereales y en la zona interior se produce un desarrollo de herbáceas silvestres. Se advierten elementos diferenciadores posiblemente ligada a la diversidad física del ambiente. Podemos hablar de tres ámbitos geográficos y culturales: la zona anatólica, la zona de los montes Zagros y la zona siro – palestina.

Aumentan los emplazamientos al aire libre, podemos hablar ya de poblados, denotan un gran nivel de permanencia. No pasan de 400 habitantes pero son poblados. Aparecen semienterrados, con zócalos de piedra, hay enterramientos junto a las cabañas. Al margen de estos, aparecen pequeños fosos destinados a almacenar el grano silvestre.

Podrían utilizarse los “corrales trampa” (estructuras artificiales de forma circular en el que se abre una entrada por la que penetra la manada). Teniendo en cuenta el amplio aprovechamiento de recursos vegetales silvestres se explica la escasa movilidad de las poblaciones. El cereal es almacenado (recurso permanente, estático y anual, favorecido por el clima). Podríamos hablar de poblaciones cazadoras – recolectoras complejas (no están especializadas, pero llevan a cabo un aprovechamiento masivo).

Formas iniciales de subsistencia:

Agricultura de rozas: Este sistema se considera de los más antiguos. Se puede encontrar con el nombre de Ignicultura. Este sistema surge en el neolítico y se sigue aplicando en la actualidad, especialmente en zonas tropicales (donde hay selvas). Este sistema puede darse en grupos tribales, jefaturas e incluso en sociedades más avanzadas. Cuando se agota el terreno el grupo abandona el lugar provocando que la maleza vuelva a crecer. Este tipo de agricultura no favorece especialmente el sedentarismo.

Parece ser que el cultivo se realizaba por medio de un palo cavador. En ocasiones además de semillas se pueden sembrar esquejes.

Método resecional: Se practica mucho en la zona del Sahel africano. Consiste en aprovechar fuentes de agua estacionales cuando se produce la retirada máxima de los caudales de agua, aprovechando las tierras húmedas que quedan al descubierto.

Ganadería o pastoreo nómada: Se ha identificado en sociedades tribales, jefaturas e incluso en sociedades más complejas.

Patrón de asentamiento es el medio por el cual el hombre se dispone así mismo sobre el paisaje en el que vive. Se refiere a las viviendas a su instalación y a la naturaleza y disposición de otras construcciones pertenecientes a la vida de la comunidad. Se ha definido los modelos de territorialidad en dos tipos: modelo circular de los nómadas y el modelo radial de los sedentarios.

El modo circular es característico de los cazadores – recolectores y plantea que estos grupos no tienen un asentamiento prolongado sino que tienen una serie de asentamientos estacionales. Estos movimientos estarían condicionados por la estacionalidad de los recursos. Todos los asentamientos son iguales arqueológicamente.

Frente a este modelo existe el modelo radial en el cual existe un lugar madre o nodriza donde se realizan la mayoría de las acciones humanas (sobre todo el dormir). Alrededor de este asentamiento se establecen otros asentamientos satélites que se generan durante la explotación de ciertos recursos. Arqueológicamente en el modelo radial observaremos diferencias entre los asentamientos porque aparecen asentamientos especializados en la explotación de recursos frente al asentamiento nodriza.

Evolución de los primeros habitats humanos:

En las comunidades aldeanas se da una relación aproximada de 1 persona por cada 10 m2.

En las poblaciones nómadas las sociedades tienden a construir cabañas circulares. En las sociedades sedentarias se empiezan a construir casas rectangulares.

Arqueológicamente se ha observado que es frecuente que las estructuras rectangulares sustituyan en un mismo yacimiento a las de tipo circular.

Aunque es más fácil construir casas circulares, las rectangulares permiten añadir nuevas unidades.

Se distinguen dos tipos de comunidades:

El primer tipo son recintos constituidos por cabañas circulares. Se caracteriza por pequeñas cabañas con cimientos de piedra o cavados en el terreno. Estas cabañas se distribuirían en círculo en torno a espacios centrales vacíos, en las zonas comunes se establecían algunas estructuras de almacenamiento y esto permite suponer que había un acceso comunal a los recursos almacenados. Este tipo de asentamiento podía albergar entre 10 y 100 personas.

El segundo tipo es el de aldeas con casas rectangulares. Las viviendas son mayores que las circulares. Pueden incorporar en su interior 3 ó 4 miembros. Se facilita la adición o eliminación de nuevas unidades. Aunque pueden existir habitaciones comunes de almacenamiento cada vez es más fácil encontrar casas que tienen su propia estructura de almacenamiento. La población puede llegar a 1000 habitantes. Este tipo de aldeas se va a dar en sociedades sedentarias o casi totalmente sedentarias con una economía agrícola.

Hay excepciones como por ejemplo en el yacimiento de Munhata en el cual se ha observado que en la misma época se construían casas circulares y rectangulares. En el yacimiento de Beidha se han encontrado edificios subrectangulares (ni circulares ni rectangulares). En el poblado de Halaf, de campesinos consolidados, las casas son circulares.

Otro tercer modelo sería el de asentamientos con casas largas o colectivas (casas del neolítico danubiano). Las casas largas son estructuras de grandes dimensiones, normalmente rectangulares que pueden albergar a toda una familia extensa. Este tipo de casas puede presentar interiormente parcelaciones que delimitan espacios internos donde se situaría cada una de las familias nucleares. Se apunta que bajo un mismo techo está todo el grupo viviendo y así se favorece la cohesión social.

De este vaivén de culturas es un ejemplo lo ocurrido en el Teneré, hace 12.000 años, una oscilación del eje de la Tierra y otros factores determinaron que los monzones estacionales de África se desplazaran hacia el norte, llevando lluvias a una región antaño desértica, como actualmente. Hace 9.000 años, para los habitantes de la cultura Kiffiense, en el actual Sáhara, la vida giraba en torno a la riqueza que les ofrecía un lago. Aparte de un puñado de utensilios de pesca fabricados con huesos de animales, los kiffienses dejaron pocas pistas sobre su vida, pero los esqueletos son reveladores, los dientes son particularmente ricos en información, sus patrones de desgaste indican que masticaban cereales duros y que algunos pasaban de los 40 años de edad, el análisis de isótopos de estroncio en el esmalte indica que bebían de una fuente de agua local y que probablemente nunca se alejaban mucho del lago., probablemente cazaban también cocodrilos e hipopótamos. Tras un largo periodo árido, los humanos regresaron a la misma zona hace 6.000 años, fueron los llamados Tenerienses, quienes probablemente llevaron consigo ganado, aunque vieron que, a medida que la zona se acidificaba, el lago atraía a una rica diversidad de fauna, convirtiéndolo en el paraíso de los cazadores. Los tenerienses eran menos corpulentos que los kiffienses, con cráneos más estrechos y frentes más altas, a diferencia de sus predecesores, solían adornar sus tumbas con múltiples objetos, por ejemplo, de marfil de hipopótamo, o de una roca volcánica verde extraída a más de 100 kilómetros de distancia, también han salido a la luz piezas de amazonita procedente de 800 kilómetros de distancia.

Otro ejemplo de la complejidad de este periodo de transición son unas mandíbulas humanas halladas en Pakistán que muestran dientes perforados y tratados hace entre 7.500 y 9.000 años, son once molares con señales de intervenciones realizadas en vida de sus dueños cuyas coronas contienen orificios de entre 1,3 y 3,2 mm., casi perfectos, practicados con un torno primitivo. En varios casos las perforaciones están asociadas a caries, señal de finalidad terapéutica, el hallazgo de puntas de pedernal usadas en el torno junto a cuentas de piedras semipreciosas y hueso señala a los artesanos como los encargados de la salud dental de sus contemporáneos, trabajaban con un taladro manual capaz de horadar el diente en tan sólo un minuto. No se sabe si los agujeros se rellenaron con algún empaste, ni si los pacientes tomaban algo para soportar el dolor.

lunes, 7 de junio de 2010

ARQUEOVETERINARIA




La “Veterinaria antigua” nace con la historia escrita, la escritura representa el perdurar de la memoria, descifrado por las ciencias históricas. El nacimiento de la ciencia está fuertemente condicionado por el desarrollo de las religiones y su ligazón con los Estados todopoderosos, este desarrollo aparece relacionado con el consumo de proteínas de origen animal entre los pueblos que inician este camino.

Con el concepto de civilización, la sociedad neolítica se reorganiza, fuertemente condicionada por la hidráulica de estos primeros Estados. La escritura nos deja las primeras referencias veterinarias en Mesopotamia, el país “entre ríos”, y en el Nilo, donde se desarrolló una sociedad teocrática que perduró en la memoria hasta bien avanzado el Imperio Romano, en particular destacaremos la fama de los médicos y sanadores egipcios.

La domesticación del caballo es otra de las raíces del veterinario, no olvidemos que durante siglos la profesión evolucionó junto a los herreros. El herrero, hijo del metalero del cobre neolítico y del bronce posterior, nieto del ceramista, es el padre de la alquimia y, por ello, de la química moderna y una de las raíces de la farmacología científica.

Otras civilizaciones se desarrollaron a partir de los primeros estados: La del Indo, a través del mundo árabe, llegará hasta la Europa medieval. Palestina es un cruce de caminos donde surgieron conceptos que todavía están en uso, el efecto de los “pueblos del mar” sobre la posterior civilización mediterránea debe ser tenido muy en cuenta. Por último, Creta y la Grecia del periodo heroico, origen de nuestros mitos y nuestros sueños, deben ser tenidas en cuenta antes de adentrarnos en la Veterinaria clásica.

Hace unos 20.000 años, durante la cuarta y última glaciación del Cuaternario, el hombre vagaba por la Tierra en busca de caza y recolectando frutos allí donde los hallaba. Cuando un grupo humano llegaba a una zona rica en caza o en vegetación comestible, establecía campamentos temporales hasta agotar los recursos, pero algunos se encontraron con parajes especialmente fértiles, hasta el punto de que se regeneraban antes de ser agotados, de modo que poco a poco fueron surgiendo campamentos estables o poblados dedicados a la caza y la recolección. Así fue como el hombre se hizo sedentario.

Tal vez los ejemplos más antiguos de este tipo de poblados (aunque no muy numerosos al principio) son una serie de asentamientos escalonados en el tiempo en el noreste de África, en el actual Egipto, los primeros de los cuales datan de hace 19.000 años. Al parecer, sus habitantes recogían anualmente cosechas de cebada y trigo silvestres. Por aquel entonces todo el norte de África era una selva rica en fauna y vegetación, pero pronto terminaría el periodo glaciar y comenzaría un proceso de desertificación que originaría el desierto del Sahara.

Otra zona donde hay indicios tempranos de recolección de cereales es la costa más oriental del Mediterráneo, lo que hoy es Palestina. Se han encontrado restos de hace 15.000 años que demuestran que en esta región el hombre había aprendido a moler el grano. En la antigüedad el mar cubría una extensión mayor de terreno, de modo que el Éufrates y el Tigris tenían desembocaduras separadas. La tierra comprendida entre los dos ríos (y, por extensión, sus alrededores) se conoce como Mesopotamia. Mesopotamia limita al este con los montes Zagros. Se conocen restos de cazadores-recolectores que poblaron estos montes hace casi 13.000 años.

Si bien la cultura mesolítica sólo empezó a ser representativa desde hace unos 12.000 años, es decir, desde el X milenio a.n.e., momento en el que se considera que empieza el último periodo de la era cuaternaria: el Holoceno. De esta época se conservan poblados palestinos con cabañas circulares semisubterráneas de madera, adobe y piedra. En el IX milenio a.n.e., terminó la cuarta glaciación. Los hombres sedentarios tuvieron ocasión de estudiar más a fondo el comportamiento de las plantas y los animales, lentamente, descubrieron que era posible retener y alimentar a algunos animales en lugar de matarlos, de modo que se podía disponer de su carne cuando fuera más necesaria. Hay indicios de que por esta época, en un asentamiento que más tarde sería la ciudad de Jericó, ya se había domesticado el carnero. Poco a poco, los hombres de la parte occidental de la media luna fértil se hicieron pastores y agricultores.

Los que optaron por reunir animales y apacentarlos se encontraron con que tenían que viajar de un sitio a otro en busca de pastos, lo que les llevó a abandonar los poblados. Las primeras manifestaciones neolíticas propiamente dichas aparecen en Palestina a partir del año 8.600 a.n.e. Por aquel entonces, la Tierra debía de contar con alrededor de ocho millones de habitantes. En el año 8.000 a.n.e, se descubrió la cerámica en el Sahara y en Siria independientemente. Las vasijas de barro fueron prácticos sustitutos de los pesados recipientes de piedra.

Hacia el 7.500 a.n.e., se empezó a cultivar el trigo en Jericó, y se domesticaron el cerdo y la cabra. Por esta época la agricultura y la ganadería llegaron a la Alta Mesopotamia (esto es, a su parte norte, la más alejada del mar). Hacia el año 7.000 a.n.e., las viejas cabañas circulares habían sido sustituidas por casas de planta rectangular, subdivididas en habitaciones y con las paredes y el suelo cubiertos de arcilla. Sus pobladores enterraban a los difuntos bajo sus casas, pero antes les separaban el cráneo, lo cubrían de arcilla y lo adornaban con pintura

viernes, 4 de junio de 2010

Enfermedades




¿De dónde llegaron todas estas enfermedades? Estudios moleculares de los microbios causantes de enfermedades han aportado recientemente algunas pruebas, para muchos de los microbios responsables de nuestras enfermedades exclusivas, los biólogos moleculares pueden certificar ya los parientes más cercanos del microbio, éstos también resultan ser agentes de enfermedades infecciosas masivas, pero circunscritas a diversas especies, de nuestros animales domésticos y mascotas, entre los animales, las enfermedades epidémicas requieren también de poblaciones numerosas y densas, y no aquejan a cualquier animal: se circunscriben principalmente a los animales sociales que ofrecen las grandes poblaciones necesarias, de ahí que, cuando domesticamos a los animales sociales, como la vaca o el cerdo, éstos ya estaban aquejados de enfermedades epidémicas que sólo esperaban a ser transmitidas por nosotros. Por ejemplo, el virus del sarampión esta mas emparentado con el virus que causa el tifus bovino, esta terrible enfermedad epidémica afecta al ganado vacuno y a muchos mamíferos rumiantes salvajes, pero no a los humanos, el sarampión, a su vez, no aqueja al ganado, la estrecha semejanza entre el virus del sarampión y el virus del tifus bovino sugiere que el segundo se trasladó al ser humano y después evolucionó hasta convertirse en el virus del sarampión, modificando sus propiedades para adaptarse a nosotros.

Un rápido examen de las enfermedades actuales nos permite trazar cuatro etapas en la evolución de una enfermedad humana especializada a partir de un precursor animal:

La primera fase queda ilustrada por decenas de enfermedades que, de vez en cuando, contraemos directamente de nuestras mascotas y de nuestros animales domésticos, entre ellas se encuentran la Fiebre felina de nuestros gatos, la Leptospirosis de nuestros perros, la Psitacosis de nuestras aves, y la Brucelosis o Fiebre de Malta de nuestras vacas, podemos contraer, así mismo, enfermedades de animales salvajes, como la Tularemia, todos estos microbios se encuentran aún en una fase temprana de su evolución hacia patógenos humanos especializados, no se transmiten mucho, todavía, directamente de una persona a otra, e incluso su transferencia a nosotros desde los animales sigue siendo poco habitual.

Enfermedad humana Animal con patógeno más relacionado

Sarampión Ganado Vacuno (Tifus bovino)

Tuberculosis Ganado vacuno

Viruela Ganado vacuno y otros relacionados

Gripe Cerdos y patos

Tos Ferina Cerdos y perros

Malaria Aves y monos

La comunidad científica sabía desde hace tiempo que el pariente más cercano del 'Plasmodium falciparum', responsable del 85% de los casos de malaria en las personas y del 100% de los casos mortales, era el 'Plasmodium reichenowi', el causante del trastorno en los monos. La creencia más extendida entre los expertos era que ambos habían coexistido por separado en las dos especies y que procedían de un ancestro común de hace cinco millones de años. Sin embargo, no es así, estos parásitos están mucho más unidos de lo que se pensaba y, al igual que ocurrió con el sida o con epidemias más modernas como el SARS (el síndrome respiratorio agudo severo), la malaria tiene un origen animal y pasó de los chimpancés a los hombres.

Para llegar a esta conclusión se analizaron muestras aisladas del 'P.reichenowi', obtenidas de chimpancés salvajes y en cautividad en Camerún y Costa de Marfil, de esta forma, se observó que este parásito, mucho más complejo que el que afecta a las personas, comprende las 133 cepas representativas de la población de 'P falciparum', lo que indica que éste último deriva del de los monos y que ha evolucionado a partir de él. La hipótesis más probable es que este traspaso coincidiera con la introducción de la agricultura en zonas tropicales de África durante el último periodo del Neolítico. Esta actividad conllevó la deforestación de esas áreas y favoreció la aparición de 'piscinas' de aguas estancadas, que atraían a los mosquitos. Cuando la malaria saltó a los humanos se propagó muy rápido y se hizo muy severa, las mutaciones genéticas hicieron a las personas resistentes a la enfermedad de los chimpancés, pero extremadamente sensibles a su forma humana

En la segunda fase, un antiguo patógeno animal evoluciona hasta el punto en que se transmite directamente entre personas y causa epidemias, sin embargo, la epidemia desaparece por alguna entre varias razones, como ser curada por la medicina, o ser detenida cuando toda la población ha sido infectada ya y, bien se ha inmunizado, bien ha muerto. La “Enfermedad del sudor inglesa” que azotó y aterrorizó a Europa entre 1.475 y 1.552, y los “Sudores de Picardía” de los siglos XVIII y XIX en Francia, son sólo dos de las muchas enfermedades epidémicas que desaparecieron mucho antes de que la medicina moderna hubiera ideado métodos para identificar a los microbios responsables de ellas.

Una tercera fase en la evolución de nuestras principales enfermedades está representada por antiguos patógenos de animales que se establecen en el ser humano, que no han desaparecido y que pueden llegar a convertirse aún, o no, en importantes factores de mortandad de la humanidad. El futuro sigue siendo muy incierto para la Fiebre de Lassa, causada por un virus de los roedores, mejor estudiada está la Enfermedad de Lyme, causada por una espiroqueta que adquirimos de garrapatas transportadas por roedores y ciervos, el futuro del VIH, derivado de virus de los monos y documentado por primera vez en seres humanos en 1.959 es mas inseguro aún.

La última fase de esta evolución está representada por las grandes enfermedades epidémicas ya antiguas y circunscritas al ser humano, estas enfermedades son debidas a supervivientes evolutivos de muchos más patógenos que intentaron dar el salto a nosotros desde los animales, la mayoría de los cuales fracasaron. Una de las transformaciones tiene que ver con cambios en el vector ó portador intermedio, por ejemplo, el tifus se transmitía inicialmente entre las ratas por medio de las pulgas de las ratas, que se bastaron durante algún tiempo para transmitir el virus desde las ratas a los humanos, finalmente los microbios del tifus descubrieron que los piojos de los humanos ofrecían un método mucho más eficaz para desplazarse directamente entre un humano y otro, ahora el Tifus ha descubierto una nueva vía para entrar en nosotros: infectando a ardillas voladoras del este de América del norte, y trasladándose después a las personas en cuyos desvanes viven ardillas voladoras. En pocas palabras, las enfermedades representan evolución en marcha, los microbios se adaptan por selección natural a los entornos, huéspedes y vectores, en varios casos, los médicos y los veterinarios han podido observar realmente la evolución de los microbios según estas nuevas fórmulas.

El caso mejor estudiado indica lo que sucedió cuando la Mixomatosis afectó a los conejos de Australia, se había observado que el virus de la Mixomatosis , originado de una especie silvestre de conejo brasileño, causaba una epidemia mortal en los conejos domésticos europeos, que son una especie distinta, de ahí que el virus fuera introducido deliberadamente en Australia en 1.950, la Mixomatosis produjo un gratificante (para los agricultores australianos) 99,8% de tasa de mortalidad en los conejos infectados, lamentablemente para los agricultores, esa tasa descendió en el segundo año hasta el 90%, y, finalmente , se estabilizó en sólo el 25%, el virus cambió de matar conejos a permitir que los infectados viviesen más tiempo antes de morir, y a matar menos conejos.

Para encontrar un ejemplo semejante en el ser humano, no hay mas que pensar en la sorprendente evolución de la Sífilis, hoy en día nuestras dos asociaciones inmediatas con la Sífilis son las úlceras genitales y una enfermedad de desarrollo muy lento, que conduce a la muerte de la víctima que no ha recibido tratamiento hasta pasados muchos años. Sin embargo, cuando la Sífilis fue registrada por primera vez de manera concluyente en Europa, en 1.495, sus pústulas cubrían a menudo el cuerpo desde la cabeza hasta las rodillas, hacían desprenderse la carne del rostro de las personas infectadas y llevaba a la muerte al cavo de unos meses, en 1.546 la enfermedad había evolucionado hasta convertirse en la enfermedad con los síntomas que tan bien conocemos hoy.

Fueron muchos más los indígenas americanos que murieron en la cama por gérmenes euroasiáticos que en los campos de batalla por las armas europeas, aquellos gérmenes socavaron la resistencia de los indios al matar a la mayoría de ellos y a sus líderes, y al minar la moral de los supervivientes. Lo que dio a los conquistadores una ventaja decisiva fue la Viruela, que llegó a México en 1.520 por medio de un esclavo infectado que procedía de la Cuba española, la epidemia resultante avanzó hasta matar a casi la mitad de los aztecas, incluido su emperador Cuitláhuac, los aztecas supervivientes se vieron desmoralizados por la misteriosa enfermedad que mataba a los indios y perdonaba a los españoles como si fuera un aviso de la invencibilidad de éstos, en 1.618 la población inicial de México, que era de unos 20 millones, había descendido hasta aproximadamente 1,6 millones de personas. Por suerte para Pizarro y por desgracia para los incas, la viruela había llegado a aquella tierra hacia 1.526, matando a gran parte de la población inca, incluido el emperador Huayna Cápac y a su sucesor designado, el resultado de que el trono quedase vacante fue que otros dos hijos de Huayna Cápac, Atahualpa y Huáscar, se enzarzaron en una guerra civil que Pizarro aprovechó para conquistar a los divididos incas.

América del norte también albergaba nutridas sociedades indias en el lugar más lógico, el valle del Misisipi, en el que hoy se encuentran algunas de las mejores tierras agrícolas del país, en este caso, sin embargo, los conquistadores no contribuyeron directamente en modo alguno a la destrucción de las sociedades, los gérmenes euroasiáticos, propagándose antes que ellos, lo hicieron todo, cuando Hernando de Soto se convirtió en el primer conquistador europeo que recorrió el sudeste de Estados Unidos, en 1.540, llegó a emplazamientos de ciudades indias abandonadas dos años antes porque sus habitantes habían muerto como consecuencia de epidemias, estas epidemias habían sido transmitidas por indios de la costa infectados por españoles que habían visitado ésta, los microbios de los españoles se propagaron al interior antes que los propios españoles. Los principales elementos mortíferos fueron gérmenes del Viejo Mundo, a los que los indios nunca habían estado expuestos y contra los cuales no tenían, por tanto, resistencia genética ni inmunitaria, la viruela, el sarampión, la gripe y el tifus compitieron para alcanzar el primer puesto entre los elementos mortales, por si esto no hubiera sido suficiente, la difteria, la malaria, las paperas, la tos ferina, la peste, la tuberculosis y la fiebre amarilla aparecieron poco después. En 1.837, la tribu india Mandan, que tenía una de las culturas más complejas de las grandes Llanuras americanas, contrajo la viruela de un barco de vapor que remontaba el río Missouri desde San Luís, la población de la aldea Mandan descendió de veinte mil habitantes a menos de cuarenta individuos al cabo de una semana.

Mientras que más de una docena de enfermedades infecciosas importantes originadas en el Viejo Mundo se establecieron en el Nuevo Mundo, quizás ni un solo factor letal llegó a Europa desde América, la única posible excepción es la Sífilis, cuya zona de origen sigue siendo objeto de controversias. Un posible factor coadyuvante es que el nacimiento de poblaciones humanas densas comenzó en el Nuevo Mundo algo después que en el Viejo Mundo, otro es que los tres centros americanos con mayor densidad de población (los Andes, Mesoamérica, y el valle del Misisipi) nunca estuvieron conectados por un comercio rápido como para convertirse en un único criadero enorme de microbios. Estos factores siguen sin explicar, sin embargo, por qué las culturas de estos territorios terminaron aparentemente sin epidemia masiva letal (se ha informado de la presencia de ADN de tuberculosis en la momia de un indio peruano que murió hace mil años, pero el procedimiento de identificación utilizado no distinguía la tuberculosis humana del Mycobacteriun Bovis, cuya presencia es generalizada en animales salvajes).

Lo que debe ser la principal razón de la no aparición de enfermedades masivas mortales en América se hace evidente cuando nos detenemos a formular una sencilla pregunta, ¿a partir de que microbios cabría pensar que habrían evolucionado?, hemos visto que las enfermedades masivas euroasiáticas evolucionaron a partir de enfermedades de animales gregarios euroasiáticos que fueron domesticados, mientras que en Euroasia existían muchos animales de estas características, en América solo se domesticaron cinco especies en total: el pavo en México y el sudoeste de Estados Unidos, la llama/alpaca y el cobayo en los Andes, el pato almizclado en la América del Sur tropical, y el perro en toda América. Aproximadamente el 80% de los grandes mamíferos salvajes de América se extinguieron al final del último periodo glacial, hace unos trece mil años, los escasos animales para domesticar que les quedaron a los indígenas americanos no eran fuente probable de enfermedades masivas, el pato almizclado y el pavo no viven en bandadas enormes y no son especies con las que tengamos contacto físico, el cobaya podría haber contribuido a nuestro catálogo de males con una infestación tripanosómica como la Enfermedad de Chagas, pero esto no está claro, inicialmente lo más sorprendente es la ausencia de cualquier enfermedad humana derivada de la llama (o de la alpaca), acerca de la cual se siente la tentación de considerarla el equivalente andino del ganado vacuno euroasiático, sin embargo, la llama tenía cuatro desventajas en su contra como fuente de patógenos humanos:

- Vivía en manadas pequeñas.

- Su número total nunca fue, ni por lo más remoto, tan grande como las poblaciones euroasiáticas de ganado doméstico, ya que la llama nunca se extendió más allá de los Andes.

- La gente no bebe (ni se infecta por) leche de llama.

- Y la llama no se guarda bajo techo, en estrecha relación con las personas.

Los gérmenes euroasiáticos desempeñaron un papel importante a la hora de diezmar a los pueblos indígenas en muchas otras partes del mundo, entre ellos los pobladores de las islas del Pacífico, los aborígenes australianos y los pueblos Khoisan (hotentotes y bosquimanos) del África austral, las mortalidades acumuladas de estos pueblos, previamente no expuestos, por gérmenes euroasiáticos osciló entre el 50% y el 100%, por ejemplo, la población india de la isla La Española descendió desde unos ocho millones, en la época de la llegada de Colon, en 1.942, a cero en 1.535. El sarampión llegó a Fiji con un jefe fijiano que regresaba de una visita a Australia en 1.875, y procedió a matar aproximadamente a la cuarta parte de la población fijiana de aquella época (después de que la mayoría de fijianos hubieran muerto antes a causa de otras epidemias a partir de la visita del primer europeo en 1.791). La sífilis, la gonorrea, la tuberculosis y la gripe que llegaron con el capitán Cook, en 1.779, seguidas de una gran epidemia de tifus en 1.8904 y de otras epidemias “menores”, redujeron la población de Hawai, desde aproximadamente medio millón, en 1.779, hasta 84.000 personas en 1.853, año en que la viruela llegó finalmente a Hawai y mató a unos diez mil supervivientes.

Aunque el Nuevo Mundo y Australia no albergaban enfermedades epidémicas autóctonas que esperasen a los europeos, las zonas tropicales de Asia, África, Indonesia y Nueva guinea, contaban, sin duda, con agentes epidémicos, la malaria en todo el viejo Mundo tropical, el cólera en el sudeste de Asia tropical y la fiebre amarilla en el África tropical, fueron (y siguen siendo) los elementos mortales tropicales más conocidos. Estas epidemias representaron el obstáculo más serio para la colonización europea de los trópicos y explican por qué el reparto colonial europeo de Nueva Guinea y de la mayor parte de África no culminó hasta casi cuatrocientos años después del comienzo del reparto del Nuevo Mundo por Europa. Por otra parte, una vez que la malaria y la fiebre amarilla se transmitieron a América a través del tráfico marítimo europeo, se impusieron también como obstáculo importante para la colonización de los trópicos del Nuevo Mundo.

martes, 1 de junio de 2010

Difusión de la nueva tecnología




Poco después de que emergiera la producción de alimentos, algo antes del 8.000 a.n.e., apareció una onda expansiva de la misma en otras partes de Euroasia occidental y África septentrional cada vez más alejada del Creciente Fértil hacia el oeste y hacia el este, esa onda había alcanzado Grecia y Chipre y el subcontinente indio hacia el 6.500 a.n.e., Egipto poco después del 6.000 a.n.e., Europa Central cerca del 5.400 a. n.e., el sur de España hacia el 5.200 a.n.e., y Gran Bretaña hacia el 3.500 a.n.e. Además, el lote del Creciente Fértil penetró en África hacia el sur, en Etiopía, en alguna época todavía incierta, sin embargo, Etiopía desarrolló así mismo muchos cultivos autóctonos y aún no sabemos si fueron éstos o los llegados del Creciente Fértil los que dieron principio a la producción de alimentos en Etiopía. Desde luego, no todas las variedades del lote se difundieron a todas las zonas exteriores: Egipto, por ejemplo, era demasiado caluroso para poder aclimatar el trigo esprilla (Triticum momococum), en algunas zonas distantes, los componentes del lote llegaron en épocas diferentes: por ejemplo, la ganadería ovina precedió a los cereales en Europa sudoccidental, y, algunas de esas zonas procedieron a aclimatar cultivos regionales propios, como las amapolas en Europa occidental y, posiblemente, los melones en Egipto; pero la mayor parte de la producción alimentaria en las zonas exteriores dependía en sus comienzos de las aclimataciones oriundas del Oriente Medio, su difusión fue pronto seguida por los inventos o innovaciones de otra índole con origen en el Creciente Fértil ó en sus cercanías, como la rueda, la escritura, las técnicas metalúrgicas, la extracción de leche, los árboles frutales y la producción de cerveza y de vino.

Muchas de las plantas básicas del Creciente Fértil ni siquiera se dan en estado silvestre fuera de Asia sudoccidental, por ejemplo, ninguna de las ocho plantas básicas más importantes, excepción de la cebada, crece silvestre en Egipto. En segundo término, incluso aquellas plantas cuyo antepasado silvestre crece fuera de Asia sudoccidental, podemos casi asegurar que sus cultivos en Europa e India se obtuvieron en su mayoría a partir de Asia sudoccidental y no procedían de adaptaciones autóctonas. Para la mayor parte de las plantas básicas del Creciente Fértil, todas las variedades de cultivo en el mundo actual tienen en común una sola de las series de cromosomas que se hallan en el antecesor silvestre, o bien una sola mutación (entre las muchas posibles) por lo que las variedades cultivadas difieren del antecesor silvestre en características deseables para los humanos. Una vez disponible la planta para el cultivo, ya no había necesidad de recogerla en estado silvestre, empezando de nuevo la secuencia de adaptación.

¿Por qué fue tan rápida la difusión de cultivos a partir del Creciente Fértil?, la respuesta depende en parte del eje este-oeste de Euroasia, lugares repartidos al este y al oeste unos de otros en la misma latitud tienen en común la misma duración exacta de los días y sus variaciones estacionales, en menor grado, tienden así mismo a padecer enfermedades similares y a tener regímenes parecidos de temperatura y precipitaciones, así como hábitats y biomasa semejante. La germinación y el crecimiento de las plantas y su resistencia a las enfermedades se adaptan precisamente a esas particularidades del clima. Las poblaciones de plantas están programadas genéticamente por selección natural, de manera que puedan responder de forma apropiada a los factores del régimen estacional bajo el que evolucionan. Estos regímenes varían considerablemente con la latitud, estas características hacen que las plantas de baja latitud se adapten deficientemente a las condiciones de latitud altas, y viceversa, en consecuencia, la mayor parte de los cultivos del Creciente Fértil se desarrollan bien en Francia y en Japón, pero mal en la zona ecuatorial. También los animales están adaptados a rangos climáticos relacionados con la latitud.

Una vez que la agricultura cruzó desde las llanuras de Hungría hasta Europa Central hacia el 4.500 a.n.e., se extendió con tal rapidez que los lugares donde se establecieron los primeros agricultores fueron casi contemporáneos en todo el territorio comprendido entre Polonia y Holanda (señalados por su alfarería característica con decoraciones lineales), hacia los tiempos de Cristo, los cereales del Creciente Fértil se cultivaban ya por toda una franja de unos quince mil kilómetros que va desde la costa atlántica de Irlanda a la oriental de Japón, la extensión este-oeste de Euroasia es la distancia más larga por tierra de nuestro planeta. A la inversa, los cultivos euroasiáticos que se aclimataron por primera vez lejos del Creciente Fértil pero en su misma latitud pudieron difundirse en sentido opuesto hacia el Creciente Fértil. Hace unos dos mil años que los romanos se nutrían con su propia mezcla de alimentos originados en diversas partes de su vasto imperio, de sus cultivos, sólo la avena y las amapolas eran autóctonas de Italia, las materias primas romanas eran el lote inicial del Creciente Fértil, con suplementos de: membrillos (del Cáucaso), mijo y cominos (de Asia Central), pepinos, sésamo y cítricos (de India), y pollo, arroz, albaricoques, melocotones y panizo (de China). Aunque las manzanas romanas eran al menos originarias de Euroasia occidental, eran cultivadas mediante técnicas de injerto que se habían desarrollado en China extendiéndose desde allí hacia el oeste.

Aunque es Euroasia la que contiene la franja de la misma latitud más ancha del mundo, y de ahí la rápida difusión de aclimataciones, existen otros ejemplos, rivalizando en velocidad de difusión se propagó hacia el este un lote subtropical que se compuso por primera vez en China meridional y que recibió añadidos al alcanzar el Asia sudoriental tropical, Filipinas, Indonesia, y Nueva Guinea, en 1.600 años el lote resultante de cultivos (entre los que figuraban las bananas, el taro y el ñame) y de animales domésticos (pollos, cerdos y perros) se había extendido a más de ocho mil kilómetros hacia el este por el Pacífico tropical hasta alcanzar las islas de Polinesia. Otro ejemplo parecido es la difusión este-oeste de cultivos en el interior de la dilatada zona africana del Sahel, aunque los paleobotánicos tienen que estudiar los detalles todavía.

Compárese la facilidad de difusión este-oeste con las dificultades de difusión a lo largo del eje norte-sur de África, el clima mediterráneo de Sudáfrica hubiera sido ideal para las plantas del Creciente Fértil, pero los 3.000 kilómetros de condiciones tropicales que se interponen entre Etiopía y Sudáfrica fueron una barrera insuperables. En lugar de por éstas, la agricultura africana al sur del Sahara fue impulsada por la adaptación de plantas de África occidental, que se aclimataron a las temperaturas cálidas, a las lluvias del verano y a la duración relativamente constante de los días de esas latitudes bajas.

De forma parecida, la expansión hacia el sur de los animales domésticos del Creciente Fértil quedó determinada o ralentizada por el clima y la morbilidad, en especial por las afecciones de tripanosoma propagadas por la mosca tse-tse, el caballo no pudo jamás aclimatarse más al sur de las regiones del África occidental situadas al norte del ecuador, el avance del ganado vacuno, ovino y caprino se detuvo dos mil años en el límite norte de las llanuras del Serengeti, mientras se desarrollaban nuevos tipos de economía humana y razas de ganado, las vacas, ovejas y cabras, no lograron alcanzar, por fin, Sudáfrica hasta los dos primeros siglos de la era cristiana, unos ocho mil años después de la aclimatación del ganado en el Creciente Fértil.

Los cultivos tropicales africanos experimentaron sus propias dificultades en su expansión hacia el sur de África, a cuyas regiones meridionales llegaron con los agricultores negros (bantúes) africanos, poco después de que lo hicieran los animales del Creciente Fértil, no obstante, estos cultivos tropicales africanos no pudieron jamás cruzar el río Fish de Sudáfrica, pues más allá de éste se vieron frenados por el clima mediterráneo, al que no estaban adaptados. Algunos de los pueblos Khoisan, indígenas de Sudáfrica (más conocidos como hotentotes y bosquimanos) adquirieron la ganadería, pero permanecieron sin agricultura, su número fue rebasado y fueron sustituidos al nordeste del río Fish por agricultores africanos negros, cuya expansión hacia el sur se detuvo en ese río, la agricultura sólo pudo prosperar en la zona de clima mediterráneo de Sudáfrica con la llegada por mar en 1.652 de colonos europeos, que llevaban con ellos su lote de cultivos del Creciente Fértil.

Compárese asimismo la facilidad de difusión en Euroasia con sus dificultades a lo largo del eje norte-sur de América, la distancia entre las tierras altas de México y las de Ecuador es sólo de 2.000 kilómetros, más o menos, las frescas mesetas de México hubieran aportado las condiciones ideales para la cría de llamas, cobayas y patatas, aclimatados todos ellos en las frescas tierras altas de los Andes sudamericanos, sin embargo, la difusión hacia el norte de esas especies andinas quedó frenada en seco por las cálidas tierras bajas que se interponían en América Central. A la inversa, los pavos domésticos de México y los girasoles del este de Estados Unidos podrían haber encontrado condiciones favorables en los Andes, pero su expansión hacia el sur fue detenida por los climas tropicales que separan ambas zonas. Los poco más de mil kilómetros de distancia sur-norte impidieron que el maíz, las calabazas y los fríjoles de México llegaran al sudoeste de Estados Unidos hasta varios miles de años después de su aclimatación en México, y que las quenopodiáceas y los chiles mexicanos no lograron alcanzarlo nunca en tiempos prehistóricos, durante miles de años, posteriormente a su aclimatación en México, el maíz no pudo expandirse hacia el norte hasta el este de Estados Unidos, en algún momento, ente el año 1 y el 200, el maíz apareció por fin en el este de Estados Unidos, pero sólo como cultivo poco importante, hasta el 900, después de haberse desarrollado variedades resistentes de maíz que se adaptaron a los climas norteños, no fue posible que una agricultura basada en el maíz contribuyese al florecimiento de la más compleja de las sociedades indígenas de América del Norte: la cultura del Misisipi.

En otras partes del mundo, la lentitud de la difusión norte-sur fue importante en menor escala, entre esos otros ejemplos, tenemos el intercambio de cultivos a paso de tortuga entre el valle del Indo paquistaní y la India meridional, la lenta expansión de la producción alimentaria de China meridional hacia Malasia peninsular, y la falta de alcance de la producción de los trópicos de Indonesia y Nueva Guinea en tiempos prehistóricos a las tierras agrícolas modernas del sudoeste y sudeste de Australia respectivamente. Sin embargo, la latitud no es, por supuesto, el único de tales elementos determinantes, las barreras topográficas y ecológicas, mucho más pronunciadas en unos continentes que en otros, fueron importantes obstáculos regionales a la difusión. Le difusión de cultivos entre sudeste y sudoeste de Estados Unidos fue muy lenta y selectiva a pesar de que ambas regiones están a una misma latitud, ello se debió a que gran parte de la superficie de Texas, y de las grandes llanuras meridionales que las separan son secas y poco adecuadas para la agricultura. En India, el cambio de un régimen de precipitaciones predominantes en invierno a otro de precipitaciones predominantes en verano contribuyó a una difusión mucho más retardada de la agricultura, que exigía cultivos y prácticas agrícolas distintas, hacia la llanura del Ganges en India oriental. Aún más al este, las zonas templadas de China quedaban aisladas y a gran distancia de las zonas de Euroasia occidental de clima similar por el conjunto formado por el desierto centroasiático, la meseta del Tibet y la cordilleras del Himalaya.

Las diferencias continentales de orientación de los ejes afectaron a la difusión no sólo de la producción de alimentos, sino así mismo de otras tecnologías e inventos, por ejemplo, alrededor del 3.000 a.n.e., la invención de la rueda en o cerca del sudoeste de Asia se expandió con rapidez hacia el oeste y hacia el este a través de gran parte de Euroasia en muy pocos siglos, mientras que el invento de la rueda en el México prehistórico independiente de aquella nunca llegó a expandirse al sur de los Andes, de modo similar la escritura alfabética rudimentaria que se desarrolló en la parte occidental del Creciente Fértil alrededor del 1.500 a.n.e., se difundió hacia el oeste hasta el imperio de Cartago y hacia el este hasta el subcontinente indio en poco mas o menos mil años, pero los sistemas mesoamericanos de escritura que florecieron en tiempos precolombino, durante por lo menos dos mil años, nunca llegaron a los Andes. Lógicamente la rueda y la escritura no están influidas de forma directa por la latitud y la duración del día como ocurre con los cultivos, sin embargo, existen vínculos indirectos, en particular a través de la producción de alimentos y sus consecuencias. En general, las sociedades que se dedicaban a grandes intercambios de cultivos, ganado y tecnologías relacionadas con la producción alimentaria eran más propensas a emprender así mismo otros intercambios. La difusión más veloz de la agricultura euroasiática, en comparación con la de la agricultura de la América indígena y del África subsahariana, desempeñó un importante papel en la difusión más rápida de escrituras, metalurgias, tecnologías e imperios euroasiáticos.

En una lucha de uno contra uno, un agricultor desnudo no habría tenido ventaja alguna sobre un cazador-recolector desnudo, en cambio, una parte de la explicación del poder de los agricultores reside en la muy superior densidad de población que la producción de alimentos podía sustentar: diez agricultores desnudos tendrán sin duda ventaja sobre un cazador-recolector desnudo en una lucha, la otra parte de la explicación es que ni los cazadores-recolectores ni los agricultores están desnudos, al menos no lo están metafóricamente hablando, los agricultores y ganaderos tienden a exhalar gérmenes más desagradables, a poseer por lo general tecnologías más poderosas, y a vivir bajo gobiernos centralizados con élites ilustradas capaces de librar guerras de conquista.

Los principales elementos mortíferos para la humanidad en nuestra historia reciente, la viruela, la gripe, la malaria, la peste, el sarampión y el cólera, son enfermedades contagiosas que evolucionaron a partir de enfermedades de los animales, aún cuando la mayoría de los microbios responsables de nuestras enfermedades epidémicas están ahora, paradójicamente, casi limitados a los humanos. Dado que las enfermedades han sido los principales elementos mortíferos de los seres humanos, han sido por ello factores configuradores decisivos en la historia, hasta la Segunda Guerra Mundial, eran más numerosas las víctimas que morían a causa de microbios contraídos durante la guerra que de heridas sufridas en combate. Los vencedores de las guerras del pasado no fueron simplemente los ejércitos que disponían de los mejores generales y de las mejores armas, sino que a menudo fueron simplemente aquellos que portaban gérmenes más desagradables para transmitir a sus enemigos.

Las enfermedades más antiguas de la humanidad fueron aquellas que pudimos desarrollar y mantener durante los primeros millones de años de nuestra historia evolutiva, cuando la población del género Homo estaba fragmentada y era pequeña, estas enfermedades también son compartidas con, o son semejantes a las enfermedades de nuestros parientes animales más próximos, los grandes simios africanos, en cambio, las enfermedades masivazas solo pudieron aparecer con la acumulación de poblaciones humanas numerosas y densas, esta acumulación comenzó con el nacimiento de la agricultura a partir de hace unos diez mil años, y después se aceleró con el nacimiento de las ciudades. De hecho las primeras fechas comprobadas de muchas enfermedades infecciosas conocidas son sorprendentemente recientes: hacia 1.600 a.n.e. para la viruela, como se deduce de una momia egipcia, el 400 a.n.e. para la lepra, 1.840 para la poliomielitis epidémica, 1.959 para el SIDA. Los cazadores-recolectores cambian con frecuencia de campamento, y dejan tras ellos sus montones de restos con microbio y larvas de parásitos acumulados, pero los agricultores son sedentarios y viven en medio de sus propios sistemas de saneamiento, por lo que proporcionan a los microbios un camino corto del cuerpo de una persona enferma al de otra sana.

Algunas poblaciones agrícolas hacen que sea más fácil aún la infección de nuevas víctimas con sus propias bacterias y parásitos, la reunir sus heces y orina y extenderlas como fertilizantes en sus huertos, los agricultores sedentarios acaban rodeados no sólo de sus heces, sino también de roedores que transmiten enfermedades, atraídos por los alimentos almacenados por los agricultores, las rozas de extensiones de bosque que llevan a cabo los agricultores proporciona así mismo un hábitat ideal para la reproducción de los mosquitos transmisores de la malaria. Si el nacimiento de la agricultura fue pues un filón para nuestros microbios, el nacimiento de las ciudades lo fue en mayor medida, ya que poblaciones humanas aún más densas se hacinaban en condiciones higiénicas todavía peores, y otro filón fue el desarrollo de rutas comerciales mundiales, que, en época romana, unían poblaciones de Europa, Asia y el norte de África, en un gigantesco criadero de microbios, fue entonces cuando la viruela llegó a Roma con el nombre de Peste de Antonino, que mató a millones de ciudadanos romanos entre los años 165 y 180. Asimismo, la Peste Bubónica apareció por primera vez en Europa con el nombre de Peste de Justiniano (542-543), pero la Peste no comenzó a golpear Europa con toda su fuerza en forma de epidemia de “muerte negra” hasta 1.346, cuando las nuevas rutas de comercio terrestre con China ofrecieron un rápido tránsito, a lo largo del eje este-oeste de Euroasia, para las pieles infestadas de pulgas procedentes de zonas asoladas por la peste desde Asia Central a Europa.